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Lo bueno, lo malo y lo feo

2019-12-01 15:25:19 | El Pionero

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Si bien su popularidad ha bajado, todavía tiene gran respaldo popular. ¿Cuándo se le acabará?


    

Hoy se cumple el primer año de que Andrés Manuel López Obrador se convirtió oficialmente —aunque mandaba desde antes— en Presidente de México. Desde que ganó las elecciones, los mexicanos se abrocharon los cinturones porque su peculiar forma de gobernar ha causado más de una turbulencia.

Si bien su popularidad ha bajado, todavía tiene gran respaldo popular. ¿Cuándo se le acabará? Cuando pase otro año y la violencia no ceda, los bolsillos no se llenen y ya no pueda echarles la culpa a otros presidentes.

¿Qué ha sido lo bueno de su gobierno? Que López Obrador se ha mantenido constante en ser López Obrador ¿y lo malo? Que López Obrador se ha mantenido constante en ser López Obrador.

Entre lo bueno se puede considerar que se han eliminado los excesos en los que caían los funcionarios del gobierno federal, suprimido los incentivos perversos para la gente que sólo entraba al gobierno para enriquecerse.

El tabasqueño practica la austeridad republicana y la cercanía con la gente, a través de sus constantes giras. Para muchos, su política social es populista y está arraigando a la gente a la pobreza, pero debe reconocerse que el apoyo a los grupos más necesitados, vulnerables y rezagados no tiene precedente. También logró detener la caída en la producción de Pemex y el robo de combustible.

Entre lo malo se encuentra la eliminación de recursos a las guarderías, la cancelación del aeropuerto de Texcoco en la que dio la primera señal a los inversionistas de que en México todo se decide por filias y fobias.

 Su extraña política exterior en la que, a conveniencia, decide si intervenir o no en asuntos de otros países. Lo malo es su franco desprecio por el medio ambiente. Prefiere dedicarle recursos a la Refinería Dos Bocas y no promover las energías limpias.

También sus conferencias de prensa que se ha centrado toda la comunicación del gobierno federal, pero que se han convertido en largos monólogos, donde contesta lo que quiere y cuándo le parece y en la que muchas veces dice verdades a medias o francas mentiras.

Lo feo de su gobierno ha sido las imposiciones de funcionarios, cuyo único talento es la incondicionalidad hacia el mandatario. Ejemplo de ello son Rosario Ibarra, al frente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y Ángel Carrizales, en la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente y quien fue rechazado cinco veces por el Senado para ocupar diversos cargos por falta de aptitudes.

Él dice que prefiere la honestidad que la experiencia, como si se tratara de escoger una u otra. ¿Es mucho pedir que tengan las dos?

En este rubro también se encuentra el maltrato constante hacia los periodistas cuando no cubren las actividades o declaraciones como el Presidente espera.

Su golpeteo a los órganos autónomos para desestabilizarlos. En lo feo está su gabinete y los morenistas en el Congreso que fungen como los floreros más caros de México.

Lo peor es que se sigue aferrando en continuar con la no-estrategia de seguridad, a pesar de las cifras récord en violencia, del culiacanazo y de la masacre de la familia Lebarón, el mandatario ha insistido en que abrazos y no balazos, el no caer en provocaciones y acusar a los delincuentes con sus mamás, es la mejor forma de acabar con la inseguridad.

Lo peor también es el autoengaño. Pretender que el país va requetebién no le permite hacer los cambios necesarios para enderezar el rumbo en la economía.

Lo peor fue su silencio cómplice y permisivo ante la sinvergüenzada de Jaime Bonilla que quiere permanecer en el cargo cinco años y no dos.

Lo bueno es que el presidente López Obrador quiere pasar a la historia como el mejor Presidente de México, lo malo es que le falta mucho para lograrlo.

Por Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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Si me gano el avión

2020-01-18 15:04:57 | El Pionero

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Para cuando lean estas líneas, seguramente ya estaremos hartos de reírnos de los memes y los chistes sobre la rifa del avión presidencial. Y ya atemperados los ánimos sobre el tema, es buen momento para pensar por qué esta propuesta a primera vista tan disparatada es una joya de la comunicación política y no, como muchos ven, una mera puntada en la lista de ocurrencias chuscas del presidente. Tampoco es, como ve The Guardian, “un intento desesperado” de parte de AMLO en su obstinación por cumplir una promesa de campaña.


    

La propuesta de rifar el avión presidencial lanza un fuerte mensaje con dos contenidos: por un lado, que lo verdaderamente ridículo y digno de escarnio es la ostentación y el despilfarro que representa ese aparato; y, por otro, que una vez más, la gente tiene la capacidad de involucrarse en una decisión política y salir en desagravio de la nación mediante una acción colectiva.

La propuesta de la rifa fue una de entre cinco posibilidades, que el presidente puso a consideración del público en su conferencia del 17 de enero. Las propuestas se fueron presentando en orden, de la más sensata a la más absurda. Porque, en efecto, la rifa de un Boeing 787 es un disparate, pero ese es el mensaje de AMLO: no es más ridícula que el hecho mismo de haberlo comprado.

A medida que se presentaron las cinco propuestas, se explicaba por qué no eran del todo viables: ya fuera que se ofreciera a un solo comprador, al gobierno de Estados Unidos a cambio de equipo médico, a una sociedad de empresas, o que se rentara por hora, el problema de fondo es que nadie quiere usar un artefacto tan groseramente dispendioso. Los empresarios recalcan que usarlo les daría vergüenza y hasta las personas más ricas del mundo prefieren rentar espacios de lujo en vuelos comerciales que poseer un armatoste así, nos cuenta el presidente.

Entonces viene la propuesta de la rifa: 6 millones de cachitos de 500 pesos. La audiencia deja escapar risas, piensan que AMLO está bromeando. Pero la idea se instaura pronto en la conversación pública y los de a pie nos empezamos a imaginar qué haríamos si nos llevamos el boleto ganador. Como ya lo cantaba Chava Flores, nada le es más fácil a un mexicano que soñar que se saca la lotería. ¿Qué haríamos usted o yo con un avión así? Una fiesta, desde luego. Los quince años de la sobrina. Un viaje a Acapulco. Y cuando termine el año de operación que vendría incluido, nos desharíamos de él, claro… ¿pero cómo? El sueño se acaba exactamente en la pesadilla actual del Presidente, nos pone en sus zapatos: tratando de deshacernos de un palacio del aire que no necesitamos, ni nosotros ni ningún mortal, y que nadie quiere adquirir porque su existencia misma es un insulto.

Lo que logra AMLO con la idea de la rifa es, figurativamente, poner el problema del avión en nuestro patio, y a nosotros en la piel del presidente. A la vez, nos llama a involucrarnos de la mejor manera que sabemos: riéndonos y soñando situaciones improbables, pero que nos ayudan a apreciar la dimensión enorme del problema. También, sutilmente, nos invita a plantearnos una posibilidad: ¿se imaginan qué habría pasado si, antes de hacer este gasto delirante, Felipe Calderón lo hubiera sometido a la consulta pública ? No sabemos. Podemos imaginar cosas absurdas como ganarnos un Boeing 787 en una rifa, pero no tan descabelladas como que los gobiernos anteriores hubieran tenido la ética de consultar sus decisiones con la gente.

Por: Violeta Vázquez-Rojas. Lingüista. Estudia la gramática del purépecha y del español. Interesada en divulgar la ciencia del lenguaje y en desterrar algunos mitos y prejuicios acerca de las lenguas, de las palabras y de sus usos. 

 

 

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