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Que no panda el cúnico

2020-03-01 19:05:50 | El Pionero

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El gobierno federal debe ser capaz debe reaccionar y prepararse adecuadamente a la crisis que podría presentarse.


    

La llegada del coronavirus COVID-19 en México pondrá a prueba al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. No podrá decir que el virus es herencia de los gobiernos pasados o que los neoliberales, conservadores y organismos internacionales que antes, cuando aparecía un virus, callaban como momias, hoy lo gritan como pregoneros.

Sí, es probable que si los mexicanos han sobrevivido al transporte público, a los tacos de suadero de la esquina, al metro Pino Suárez, a los gobiernos priistas, panistas y de Morena, a las playas de Acapulco y los balnearios de Oaxtepec y Tepetongo, el COVID-19 les haga los mandados.

O tal vez, como ha dicho el Presidente, que “la suerte cuenta mucho en la política” para evitar que el coronavirus afecte a la gente, ésta puede cruzar los dedos, encomendarse a todos los santos y cargar sus amuletos.

Pero si esto no funciona, el gobierno debe ser capaz debe reaccionar y prepararse adecuadamente a la crisis que podría presentarse. El problema es que el manejo de crisis no es algo que se le de naturalmente a la administración federal.

Lo primero que tendrían que saber en Palacio Nacional es que para evitar vacíos de información o rumores, deben comunicar de forma permanente y objetiva. 

Para estos fines ¿será suficiente su conferencia matutina para informar y calmar los ánimos de la población? Todo indica que no. El viernes que fueron confirmados los dos primeros casos de coronavirus en el país, tanto el subsecretario de salud, Hugo López Gatell como el mandatario llamaron a la calma: “Serenos, tranquilos, tenemos capacidad para enfrentar esta situación”. Sin embargo, la reacción de mucha gente fue salir a realizar compras de pánico de gel y toallas antibacteriale, así como cubrebocas.

¿Por qué no les creyeron que todo está bajo control y que la enfermedad no es tan letal? Básicamente porque en el ADN de cada ciudadano está la semilla de la desconfianza, que le dice que el gobierno siempre va a exagerar o minimizar un problema para que su imagen no sea afectada. El virus pondrá a prueba la economía. El Presidente ha presumido como un gran triunfo económico —prácticamente el único— que el peso ha sido la única moneda que se ha fortalecido y que se ha apreciado en el mundo. Sin embargo, el viernes el peso cayó frente al dólar. Es probable, además, que la incertidumbre económica en todo el mundo tarde o temprano afecte al país y entonces sí, esos números de crecimiento y pérdidas que tanto disgustan a López Obrador y por consiguiente las minimiza, se convertirán en un infierno.

¿Cómo reaccionará el gobierno a una eventual demanda de medicamentos para atender el COVID-19 si todavía no han podido regularizar el abasto de medicinas? ¿Los hospitales están preparados para atender y contener el avance del virus?

¿El Presidente estará dispuesto a tomar medidas más dolorosas si la situación lo amerita? En la misma mañanera del viernes, el Ejecutivo recordó que en 2009 cuando estaba la crisis de la influenza se prohibieron las reuniones. Él desafió esa recomendación e hizo un evento en Tabasco.

Ha comentado en varias ocasiones que el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón había exagerado y que él no va a paralizar al país. Pero si se diera el caso, como ya ha sucedido en otros países, ¿será lo suficientemente capaz de reconocer que tendrá que recurrir a lo que tanto ha criticado?

Las respuestas se darán con el tiempo. Lo único bueno que tal vez vaya a dejar el Coronavirus es que el subsecretario de Salud recomendó que no haya besos ni abrazos. Ojalá eso sirva para que el Gabinete de Seguridad cambie su plan de abrazos y no balazos y ahora sí combata al crimen.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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