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El desgarrador evento de Torreón

2020-01-12 18:22:13 | El Pionero

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Leí con tristeza la noticia sobre el niño de un colegio de Torreón que disparó contra compañeros y maestros para, finalmente, quitarse la vida. Recordé un evento similar en 2017, llevado a cabo en la ciudad de Monterrey. Hace cuatro o cinco años pensábamos que este tipo de acontecimientos sucedían en Estados Unidos, en algún país del norte de Europa o en cierta provincia asiática. Desgraciadamente, suceden ahora también en México.


    

Han surgido algunas teorías relacionadas con el caso que, naturalmente, da pie a múltiples consideraciones en todos los ámbitos. Las primeras reacciones suelen enfocarse a las instituciones o personas directamente involucradas. ¿Sabían algo? ¿Pusieron suficientes medios? ¿Pondrán ahora revisión en mochilas de los alumnos? ¿Tiene alguna responsabilidad la institución? Algunas de estas preguntas resultan lógicas en relación con el evento. Es preciso hacérselas e intentar resolverlas. Sin embargo, no podemos reducir un acontecimiento tan desgarrador a estos aspectos de carácter técnico o procedimental.

Por otra parte, la tendencia en los medios tradicionales de noticias suele derivar en asuntos morbosos o anecdóticos. ¿Qué mensajes envió previamente el alumno que activó el arma? ¿Cuál era la historia de la maestra fallecida? ¿Por qué el alumno se vistió imitando a los alumnos del lamentable caso en Columbine? Ciertas líneas noticiosas buscan encabezados que llamen la atención del público, tanto lector como espectador.

Las redes sociales con frecuencia ponen el acento en enojos personales o comunitarios vinculados, de alguna manera, al evento. Algunas personas aprovechan para externar algún resentimiento, frustración o indignación. Tristemente, algunos otros aprovechan el suceso para golpear, de paso, instituciones o personas vinculadas, de alguna manera, a la noticia, aunque el comentario específico no tenga correlación directa con el dramático episodio.

Investigar más el asunto, conocer algún detalle que arroje mayor luz o revisar algunos procedimientos que prevean casos futuros son reacciones congruentes ante el acontecimiento. Sin embargo, habría que buscar formas de reducir el amarillismo, el morbo, el exhibicionismo, el revanchismo y el deseo de llamar innecesariamente la atención. No nos podemos acostumbrar a un drama humano como este y resulta necesario evitar muestras de frivolidad.

No hay que olvidar una verdad sencilla pero profunda: las noticias relacionadas con muertes o suicidios son, en profundidad, tristes y terriblemente desgarradoras. Tendrían que serlo en una sociedad saludable. Al mismo tiempo, es escalofriante ver que una persona de esa edad decida quitar la vida a otras personas y quitársela a sí misma por no encontrar en su realidad personal elementos superiores a sus propios problemas o cuestionamientos. Acontecimientos así tendrían que llevarnos a preguntas más complejas, elaboradas en un contexto alejado del ruido y abierto al diálogo profundo. ¿Cuál es el concepto y valor que otorgamos hoy en día a la vida humana? ¿Cuáles son los factores culturales que nos están afectando?

En esa línea, por ejemplo, pienso que la crisis familiar que vive la sociedad es de dimensiones importantes, que ha tenido afectaciones en distintas esferas, pero que aún no nos ha llevado a establecer estrategias sólidas para fortalecer a ese núcleo fundamental de la sociedad.

Un evento así debería llevarnos siempre a ser sensibles con el duelo que están viviendo los familiares de los fallecidos y heridos. A evitar el morbo como lectores, la venta fácil como periodistas o el comentario hiriente en redes. A tratar con pudor y dignidad el tema. Estamos hablando de vidas humanas, de personas concretas, de familiares involucrados, de algunos otros que quedarán sicológicamente afectados y no simple y sencillamente de “un acontecimiento” por más rasgos sociales interesantes que presente. Tenemos que encontrar respuestas personales y comunitarias respetuosas y sensatas, pero, sobre todo, verdaderamente humanas

Envío mis más sinceras condolencias hacia los familiares o amigos de la maestra María. Mis deseos de pronta recuperación a los heridos, así como mi mayor solidaridad con sus familiares o amigos cercanos.Mi más profunda solidaridad hacia las personas cercanas a José Ángel. Y mis oraciones por todos, incluyéndolo a él.

