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  • Recuerdos del viejo Saucillo: Brandy Rimbau

    2020-01-20 11:09:42

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    Allá por los años 60s del siglo pasado, llegó a Saucillo el ingeniero español Paciano Manuel Rimbau. Especializado en Enología.


        

    Al desembarcar en Veracruz probó suerte en varios oficios, pero no le gustó el clima, y de espíritu aventurero, partió hacia el Distrito Federal, luego a Tamaulipas, hasta que vino a dar a la sierra tarahumara. En la región de Guerrero creyó encontrar su nuevo hogar y aprovechando sus conocimientos en materia vinícola, pronto estuvo produciendo ricos jugos de manzana, fruta que ahí abunda. 

    Pero  cuando mejor le estaba llendo cayó una helada tremenda, no hubo cosecha, y todo se derrumbó, màs   invencible en su propósito de triunfar, de pronto se encontró en Saucillo, que sería su tierra prometida.

    Se hizo amigo del cura del pueblo, quien enterado de sus habilidades para producir mejurjes, lo animó a sembrar uva, luego a convertirla en vino y luego en brandy.

    Industrioso e imaginativo, en una finca del centro de la población, que aún se mantiene en pie, organizó su fábrica, denominándola   Vinícola del Conchos, con el brandy Rimbau tipo Coñac como su producto insignia. Utilizaba un alambique de manufactura francesa, que increíblemente sigue trabajando, ahora en Casa Chàvez, de Homero Chàvez Bunsow.

    Pronto agregó un sabroso moscatel, un vermount, un clarete, y  otros vinos generosos, blancos y rosados, que empezaron a distribuirse regionalmente, luego a nivel estatal, luego nacional.

    Ganó numerosos concursos en base a su excelente bouqué, y su brandy acaparó el mercado de la capital del Estado, en cuyos bares se vendía a 18, 20 pesos  la botella,según la habilidad de los cantineros para encajársela a la clientela. 

    Ya integrado a la comunidad saucillense, el inge Rimbau incursionó en numerosas actividades sociales, asimilàndose de lleno a la ideosincracia de su nuevo terruño. 

    A su muerte también su brandy murió, ya que se llevó a la tumba el secreto de su exitosa fórmula.

    Al paso de los años, empujado por su espíritu de coleccionista, Oscar Franco adquirió varios vestigios de aquella industria que tanta fama le diera a Saucillo. En su casa, a corta distancia de donde  estaba Vinícola del Conchos, atesora emblemáticos  recuerdos de la empresa de aquel empeñoso español que un día llegó a avecindarse ahí para siempre.

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