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Cinco frases que siempre has dicho mal y quizá no lo sabías

2019-11-25 07:34:02 | El Pionero

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En Las malas lenguas, Juan Domingo Argüelles recopiló cientos de pleonasmos y sinsentidos del español que todos hemos pronunciado alguna vez.


    

Convencido de que la gente habla y escribe mal, Juan Domingo Argüelles reunió más de 600 páginas de redundancias, barbarismos y sinsentidos en el libro Las malas lenguas (Océano, 2018).

"Todos cabemos en este costal —explica Juan Domingo en la introducción—, pero algunos podemos y queremos salir de él".

Por eso reunimos aquí algunos de los ejemplos que recogió en su libro, con su respectiva explicación.

Cita previa

No hay citas que no sean previas, asegura Argüelles, pues el sustantivo femenino cita se refiere al "señalamiento, asignación de día, hora y lugar para verse y hablarse dos o más personas", o bien a la "reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado", según el Diccionario de la RAE.

Por otro lado, el adjetivo previo, según María Moliner, "se aplica a lo que precede y sirve de preparación a algo".

Esta expresión redundante tiene su origen en el español culto, puesto que es utilizada especialmente por profesionistas y hoy ha infestado incluso a las publicaciones impresas.

 

Descuido humano

La expresión no tiene sentido para explicar un accidente, escribe Juan Domingo.

Los descuidos son siempre humanos. Descuido es un sustantivo que significa "omisión, negligencia o falta de cuidado", pero también "olvido o inadvertencia".

Puede argumentarse que se utiliza en oposición a "falla técnica", pero es que incluso una falla técnica se puede tratar de un descuido, pues si un automóvil se queda sin frenos y ocasiona un accidente mortal es porque hubo alguien que no lo llevó al servicio mecánico o, si lo llevó, el encargado de atender esto lo hizo con negligencia, es decir con descuido.

Es una tontería hablar de "descuidos o errores humanos" en el contexto en el que siempre se usan: accidentes y problemas ocasionados por negligencia, inadvertencia, omisión, exceso de confianza, olvido o idiotez.

 

Lucir deslumbrante o lucir mal

Podemos decir que alguien "luce despampanante", pero no "deslumbrante", pues el verbo intransitivo lucir tiene dos acepciones principales: "brillar, resplandecer" y "sobresalir, aventajar".

También funciona como verbo transitivo, con el significado de "iluminar, comunicar luz y claridad" o bien "llevar a la vista, exhibir lo que alguien se ha puesto, normalmente como adorno".

En cuanto al adjetivo deslumbrante, hay que decir que deriva del verbo deslumbrar, cuyas acepciones son: "ofuscar la vista o confundirla con el exceso de luz"; "dejar a alguien confuso, admirado"; "producir gran impresión con estudiado exceso de lujo".

Deslumbrar y lucir son prácticamente sinónimos, por lo tanto la expresión lucir deslumbrante es una redundancia.

¿Puede alguien lucir mal? Por supuesto que no. Se trata de un oxímoron involuntario que da como resultado una barrabasada. Nadie puede "lucir" o "deslumbrar" en un sentido negativo.

 

Ojalá Dios quiera

Ojalá es una interjección del español que proviene del árabe hispánico que se traduce literalmente como "si Dios quiere" y que, de acuerdo con la RAE, "denota vivo deseo de que suceda algo". El disparate consiste en que al decir y escribir ojalá ya está implícito y expresado el sentido literal de "si Dios quiere".

Según Argüelles, se trata de un desbarre lo mismo culto que inculto.

 

Puño cerrado

No hay puños abiertos ni puños cerrados, lo que hay es, simplemente, puños. La mano cerrada es ya un puño y si la abrimos, deja de serlo. Juan Domingo consigna un ejemplo que demuestra que los dislates afectan hasta a los maestros del lenguaje:

El gran poeta Rafael Alberti, cuando retornó de España después de un largo exilio, declaró lo siguiente:

"Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta".

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Pelear con tu mamá indica que eres igualita a ella

2020-01-17 17:37:06 | El Pionero

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“Todo lo que te molesta de otros seres es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”


    

¿Te ha pasado que sientes que no le tienes paciencia a tu madre? ¿Todo de molesta de ella? ¿No puedes tener una plática profunda con ella? Eso puede ser porque ambos son iguales. Sí, sacaste todo de tu propia madre.

La relación entre madre e hijos es difícil, las emociones entorno a ellos va girando como fuera de la fortuna y no sabes si te tocará un día bueno o malo.

Hay discusiones que nos han hecho decir muchas cosas, hasta un ‘te odio’, pero la verdad es que somos un espejo de la persona que también más amamos, nuestra madre.

De acuerdo con análisis de los psicólogos, una madre siempre quiere lo mejor para sus hijos, y existe una sobreprotección para que no pasen lo que ellas vivieron. Esto provoca que en la adolescencia se vuelven rebeldes.

La experta Marta Segrelles dice: “Todo lo que te molesta de otros seres es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”

Sabemos que aunque no queramos escuchar los consejos de nuestra madre, siempre terminan teniendo la razón, siempre terminamos pidiendo perdón porque la regamos.

No hay mejor manera que dejar que los hijos solucionen sus propios problemas, dar consejos como madre es importante, pero siempre hay que dejar que experimentes y fracasen.

Si peleas con tu madre es porque le molestan las mismas cosas que tú, porque se siente igual que tú, porque actúa igual que tú pero en diferente edad.

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