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Fuga de capos: La complicidad del poder

2020-01-31 19:03:54 | El Pionero

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Detrás de las fugas de tres narcotraficantes del Reclusorio Sur hay un penetrante tufo de corrupción. No puede entenderse de otra manera y así lo han confesado un par de custodios que, según su propio dicho, ayudaron a los presos en su evasión.


    

El caso no es menor y expone la fuerte corrupción que ha invadido al Sistema Penitenciario Nacional. Desde hace por lo menos veinte años las prisiones en México están controladas por el crimen organizado; los directores de los reclusorios, por decisión propia o forzados por los cárteles, han entrado al juego de las complicidades y corruptelas. No puede entenderse de otra forma.

El crimen organizado opera en todo el mundo mediante pactos con los hombres del poder. México es un caso patético en esta materia: alcaldes, gobernadores, jefes policiacos, militares, marinos y empresarios forman parte de la red de corrupción que hace posible que el narcotráfico, por ejemplo, florezca en todo el territorio.

En Tamaulipas y Veracruz, estados controlados por el crimen desde hace varias décadas, se conocieron los primeros síntomas de este terrible cáncer. Los gobernadores de esas entidades, Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, así como Patricio Chirinos en Veracruz, con Miguel Ángel Yunes como Secretario de Gobierno, le abrieron las puertas al crimen organizado. Este fue el periodo en que se encumbró en el poder criminal veraruzano Albino Quintero Meraz, “Don Beto”, pieza del Cártel de Juárez y socio en ese tiempo de Osiel Cárdenas Guillén, entonces poderoso jefe del Cártel del Golfo.

En el Gobierno de Eugenio Hernández, el narco tenía un representante en el gabinete estatal y éste era el encargado de controlar todo el negocio, manejaba las prisiones y daba órdenes para que muchos presos, todos ligados al cártel de Los Zetas o del Golfo, se evadieran y se reincorporaran a las actividades criminales. Todo ocurría con la complacencia de los gobernadores.

En Veracruz y Tamaulipas en varias ocasiones hubo fugas de narcos de las prisiones. El cártel de Los Zetas arribaba a las prisiones con sus hombres armados y ordenaban la liberación de sus secuaces.

El mismo modus operandi se observó en el penal de Puente Grande, Jalisco, en enero de 2001, cuando se fugó por primera vez Joaquín “El Chapo” Guzmán, entonces jefe del cártel de Sinaloa.

“El Chapo”, según consta en las investigaciones que realizó la Procuraduría General de la República (PGR) controlaba el penal: pagaba jugosos honorarios al director de la prisión y tenía en la nómina a todos los custodios, que terminaron convertidos en cómplices del capo.

Guzmán Loera era el rey de Puente Grande: organizaba fiestas, contrataba mujeres de la vida galante para sus orgías y las autoridades del penal se encargaban de concederle todos sus caprichos. Las investigaciones indican que hasta Viagra le surtían para aliviar sus problemas de disfunción eréctil.

La misma complicidad oficial se observó cuando Guzmán Loera se fugó por segunda ocasión de una cárcel de alta seguridad, ésta vez del penal del Altiplano, en el Estado de México.

La versión oficial dice que el capo ordenó que le cavaran un túnel para evadirse. Lo cierto es que altos funcionarios de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) se ligaron al proyecto de la fuga. Todo estaba pactado con los hombres del poder. Nada fue fortuito.

En el Reclusorio Sur ocurrió lo mismo con la fuga de Víctor Manuel Flores Beltrán, “El Vic”, Luis Fernando Meza González y Yoel Osuna Navarro, todos ligados al Cártel de Sinaloa, la misma organización criminal que fue beneficiada en octubre de 2019 con la liberación de Ovidio Guzmán Salazar, hijo de Guzmán Loera.

El famoso “Vic” es hijo de Víctor Manuel Félix Félix, consuegro de “El Chapo” Guzmán. De acuerdo con sus antecedentes criminales, fungió como operador financiero del ex jefe del Cártel de Sinaloa actualmente sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos.

Félix Félix –su padre –fue detenido en 2011 y luego extraditado a Estados Unidos, donde tenía cuentas pendientes con la justicia. Allá fue sentenciado a catorce años de prisión por un juez con sede en San Diego, California, en diciembre de 2012.

Luis Fernando Meza González, el otro reo evadido, enfrentaba también un juicio de extradición por cargar en su haber acusaciones de tráfico de drogas y delincuencia organizada en Estados Unidos.

También se le relacionó con el lavado de dinero y, según sus antecedentes criminales, formaba parte del grupo de Víctor Manuel Flores Beltrán.

Yoel Osuna Navarro, el tercer fugado, enfrenta acusaciones por tráfico de drogas en Denver, Colorado, donde tiene un expediente abierto por delincuencia organizada. También fue detenido con fines de extradición. De esta forma queda claro que los tres temían ser extraditados y pasar su vida en una prisión de Estados Unidos.

Antonio Hazael Ruiz, Subsecretario del Sistema Penitenciario del Gobierno de la Ciudad de México, debe ser investigado por la fuga de los tres capos, pues ésta no se explica sin la complicidad de altos funcionarios del Gobierno de la Ciudad de México.

