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Ignorancia viralizada

2020-05-16 15:43:28 | El Pionero

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¿Cuántas veces ha escuchado usted que hay quien “no cree” en la pandemia?


    

[% orquidea_tag %]Lo hemos escuchado casi todo. Y siempre la reacción es la misma, de no creerse. En un 2020 con tanta posibilidad de información, nos queda claro que la ignorancia —porque eso es— no se combate tan fácil.

En un mismo día, dos notas: una supuesta fiesta en la colonia Las Águilas, en la Ciudad de México, en donde al menos 100 personas convivirán con otras, éstas contagiadas de covid-19, para así contribuir a la “inmunidad de rebaño”, un término epidemiológico aún cuestionado por la comunidad científica.

No lejos de la capital, en Texcoco, una mujer enojada por una protesta de médicos que exigían insumos, afirmó que el coronavirus se curaba con remedios caseros: “con un caldo de pollo...”. Ya con dos meses en emergencia sanitaria, ya, incluso, con un plan para regresar a la “nueva normalidad”, hay quienes están instalados ahí, en tal nivel de ignorancia.

Sabemos que no hay evidencia de inmunidad tras contraer coronavirus. Así lo dicen los estudios, aún en desarrollo, porque todavía hay tanto que aprender respecto al comportamiento de esta cepa.

Pensar en una “fiesta de contagio”, es más bien una invitación a jugar a la ruleta rusa y eso es, por supuesto, algo francamente torpe y peligroso.

El audio circuló en redes sociales y, ante la falta de información, las autoridades la consideraron noticia falsa.

Sin embargo, el tema también radica en la facilidad con la que éste material se distribuyó, pues incluso provocó reacciones en Palacio Nacional.

Lo delicado es que no es la primera vez que este tipo de material se hace viral. ¿Cuántas personas creerán en ellos? ¿Cuántas fiestas de ese tipo se habrán realizado ya? ¿Cuántas veces ha escuchado usted que hay quien “no cree” en la pandemia?

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Ante un momento como el que vive el planeta entero, el arma más peligrosa es la ignorancia.

Aquella señora que sugiere un caldo de pollo para curar el covid-19 suena exactamente igual que cuando le oímos a Miguel Barbosa decir lo mismo.

La diferencia es que este último está a cargo de las políticas públicas de un estado entero.

Y el peligro es aún mayor. El último en irse en esa línea fue el diputado del Partido Encuentro Social (PES) en Sonora, Carlos Navarrete: “el covid-19 no es tan grave como lo anuncian, incluso dijeron que tomando té de canela en la mañana, al mediodía y en la noche, el virus se moría en la garganta...”, expresó al micrófono.

¿Cuántas cadenas han llegado a su WhatsApp con notas o datos imprecisos sobre la pandemia actual (o cualquier otro tema)?

¿Ha notado la facilidad con la que este material puede compartirse?

Ése es el peligro en ciudadanos de a pie, pero también está ese otro, el de la ignorancia evidenciada en tantos funcionarios.

Dentro y fuera del país, desde los que creen que puede haber forma de inyectarnos desinfectante hasta quienes piensan que esto es sólo una gripita o los que piden rezarle a Dios como única vía. Ahí se ubica nuestro principal enemigo, pues somos capaces de pasar por encima de la razón, sólo para aferrarnos a una falsa idea de conocimiento.

Ayer México superó a China en la cifra de muertos por la pandemia, pero horas antes nos aseguraron que ya se veía la luz al final del túnel...

Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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Farmacéuticas: la corrupción nunca combatida

2020-08-01 16:03:10 | El Pionero

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Empresarios, especialistas y la oposición advierten que el problema se agudizará en las bodegas de los hospitales, mientras los negocios opacos que el gobierno prometió combatir pasarán a nuevas manos.


    

La aprobación de la reforma a la Ley de Adquisiciones del Sector Público en el Congreso es un capítulo más de una trama que ilustra la épica política de un gobierno que, afanado en atacar la plaga de la corrupción, lleva 20 meses de erráticas fumigaciones.

Es una historia que retrata la prisa y el voluntarismo con el que se ha pretendido resolver el heredado problema del abasto de medicamentos que, con cada presunta solución mágica, se ha ido agravando.

