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Las mañaneras

2019-11-10 20:44:31 | El Pionero

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Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana?


    

Una conferencia de prensa es una actividad en la que una institución o persona convoca a los medios para darles información y responder las dudas que lleguen a surgir. Las conferencias de la mañana del presidente Andrés Manuel López Obrador han revolucionado este concepto porque no están hechas para responderle a los medios, sino para hablarle a los seguidores del mandatario.

Estos ejercicios mañaneros por lo regular son de 7 a 9 de la mañana, lo cual sería suficiente para aclarar las dudas de los reporteros, pero el Presidente se ha vuelto especialista en quemar el tiempo utilizando en ocasiones hasta 40 minutos en contestar alguna pregunta. Por eso no extrañan mañaneras como las del jueves pasado, donde en casi dos horas sólo respondió preguntas de cinco reporteros, incluyendo las de sus fanáticos.

Otra especialidad que ha adquirido el Ejecutivo es que cuando no quiere abordar algún tema incómodo le da la palabra a sus incondicionales, quienes le preguntan del beisbol, lo felicitan por algún magnífico programa, o le cuentan la historia de alguna comunidad apartada donde existe algún problema ancestral que no se ha resuelto, lo que le da tiempo al Presidente para hablar largo y tendido de Juárez, Díaz, Huerta, Zapata o cualquier héroe nacional.

De igual manera, las respuestas del tabasqueño se han vuelto monotemáticas. A cualquier pregunta sobre el mal desempeño económico del país, llámese nulo crecimiento económico, caída en el consumo interno, desplome en la industria de la construcción o automotriz, el mandatario invariablemente responderá que lo importante es el desarrollo y no el crecimiento; que él tiene otros datos y que se están dispersando fondos en beneficio de los pobres, como no se hacía antes; que la inflación se mantiene a la baja, las remesas de los paisanos a la alta y que el peso es la moneda que más se ha fortalecido.

Si la pregunta es sobre los altos índices de violencia o inseguridad, la respuesta del Presidente será que su estrategia es garantizar el bienestar de la población, que incluye que no haya corrupción, que se fortalezcan los valores en lo cultural, en lo moral y en lo espiritual; que no se enfrente la violencia con violencia. Dirá que se llegó al extremo porque se abandonó al pueblo, a los jóvenes, por quienes nunca se hizo nada, sólo decirles ninis, y que se desintegró a la familia.

Ante la opinión de cualquier persona que no piense como él o lo desmienta dirá que respeta su opinión, pero no la comparte, que tiene toda la libertad para expresarse y manifestarse, pero que él… y aquí viene la respuesta que será tan belicosa o dócil dependiendo de si es un adversario político o el Presidente estadunidense.

Por supuesto habrá frases que nunca faltarán como las de: “No somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”, “nos dejaron un cochinero” o “la peor herencia que nos dejaron”, “hay que mover a este elefante cansado traumático”, “como nunca antes se está… (ponga la respuesta que quiera)” y siempre se culpará al pasado neoliberal de que no haya más avances. 

Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana? De entrada no hay de otra, el Presidente ha centrado la comunicación del gobierno federal en su figura, pero además se ha convertido en la única manera donde, cada vez más, los medios comienzan a detenerlo cuando comienza a declarar imprecisiones, por decir lo menos y lo confrontan. Algunos dirán que deberían respetar la envestidura presidencial, otros que el que se lleva se aguanta. Lo que es un hecho, es que es un ejercicio inédito donde se revelan de manera muy clara las habilidades y carencias de todos los asistentes.

Vianey Esquinca/ La Inmaculada percepción

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Lo bueno, lo malo y lo feo

2019-12-01 15:25:19 | El Pionero

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Si bien su popularidad ha bajado, todavía tiene gran respaldo popular. ¿Cuándo se le acabará?


    

Hoy se cumple el primer año de que Andrés Manuel López Obrador se convirtió oficialmente —aunque mandaba desde antes— en Presidente de México. Desde que ganó las elecciones, los mexicanos se abrocharon los cinturones porque su peculiar forma de gobernar ha causado más de una turbulencia.

Si bien su popularidad ha bajado, todavía tiene gran respaldo popular. ¿Cuándo se le acabará? Cuando pase otro año y la violencia no ceda, los bolsillos no se llenen y ya no pueda echarles la culpa a otros presidentes.

¿Qué ha sido lo bueno de su gobierno? Que López Obrador se ha mantenido constante en ser López Obrador ¿y lo malo? Que López Obrador se ha mantenido constante en ser López Obrador.

Entre lo bueno se puede considerar que se han eliminado los excesos en los que caían los funcionarios del gobierno federal, suprimido los incentivos perversos para la gente que sólo entraba al gobierno para enriquecerse.

El tabasqueño practica la austeridad republicana y la cercanía con la gente, a través de sus constantes giras. Para muchos, su política social es populista y está arraigando a la gente a la pobreza, pero debe reconocerse que el apoyo a los grupos más necesitados, vulnerables y rezagados no tiene precedente. También logró detener la caída en la producción de Pemex y el robo de combustible.

Entre lo malo se encuentra la eliminación de recursos a las guarderías, la cancelación del aeropuerto de Texcoco en la que dio la primera señal a los inversionistas de que en México todo se decide por filias y fobias.

 Su extraña política exterior en la que, a conveniencia, decide si intervenir o no en asuntos de otros países. Lo malo es su franco desprecio por el medio ambiente. Prefiere dedicarle recursos a la Refinería Dos Bocas y no promover las energías limpias.

También sus conferencias de prensa que se ha centrado toda la comunicación del gobierno federal, pero que se han convertido en largos monólogos, donde contesta lo que quiere y cuándo le parece y en la que muchas veces dice verdades a medias o francas mentiras.

Lo feo de su gobierno ha sido las imposiciones de funcionarios, cuyo único talento es la incondicionalidad hacia el mandatario. Ejemplo de ello son Rosario Ibarra, al frente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y Ángel Carrizales, en la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente y quien fue rechazado cinco veces por el Senado para ocupar diversos cargos por falta de aptitudes.

Él dice que prefiere la honestidad que la experiencia, como si se tratara de escoger una u otra. ¿Es mucho pedir que tengan las dos?

En este rubro también se encuentra el maltrato constante hacia los periodistas cuando no cubren las actividades o declaraciones como el Presidente espera.

Su golpeteo a los órganos autónomos para desestabilizarlos. En lo feo está su gabinete y los morenistas en el Congreso que fungen como los floreros más caros de México.

Lo peor es que se sigue aferrando en continuar con la no-estrategia de seguridad, a pesar de las cifras récord en violencia, del culiacanazo y de la masacre de la familia Lebarón, el mandatario ha insistido en que abrazos y no balazos, el no caer en provocaciones y acusar a los delincuentes con sus mamás, es la mejor forma de acabar con la inseguridad.

Lo peor también es el autoengaño. Pretender que el país va requetebién no le permite hacer los cambios necesarios para enderezar el rumbo en la economía.

Lo peor fue su silencio cómplice y permisivo ante la sinvergüenzada de Jaime Bonilla que quiere permanecer en el cargo cinco años y no dos.

Lo bueno es que el presidente López Obrador quiere pasar a la historia como el mejor Presidente de México, lo malo es que le falta mucho para lograrlo.

Por Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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