De hecho, se ha denunciado que las estructuras de seguridad del Gobierno capitalino están contaminadas por el crimen organizado porque así las heredó Miguel Ángel Mancera, ex jefe de Gobierno y actual Senador de la República.

Lo que no se esperaba es que el crimen organizado ya controlara las prisiones en la Ciudad de México, pero todo indica que los cárteles se han afincado en la capital del país y ya cobran piso, según han denunciado los propios comerciantes.

En el Reclusorio Sur han ocurrido otras fugas. Una de las más espectaculares que se recuerdan es la del capo Otho Roberto Herrera García, “El Profe”, narcotraficante de origen guatemalteco.

Este personaje se fugó del Reclusorio Sur –el hotel de cinco estrellas para capos y políticos en desgracia – el 14 de mayo de 2005. Entonces el director de la prisión era Antonio Hazael Ruiz, actual Subsecretario del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México.

¿Quién ordenó la fuga de los capos? ¿Qué funcionarios participaron? ¿Es otro apoyo para el cártel de Sinaloa? ¿Qué papel juega dicha organización en el esquema político del gobierno de la Cuarta Transformación?

Estas preguntas quizá no tengas respuesta todavía, pero conforma avanza el sexenio muchos hechos apuntan a que el Cártel de Sinaloa es la organización consentida del poder.

Tras conocerse la fuga de los capos, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó una investigación a fondo porque, dijo, es claro que hubo complicidad y corrupción, lo que acredita que tales problemas siguen en el Gobierno y que no se han erradicado, como él pregona.

La corrupción y la complicidad con el crimen ahí sigue, galopante, aunque el Presidente diga que esto es parte del pasado.

Por Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco.

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¿Quién hizo el milagro?

2020-03-29 21:50:38 | El Pionero

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La semana cerró con un sorpresivo mensaje nocturno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un fondo negro que hacía más dramático el momento, pedía lo que durante semanas evitó decir: “Lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas con sus familias”. “Podemos seguir desplazándonos para lo fundamental, no salir a la calle si no hay algo verdaderamente necesario que nos obligue a salir, lo mejor es quedarnos, vamos a aguantar”.


    

[% orquidea_tag %]¿Qué fue lo que hizo que el mandatario cambiara de opinión tan radicalmente sobre la estrategia a seguir contra la COVID-19? Tan sólo el 25 de marzo —cuando ya se había declarado que México pasaba a la fase 2— dijo en su mañanera: “Yo les diría ¿por qué no ir (a las fondas)? Si no está prohibido”.

En ese “mensaje especial al pueblo de México” comentó que le mostraron una gráfica donde le explicaban que si la gente no se cuidaba se iban a disparar los casos de infección y se iban a saturar los hospitales. ¿Le tenían escondida esa gráfica?, ¿apenas la vio?, ¿le pasó como a los hombres que les ponen el cuerno y son los últimos en enterarse? Porque ésa fue precisamente la lógica que utilizaron especialistas y académicos para pedirle —desde hace varias semanas— acciones más contundentes para achatar la curva del contagio.

Pero si la gráfica fue sólo el pretexto ¿qué supo el Presidente que lo obligó a cambiar de rumbo? ¿Por qué decidió que ya no era tan importante la economía?

Durante semanas él y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell señalaron que no pararían para no afectar la economía. El viernes, en cambio, el Presidente dijo: “estoy pidiendo para el sector privado, a las empresas, yo sé que esto va a significar gastos, pero podemos perder más si no prevenimos, se nos puede caer más la economía”.

¿A qué funcionario o persona cercana se le debe colgar el milagro de la decisión presidencial? ¿El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le habló de la crisis que viene con o sin personas en la calle? ¿López-Gatell finalmente se atrevió a explicarle que el 19 de abril el país no volverá a la normalidad?

¿Fueron las encuestas de aprobación que señalan que la línea de aprobación y desaprobación se juntaron y que la mayoría de la gente no aprueba el manejo que ha hecho de la contingencia?

¿Fue acaso la reducción de la agencia Standard and Poor’s a la calificación crediticia de México y de Pemex, y el ajuste que hizo JPMorgan a su pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para situarlo en una contracción de siete por ciento para este año ante el efecto del coronavirus?

¿Fue la carta que enviaron exsecretarios de Salud, académicos, investigadores y comunicadores  en la que le exigieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hacer más pruebas, suspender actividades masivas, cerrar espacios de convivencia pública y asignar recursos a instituciones de salud?

¿Fue la videoconferencia que tuvo con los líderes del G-20 en la que nadie —sólo él— habló de la familia, sino de la urgente necesidad de inyectar recursos para contrarrestar los impactos social, económico y financiero de la pandemia?

¿Fueron las manifestaciones de los médicos y enfermeras que salen a la calle pidiendo desesperamos equipamiento y protocolos para combatir la pandemia? ¿Fue el mensaje de Thalía?

Como dirían los clásicos: haiga sido como haiga sido, finalmente el Ejecutivo entendió que los mexicanos son especiales, pero no marcianos. Ojalá el cálculo político con el que estuvo actuando el mandatario no se traduzca en una crisis sanitaria, económica y social más fuerte de lo que debió ser.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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