Frente al desastre profundizado en el inicio del sexenio, cuando la oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, Raquel Buenrostro, prometió compras consolidadas, ahora se anuncia el fin del monopolio de las farmacéuticas que, se asegura, venían saboteando al gobierno.

Esa retórica promete, una vez más, la solución definitiva del desabasto, gracias a las adquisiciones, a mejores precios y mayor calidad, de los insumos de salud en el extranjero, con el apoyo de Naciones Unidas, OPS y OMS.

Empresarios, especialistas y la oposición advierten que el problema se agudizará en las bodegas de los hospitales, mientras los negocios opacos que el gobierno prometió combatir pasarán a nuevas manos.

“Sin haber explicado razones claras, el Presidente ha desatado una persecución contra la industria farmacéutica, con un ánimo de venganza que multiplicará el tema del desabasto”, advirtió el diputado Antonio Ortega Martínez (PRD).

Entre ambos escenarios, el de la victoria de cambio de régimen que sometió a los neoliberales y el de la escasez que vendrá, se encuentra el estratega Presidente que no quita el dedo del renglón: quiere comprar bueno y barato, que los empresarios le entren a la austeridad de sus ganancias.

Pero sin pruebas ni investigaciones que castiguen penal y administrativamente a los corruptos, López Obrador quiere poner de rodillas a un sector que igual agrupa a cinco distribuidoras millonarias que se repartían a su gusto el mercado, que a 250 laboratorios con 100 mil trabajadores, pasando por inversionistas serios y políticos sin escrúpulos que cabildeaban adjudicaciones para IMSS, ISSSTE y gobiernos estatales, quedándose con su respectiva comisión.

Y en la espera de que ese sector se rinda, se le ofreció una salida. La formuló el diputado Oscar González Yañez (PT), presidente de la Comisión de Transparencia y Anticorrupción, que al vapor aprobó el dictamen de la reforma: “Esta también es una oportunidad para que los empresarios de la industria farmacéutica se pongan a tono a lo que pueden vender dentro de nuestro país”.

Y para esta tarea, el Presidente creará una distribuidora estatal de medicinas a cargo de David León, coordinador de Protección Civil, el hombre de las confianzas del senador Manuel Velasco, quien lo envió desde Chiapas cuando era gobernador para apoyar al presidenciable de Morena en la logística de su campaña, el mismo que fue responsable de las relaciones públicas del PVEM en tiempos del Pacto por México. 

Es un encargo monumental, similar al que Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles consiguieron en la Secretaría de Salud, durante el sexenio de Zedillo al impulsar el mercado de medicamentos genéricos.

Pero López Obrador opta por un cuadro administrativo, después de que en esta aún infructuosa batalla por las medicinas baratas, quedaron en el camino funcionarios que no pudieron con el tema: Germán Martínez, quien renunció a la dirección del IMSS por el austericidio; y el exsecretario Carlos Urzúa, quien huyó, entre otras cosas, del voluntarismo y del hacha presupuestal de la ahora titular del SAT.

Paradójicamente, hubo otro entusiasta de la limpia de la industria que acabó enredado en sus negocios de medicinas: Carlos Lomelí Bolaños, el exdelegado gubernamental en Jalisco, señalado por Mexicanos contra la Corrupción por sus enjuagues con el sector público.

Resulta explicable que el Presidente no recurra a José Alonso Novelo Baeza, titular de la Cofepris, la instancia que en vez de construir un plan para eliminar a las distribuidoras mafiosas y negociar con los laboratorios nuevos convenios, le cerró las puertas durante año y medio a 90 innovaciones farmacéuticas.

Certero en su diagnóstico sobre la voracidad monopólica, López Obrador puso el tema sobre la mesa desde el primer encuentro con su antecesor, Enrique Peña Nieto.

Sin atinarle nunca al tratamiento, el gobierno fue a la India, dispensó certificados de buena calidad, trajo batas chinitas que se rompían como kleenex, comparó la delicada distribución de medicinas con litros de Coca-Cola, filtró el nombre del priista Roberto Madrazo como representante de los políticos voraces…

 

Pero la plaga siguió ahí. Y a falta de fumigadores y venenos efectivos, ahora el gobierno quiere quemar el bosque.

Quizá es una mala metáfora.

También podría tratarse de una peligrosa forma de gobernar.

Por Ivonne Melgar/Retrovisor

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