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Confirmado: entre más cara la boda, menos dura el matrimonio

2019-11-17 20:06:41 | El Pionero

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Un estudio indica que, mientras más cara sea la boda, los matrimonios tienen más posibilidades de separarse en el futuro inmediato.


    

¿Estás planeando casarte en el 2020? ¿Quieres tener una boda ostentosa que nadie olvide? Ten cuidado, pues de acuerdo con un estudio, los matrimonios que tiene una boda ostentosa son los que más rápido se divorcian.

El análisis fue hecho por los economistas Andrew Francis-Tan y Hugo M. Mialon, quienes encontraron cierta relación entre el costo de la boda y las parejas que seguían unidas o divorciadas; esto después de entrevistar a 3 mil matrimonios y ex matrimonios.

La gran mayoría de parejas divorciadas declararon que tuvieron una boda muy cara, mientras que aquellas que siguen de manera estable, tuvieron una celebración más sencilla. Asimismo, el costo del anillo de compromiso también influye.

¿Cuánto cuesta una boda cara?

Muchas personas se deben de estar preguntando, ¿Cuánto cuesta una boda cara? ¿Cuáles son los criterios para saber si la fiesta es ostentosa o sencilla? Bueno, según la investigación, una ceremonia cara rondarían entre los 40 y 80 mil pesos.

Por su parte, algo más sencillo no alcanzaría los mencionados 40 mil pesos. Así, quienes gastan más tiene 1.3 veces más probabilidades de separarse que los que gastan menos. No sólo eso, si tu boda sale en menos de 20 mil, las posibilidades de divorcio disminuyen dramáticamente.

Pero ojo, esto no es el único criterio por el que las parejas se mantienen unidas; otra cosa a considerar es que los involucrados sigan sintiendo atracción el uno por el otro a pesar de la paso del tiempo.

Además, el amor sí juega un rol importante; si se ha construido una relación en base al respeto, la tolerancia, el afecto y la amistad; es mucho más difícil que los matrimonios se lleguen a romper, contrario a parejas que carecen de estos elementos.

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Cinco frases que siempre has dicho mal y quizá no lo sabías

2019-11-25 07:34:02 | El Pionero

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En Las malas lenguas, Juan Domingo Argüelles recopiló cientos de pleonasmos y sinsentidos del español que todos hemos pronunciado alguna vez.


    

Convencido de que la gente habla y escribe mal, Juan Domingo Argüelles reunió más de 600 páginas de redundancias, barbarismos y sinsentidos en el libro Las malas lenguas (Océano, 2018).

"Todos cabemos en este costal —explica Juan Domingo en la introducción—, pero algunos podemos y queremos salir de él".

Por eso reunimos aquí algunos de los ejemplos que recogió en su libro, con su respectiva explicación.

Cita previa

No hay citas que no sean previas, asegura Argüelles, pues el sustantivo femenino cita se refiere al "señalamiento, asignación de día, hora y lugar para verse y hablarse dos o más personas", o bien a la "reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado", según el Diccionario de la RAE.

Por otro lado, el adjetivo previo, según María Moliner, "se aplica a lo que precede y sirve de preparación a algo".

Esta expresión redundante tiene su origen en el español culto, puesto que es utilizada especialmente por profesionistas y hoy ha infestado incluso a las publicaciones impresas.

 

Descuido humano

La expresión no tiene sentido para explicar un accidente, escribe Juan Domingo.

Los descuidos son siempre humanos. Descuido es un sustantivo que significa "omisión, negligencia o falta de cuidado", pero también "olvido o inadvertencia".

Puede argumentarse que se utiliza en oposición a "falla técnica", pero es que incluso una falla técnica se puede tratar de un descuido, pues si un automóvil se queda sin frenos y ocasiona un accidente mortal es porque hubo alguien que no lo llevó al servicio mecánico o, si lo llevó, el encargado de atender esto lo hizo con negligencia, es decir con descuido.

Es una tontería hablar de "descuidos o errores humanos" en el contexto en el que siempre se usan: accidentes y problemas ocasionados por negligencia, inadvertencia, omisión, exceso de confianza, olvido o idiotez.

 

Lucir deslumbrante o lucir mal

Podemos decir que alguien "luce despampanante", pero no "deslumbrante", pues el verbo intransitivo lucir tiene dos acepciones principales: "brillar, resplandecer" y "sobresalir, aventajar".

También funciona como verbo transitivo, con el significado de "iluminar, comunicar luz y claridad" o bien "llevar a la vista, exhibir lo que alguien se ha puesto, normalmente como adorno".

En cuanto al adjetivo deslumbrante, hay que decir que deriva del verbo deslumbrar, cuyas acepciones son: "ofuscar la vista o confundirla con el exceso de luz"; "dejar a alguien confuso, admirado"; "producir gran impresión con estudiado exceso de lujo".

Deslumbrar y lucir son prácticamente sinónimos, por lo tanto la expresión lucir deslumbrante es una redundancia.

¿Puede alguien lucir mal? Por supuesto que no. Se trata de un oxímoron involuntario que da como resultado una barrabasada. Nadie puede "lucir" o "deslumbrar" en un sentido negativo.

 

Ojalá Dios quiera

Ojalá es una interjección del español que proviene del árabe hispánico que se traduce literalmente como "si Dios quiere" y que, de acuerdo con la RAE, "denota vivo deseo de que suceda algo". El disparate consiste en que al decir y escribir ojalá ya está implícito y expresado el sentido literal de "si Dios quiere".

Según Argüelles, se trata de un desbarre lo mismo culto que inculto.

 

Puño cerrado

No hay puños abiertos ni puños cerrados, lo que hay es, simplemente, puños. La mano cerrada es ya un puño y si la abrimos, deja de serlo. Juan Domingo consigna un ejemplo que demuestra que los dislates afectan hasta a los maestros del lenguaje:

El gran poeta Rafael Alberti, cuando retornó de España después de un largo exilio, declaró lo siguiente:

"Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta".

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