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¿Otra vez, Presidente?

2020-03-15 08:36:49 | El Pionero

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Cuando el virus ya era una emergencia mundial, el mandatario seguía con un inexplicable optimismo


    

Ha quedado demostrado que al gobierno federal no se le da el manejo de crisis. Cada problema que ha enfrentado la administración de Andrés Manuel López Obrador ha sido tratado de la misma manera: se minimiza o desdeña, se culpa al pasado y se acusa de una filtración/conspiración de los conservadores y neoliberales que están enojados porque ya no pueden robar, para debilitar al Presidente.

Esto sucedió con el cualiacanazo en el que se liberó a Ovidio Guzmán, la marcha y el paro de las mujeres que protestaban contra la violencia y los feminicidios y el desabasto de medicamentos. Con el coronavirus COVID-19 parece que siguen sin aprender.

Cuando el virus ya era una emergencia mundial, el mandatario seguía con un inexplicable optimismo: “No estoy diciendo que lo del coronavirus no represente un riesgo y que, además, tenemos que prevenir, pero a nivel mundial se habla de dos mil 500 pérdidas de vidas humanas, o sea, tenemos que atender el asunto, pero no exagerar, prevenir… hay quienes quisieran que nos fuese mal, o sea, por cuestiones ideológicas, que nos afectaran estas epidemias y que nos fuese mal, que están molestos porque ya no pueden robar” (27 de febrero).

El 4 de marzo señaló: “Miren, lo del coronavirus, eso de que no se puede uno abrazar hay que abrazarse, no pasa nada o sea, nada de confrontación, de pleito”. Ese mismo día presumía que el peso estaba aguantando el impacto económico mundial.

El 11 de marzo, el tabasqueño dijo nuevamente que los conservadores querían que la gente se infectara para echarle la culpa a su gobierno. Añadió que “como la medicina, en la política es importante lo preventivo más que lo curativo, esto va a seguir, esta otra epidemia, va a propagarse más, porque ya vienen las elecciones del 21”.

Por supuesto, el morenista criticó en varias ocasiones que en la emergencia sanitaria por la influenza AH1N1 del 2009 hubo una exageración por parte del gobierno, lo que provocó un fuerte impacto económico. López Obrador siguió al pie de la letra el mismo guion de siempre: minimizar y politizar.

Sin embargo, algo pasó en el camino. Tal vez fue obligado a aceptar que, de acuerdo con los epidemiólogos y expertos médicos, es inminente el contagio comunitario en la última semana de marzo. Eso explicaría que el jueves 12 de marzo López Obrador reculara y señalara que todas las decisiones que se tomaran iban a tener como referencia las indicaciones de los técnicos, de los médicos y de los científicos: “no puede haber conjeturas, improvisaciones, ocurrencias, es un asunto que requiere de especialistas”. Al mandatario se le olvida que hay registro que fue él quien politizó el tema.

Al dejarle las decisiones a los técnicos también les transfiere de la responsabilidad de que, cuando llegué el momento de tomar medidas más extremas como posponer eventos, giras, mítines o reuniones masivas, él pueda decir que es recomendación de los expertos. De cualquier manera, su peor pesadilla se cristalizará y terminará haciendo lo mismo que su archienemigo Felipe Calderón hizo en 2009.

Pero ese jueves también dijo algo muy revelador: “nos agarró —el coronavirus— en crecimiento en cuanto a recaudación, en la reactivación de la economía”, esto no es verdad. La economía y la inversión está estancada. ¿Por qué lo dijo? Porque todo indica que el coronavirus será el pretexto que el gobierno federal utilizará para explicar la catástrofe económica que según los financieros se aproxima.

El Presidente ya no se puede equivocar en la toma de decisiones. Debe de dejar de hacer cálculos políticos, su popularidad pasa a segundo término cuando lo que está en peligro es la salud y economía del país.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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