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¿Te gusta el café negro? podrías ser un psicópata

2020-03-03 16:41:26 | El Pionero

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Los sabores amargos aumentan la hostilidad y provocan juicios morales más severos, según el estudio


    

[% orquidea_tag %]CIUDAD DE MÉXICO

Si te gusta el café negro, puedes ser alguien que prefiera sabores fuertes, te gusta cuidar la salud o simplemente lo tomas de la forma en que se supone se debe hacer.

O podrías ser una psicópata.

Al menos, eso es de acuerdo con un estudio publicado en la revista Appetite, que descubrió una correlación entre el amor por el café negro y las tendencias sádicas o psicopáticas.

La investigación encuestó a más de mil adultos y les pidió que dieran sus preferencias de comida y sabor. Luego, los participantes realizaron una serie de pruebas que evaluaron rasgos de personalidad antisociales, como el sadismo, el narcisismo y la psicopatía.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Innsbruck, encontró que la preferencia por los sabores amargos estaba relacionada con el comportamiento psicópata.

La asociación más cercana fue entre los alimentos amargos y el "sadismo cotidiano", es decir, el placer de infligir niveles moderados de dolor a los demás.

Y no sólo el café negro, el estudio también encontró que los participantes que informaron que les gustaban los rábanos, el apio y el agua tónica también tenían más probabilidades de presentar rasgos antisociales.

Esta no es la primera vez que la investigación ha encontrado un vínculo entre el gusto y la personalidad.

Estudios anteriores han demostrado que el sabor dulce aumenta la "amabilidad" y el entusiasmo por ayudar, mientras que los sabores amargos aumentan la hostilidad y provocan juicios morales más severos.

Los investigadores Christina Sagioglou y Tobias Greitemeyer creen que esta asociación puede "volverse crónica" en personas que tienen un fuerte gusto por los sabores amargos, y llevarlos a tener personalidades más hostiles.

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Educación y enseñanza, ¿conoces la diferencia?

2020-07-08 02:06:33 | El Pionero

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Resulta muy común confundir estos dos términos utilizándolos como sinónimos. En realidad, se trata de conceptos íntimamente relacionados que, en diversos ámbitos, llegan a fusionarse


    

Sin embargo, al hablar de educación y de enseñanza no se hace referencia exactamente a lo mismo, existen unas diferencias notables y es conveniente tenerlas en cuenta para aplicarlas también como es debido.

Lo cierto es que resulta frecuente dejar en manos de las escuelas todo lo que concierne a la enseñanza y a la educación pero, en términos lingüísticos, es importante saber la diferencia y utilizar cada vocablo del modo correcto.

¿En qué se diferencian?

· Educar. En este caso hablamos del proceso de acompañamiento de una persona para ayudarle a formar un espíritu crítico con el que encarar el mundo. No se trata de adoctrinar ni inculcar ideas férreas sobre ningún tema, más bien se estimula la creatividad de la persona y se potencian sus capacidades para enfrentar los problemas de la vida a base de soluciones propias. La intención de este acompañamiento es la transmisión de valores positivos como el esfuerzo, la empatía, el respeto, la convivencia, así como la comprensión de los derechos y deberes de cada persona.

· Enseñar. Este término hace referencia a la práctica de transmitir conocimientos y sabiduría. La enseñanza se suele programar de antemano y organizar de forma ordenada por niveles que se adapten a las capacidades y potenciales de niños y adultos en función de su edad. Los conocimientos transmitidos son evaluados de forma periódica de modo que es sencillo comprobar la adquisición de esta enseñanza por parte del individuo que la recibe.

¿En quién recae la responsabilidad?

Es fácil delegar responsabilidades en estos términos, sin embargo, resulta fundamental que las tareas recaigan en la persona o institución adecuada con un constante feedback entre padres y escuelas. No se puede dejar de lado el Estado como máximo responsable de ciertos elementos que influyen directamente tanto en la enseñanza como en la educación de los menores.  Este es el caso de la creación de  leyes de protección y amparo  del menor para su seguridad y para la puesta en valor de sus oportunidades de desarrollo.

Los padres tienen la obligación de aportar a sus hijos una educación acorde con sus propios valores, sin embargo, no están exentos de ofrecerles enseñanza a cierto nivel sin necesidad de que se trate de una actividad pautada y evaluada.

Del otro lado, la escuela tiene la máxima responsabilidad en lo referente a la enseñanza y está diseñada para ello. La organización, la presencia de profesionales formados de forma específica y las pautas que dan forma a la escuela, consiguen unos resultados excelentes brindando oportunidades a todos los alumnos. Es fundamental cuidar la calidad de la enseñanza en una sociedad para lograr una población crítica, consecuente y formada. Es también importante mencionar el porcentaje existente de responsabilidad que las escuelas tienen en materia educativa.

No se puede negar que se añade un complemento de gran interés a los valores recibidos en casa, sin embargo, sin esta base previa se hace inviable el buen funcionamiento de ambos ámbitos.

 

 

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