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#CensuraNo

2020-01-29 08:11:39 | El Pionero

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La información es poderosa. Con ella se sostienen realidades, pero ésta también necesita de perspectivas, varias, todas, para construirse a través del debate. Para eso existen espacios como éste que lee ahora; esos tantos más en estas mismas páginas y en las de otras publicaciones, para eso son los tantos programas de opinión, los espacios en radio ocupados por analistas. La información también toma forma vía la crítica. Y nuestro entendimiento del entorno se enriquece con aquellos, los señalamientos que se hacen desde la pluma de la prensa y sus articulistas.


    

Qué peligroso para una sociedad abrir la puerta a la censura en cualquiera de sus formas. Reprobable cuando, claramente, se busca evitar que ciertas voces se escuchen o que de determinados temas no se hable; pero, más aún —y mucho más tramposo—, cuando la intención es callar o castigar voces a través de recovecos legales.

Le pasó a Sergio Aguayo, analista político e investigador de El Colegio de México. Y su caso se convierte en desafortunado precedente, uno que no debe pasar desapercibido, que debe encender todas las alertas. La demanda que el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, interpuso en su contra no debió nunca de ser abrazada por un sistema legal que da la razón al demandante y, al mismo tiempo, da un portazo a la libertad de expresión.

“Humberto Moreira se enfrenta, finalmente, a una justicia: la española, que con ese acto muestra que las instituciones mexicanas son virtuosas en la protección de los corruptos (...) Moreira es un político que desprende el hedor corrupto; que, en el mejor de los escenarios, fue omiso ante terribles violaciones a los derechos humanos cometidos en Coahuila y que, finalmente, es un abanderado de la renombrada impunidad mexicana...”, fueron las palabras que Aguayo escribió en su espacio editorial en Reforma en 2016. El también exdirigente nacional del PRI, detenido en aquel entonces en el País Vasco acusado de lavado de dinero, sintió que lo expresado en un espacio de opinión valía una demanda por daño moral. Peor aún, ya lo habrá leído, fue una postura que respaldó Francisco Castillo González, juez 16 de lo Civil, y que derivó en una amenaza de embargo que cubriría el monto de 10 millones de pesos ordenado por la Sexta Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX, y que, finalmente, fue amortizada tras el pago de una garantía de casi medio millón de pesos.

Diez millones de pesos como castigo por emitir una opinión de un personaje público, cuya proyección justifica cualquier análisis, más aún si se habla de quien goza de reputación cuestionable. Diez millones de pesos el valor de una libertad de expresión ya de por sí comprometida en tiempos de polarización. ¿Cómo puede un sistema legal permitir estos entendimientos y usos de la ley? Desde este espacio rechazamos cualquier intento de intimidación y reprobamos el uso de la ley para favorecer un sistema aprovechado por quienes ven en él una vía para construirse una imagen insostenible ante la opinión pública. Con este antecedente, ¿qué sucederá en el Senado y la iniciativa que busca que el daño moral sea castigado con algo más que dinero? Toda mi solidaridad, Sergio. 

 

ADDENDUM

Y hablando de un sistema legal violentado: Arturo Millet Reyes recibió pagos por casi tres millones de dólares para la escrituración, tras la compra-venta de 13 terrenos ubicados en Isla Mujeres, en una zona de alta plusvalía. El asunto es que nunca realizó el trámite y tampoco regresó el dinero. Los afectados han debido llegar a los tribunales. El asunto es que Millet Reyes es esposo de Gabriela López, quien fuera asesora de la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, así como el excandidato del PRI a la gubernatura de ese mismo estado, Mauricio Sahuí Rivero... y hoy es parte de las filas de Morena.

Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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Lozoya no será suficiente

2020-02-16 10:52:17 | El Pionero

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La periodista y activista Frida Guerrera cuestionó el viernes al tabasqueño. Desencajado, el mandatario no atinaba a responder adecuadamente. La presión lo obligó a dar un “decálogo” que, según él, daba respuestas a los cuestionamientos.


    

[% orquidea_tag %]El feminicidio es un tema que, inexplicablemente, no le gusta abordar al presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo impacienta, lo harta, le saca urticaria. Esta semana en dos ocasiones lo demostró.

La primera quedó registrada el 10 de febrero cuando el fiscal general de la República llegó a entregarle a Palacio Nacional 2 mil millones de pesos. Unas osadas e inoportunas reporteras (de esas que no son bienvenidas en las conferencias) le preguntaron a Gertz Manero sobre la eventual desaparición del feminicidio como delito. Después de escuchar sus respuestas el Ejecutivo tomó la palabra para señalar que la nota no era el feminicidio, sino el dinero que se estaba entregando: “Miren, no quiero que el tema sea nada más lo del feminicidio, ya está muy claro…”.

El asesinato de Ingrid Escamilla y la irresponsable publicación de sus fotos volvió a levantar el debate sobre el feminicidio. Ante esto, la periodista y activista Frida Guerrera cuestionó el viernes al tabasqueño. Desencajado, el mandatario no atinaba a responder adecuadamente. La presión lo obligó a dar un “decálogo” que, según él, daba respuestas a los cuestionamientos. Aquí los puntos:

1. Estoy en contra de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones (¿alguien en su sano juicio diría que está a favor?).

2. Se debe proteger la vida de hombres y mujeres, de todos los seres humanos (nomás faltaba que no).

3. Es una cobardía agredir a la mujer (¿en serio?).

4. El machismo es un anacronismo, un acto de brutalidad.

Los siguientes puntos son lo mismo, el amable lector debe entender que no es fácil sacarse 10 puntos de la manga sin recurrir a la repetición: 5. Se tiene que respetar a las mujeres; 6. No a las agresiones a mujeres; 7. No a los crímenes de odio contra mujeres.

8. Castigo a los responsables de la violencia contra mujeres (justo ése es el punto. Hay total impunidad).

9. El gobierno que represento se va a ocupar siempre de garantizar la seguridad de las mujeres (precisamente este punto es en el que ha fallado el gobierno federal y donde se abre el espacio para decir cómo va a lograrlo, cosa que no sucedió).

10. Nuestro compromiso es garantizar la paz y tranquilidad en México (lo cual no ha pasado porque ni siquiera hay una estrategia de seguridad).

Este decálogo tan lleno de lugares comunes pudo haberse fácilmente completado con cinco puntos más: 11. A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa; 12. Come frutas y verduras; 13. Toma 2 litros de agua diariamente; 14. Fumar es dañino para tu salud y 15. Si tomas, no manejes.

Evidentemente, ese decálogo no es la política pública que se espera, pero, tan grande es la ceguera y la arrogancia que Comunicación Social de presidencia pensó que era una maravillosa idea ponerle diseño y distribuirlo por todas las redes sociales, como si fueran los 10 mandamientos o los 10 tips para lograr el éxito.

El Presidente no fue el único que resbaló. Claudia Sheinbaum fue solidaria y el mismo viernes, cuando las manifestaciones estaban más encendidas, fue interrogada por los reporteros sobre lo que estaba ocurriendo. La jefa de Gobierno dijo: “Ahorita no”, como si fuera opcional, como si le estuvieran ofreciendo una dona o un refresco. La insensibilidad es contagiosa.

¿Qué le toca hacer al Presidente? Aprovechar la mañanera del lunes para llamar a la secretaria de Gobernación y al Gabinete de Seguridad para explicar qué están haciendo para combatir el feminicidio, de lo contrario ni la captura de Emilio Lozoya ni la rifa del avión serán suficientes para distraer la atención.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

 

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