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MAÑANA FRESCA. FERNANDO BAEZA. LA MEGA MARCHA. ARENGA EN VANO. LA BATALLA. LA VICTORIA. EL DESFILE DE LA DERROTA. EL PRESAGIO. PLEITO EN LAS PILAS. LOS OJOS ROJOS. DESENLACE PENDIENTE.

2020-09-09 04:42:01 | El Pionero

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Primero afuera del Módulo 3, en la entrada de Saucillo, en el fresco de la mañana. Luego en el Parque Fundadores, ya con el sol calando. La mega marcha anunciada se preparaba, con destino a la zona de guerra en que durante el día y parte de la noche se convertiría la presa de Boquilla y sus alrededores


    

Mujeres, muchas y animosas.

Jóvenes, no pocos. 

Hombre de todo tipo, sobre todo agricultores.

Autos, camionetas calentando motores para la marcha sobre la ardiente carretera.

En eso, como surgió del túnel del tiempo, una figura muy conocida: el licenciado Fernando Baeza se apersona y acapara los medios, que se van sobre él.

A todos atiende con su proverbial amabilidad. 

Se declara puesto y dispuesto para sumarse a la lucha por tierra, recomendando ciertos cambios en la estrategia a seguir.

También arriban Reyes y Memo Márquez, dupla de decenas de batallas políticas, unas perdidas, otras ganadas.

Pepe Ramírez saluda y atiende a medios.  

Diez, quince, veinte minutos, media hora y la rodada se inicia adornada con banderas nacionales, con los muebles pintados de blanco anunciado la consigna Sin Agua no hay Vida.

Hora y media después aquello ya no era una mega marcha: era un gentío incalculable, con grupos sumándose según pasaban por Armendáriz, Saucillo, Conchos, por las rancherías y caseríos  del rumbo. 

Iban alegres, cantando, como si fueran a una fiesta.

Y arriban a Las Pilas, a la presa, donde luego de avances y retrocesos, de gases y piedras, de cánticos de ánimos revolucionarios, de gritos y rezos, de voces de corte, de la ira sin rienda, la muchedumbre entra a terrenos enemigos, donde los espera amenazante la falange militar. 

El licenciado Baeza conmina a la paz, al diálogo. Vano intento. Estalla la batalla.  

Arde Boquilla.

Vaya canilla, qué valor el de hombres y mujeres.

Volaban sombreros, se trababa el combate sin cuartel.

Los golpes menudeaban entre los dos bandos. 

A esa hora el diputado Valenciano arengaba en el Congreso: apoyo con todo a los agricultores, fuera partidos: todos somos agricultores. 

En tanto, el mando militar da la orden de que la tropa recule y la algarabía de la victoria se mezcla con alaridos de gusto, de un festejo que, después se vería, era anticipado. 

La tropa desfila en sus carros tanque, a pie. Desfila en derrota por  las calles de Boquilla, la tranquila población que en un momento se convirtió en un set de película, con sus vecinos aplaudiendo a los defensores del agua y despidiendo a la Guardia, unos con amabilidad, otros con enojo.

En los suburbios del pueblo hubo una reconcentración de los militares, un recuento de los daños. 

Un teniente grita pidiendo una ambulancia para un herido.

Un helicóptero militar sobre vuela el cielo de la presa presagiando que el día de la ira no había terminado.

Como fue. 

Luego de una horas de tensa tregua cayó el sol, pardió la tarde y la noche nublada cubrió con su manto aquellas soledades, sólo aluzadas por algunos relámpagos que anunciaban lluvia.

Lluvia y algo más. 

Más violencia. 

Ahora con la represa Las Pilas como teatro del nuevo zafarrancho.

Renovados elementos de la Guardia suplieron a quienes habían combatido durante el día.

 En las tinieblas casi ni se veían los rivales. 

De vez en cuando los escudos de plástico brillaban en la distancia. 

Los defensores gritaban retos. 

Desafiaban el peligro, posiblemente animados por algún trago de fuerte.

La fila de mílites imperturbable, marcial.

Masculinos y femeninos igual de firmes, erguidos, bélicos.

Una camioneta descontrolada rayando llanta estuvo a punto de embestirlos. 

Los reporteros trasmitían en vivo, valerosos, cubriendo una nota inédita. 

Y la refriega empezó  al estallido de una bomba de gas pimienta, luego de otra, de otra, de muchas otras. 

Las piedras.

Las amenazas. 

Los desafíos. 

Los golpes. 

Una leve llovizna trajo algo de calma y cierto alivio a los ojos rojos. 

Luego una retirada de los defensores, que aparentemente abandonaban el campo como habían hecho durante el día.

Duelo se estrategias cuyo desenlace queda pendiente para mañana. 

 Espérese.

 Aún falta. 

Cuando creíamos que habíamos visto suficiente, a la una de la mañana nos enteramos que una pareja de agricultores de Cárdenas que venía de Boquilla fue baleada cerca del campo de aviación de aquí de Delicias y que la mujer, de nombre Jessy Silva, falleció. La versión no confirmada involucra en la tragedia a la Guardia Nacional.

Por si algo faltara en una jornada negra.  

 

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