Por Santiago García Alvarez

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Si me gano el avión

2020-01-18 15:04:57 | El Pionero

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Para cuando lean estas líneas, seguramente ya estaremos hartos de reírnos de los memes y los chistes sobre la rifa del avión presidencial. Y ya atemperados los ánimos sobre el tema, es buen momento para pensar por qué esta propuesta a primera vista tan disparatada es una joya de la comunicación política y no, como muchos ven, una mera puntada en la lista de ocurrencias chuscas del presidente. Tampoco es, como ve The Guardian, “un intento desesperado” de parte de AMLO en su obstinación por cumplir una promesa de campaña.


    

La propuesta de rifar el avión presidencial lanza un fuerte mensaje con dos contenidos: por un lado, que lo verdaderamente ridículo y digno de escarnio es la ostentación y el despilfarro que representa ese aparato; y, por otro, que una vez más, la gente tiene la capacidad de involucrarse en una decisión política y salir en desagravio de la nación mediante una acción colectiva.

La propuesta de la rifa fue una de entre cinco posibilidades, que el presidente puso a consideración del público en su conferencia del 17 de enero. Las propuestas se fueron presentando en orden, de la más sensata a la más absurda. Porque, en efecto, la rifa de un Boeing 787 es un disparate, pero ese es el mensaje de AMLO: no es más ridícula que el hecho mismo de haberlo comprado.

A medida que se presentaron las cinco propuestas, se explicaba por qué no eran del todo viables: ya fuera que se ofreciera a un solo comprador, al gobierno de Estados Unidos a cambio de equipo médico, a una sociedad de empresas, o que se rentara por hora, el problema de fondo es que nadie quiere usar un artefacto tan groseramente dispendioso. Los empresarios recalcan que usarlo les daría vergüenza y hasta las personas más ricas del mundo prefieren rentar espacios de lujo en vuelos comerciales que poseer un armatoste así, nos cuenta el presidente.

Entonces viene la propuesta de la rifa: 6 millones de cachitos de 500 pesos. La audiencia deja escapar risas, piensan que AMLO está bromeando. Pero la idea se instaura pronto en la conversación pública y los de a pie nos empezamos a imaginar qué haríamos si nos llevamos el boleto ganador. Como ya lo cantaba Chava Flores, nada le es más fácil a un mexicano que soñar que se saca la lotería. ¿Qué haríamos usted o yo con un avión así? Una fiesta, desde luego. Los quince años de la sobrina. Un viaje a Acapulco. Y cuando termine el año de operación que vendría incluido, nos desharíamos de él, claro… ¿pero cómo? El sueño se acaba exactamente en la pesadilla actual del Presidente, nos pone en sus zapatos: tratando de deshacernos de un palacio del aire que no necesitamos, ni nosotros ni ningún mortal, y que nadie quiere adquirir porque su existencia misma es un insulto.

Lo que logra AMLO con la idea de la rifa es, figurativamente, poner el problema del avión en nuestro patio, y a nosotros en la piel del presidente. A la vez, nos llama a involucrarnos de la mejor manera que sabemos: riéndonos y soñando situaciones improbables, pero que nos ayudan a apreciar la dimensión enorme del problema. También, sutilmente, nos invita a plantearnos una posibilidad: ¿se imaginan qué habría pasado si, antes de hacer este gasto delirante, Felipe Calderón lo hubiera sometido a la consulta pública ? No sabemos. Podemos imaginar cosas absurdas como ganarnos un Boeing 787 en una rifa, pero no tan descabelladas como que los gobiernos anteriores hubieran tenido la ética de consultar sus decisiones con la gente.

Por: Violeta Vázquez-Rojas. Lingüista. Estudia la gramática del purépecha y del español. Interesada en divulgar la ciencia del lenguaje y en desterrar algunos mitos y prejuicios acerca de las lenguas, de las palabras y de sus usos. 

 

 

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