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Lo que sí calienta

2019-10-27 20:25:01 | El Pionero

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¿Cuál es el problema? Que en las últimas marchas que han acabado de forma violenta los dejan hacer lo que quieren.


    

Centralizar la comunicación federal en la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador le ha traído sustanciales ventajas como fijar la agenda nacional con sus conferencias matutinas, hablarle de manera directa a la audiencia o marcarle línea al resto de su gabinete sobre temas esenciales.

Sin embargo, esta estrategia también tiene sus contras y es que el Presidente no se puede equivocar porque sus errores son magnificados y después de él, a nadie se le puede enmendar la plana.

El ejemplo más reciente fue con el Culiacangate, todavía sin poder salir de la crisis institucional y de comunicación en el que está hundido el gobierno y el Gabinete de Seguridad, el mandatario tuvo peligrosos resbalones. Ya había quedado claro que él no estaba enterado del operativo para capturar a Ovidio Guzmán, ni si tenía orden de extradición. Sin embargo, 6 días después dijo en su conferencia que no tenía información sobre si el otro hijo de El Chapo, Iván Archivaldo, había sido también detenido y liberado. Que el Ejecutivo, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, siguiera sin saber los detalles del operativo una semana después es algo que va más allá del debate si liberar a Ovidio fue buena idea o no.

Hubo, además, un importante detalle que no pasó desapercibido y es que el tabasqueño ha dicho reiteradamente que está enterado de todo, pero él, al menos en el caso Culiacán, no estaba informado de nada.

En ocasiones, incluso en la misma conferencia, declara cosas que podrían ser contradictorias. Cuando le preguntaron sobre las declaraciones del secretario adjunto de Estado para Asuntos Internacionales de Narcotráfico, Richard Glenn, quien señaló que le preocupaba la estrategia que tenía México para combatir el narcotráfico, el morenista señaló que “no deben funcionarios de otros países opinar sobre asuntos internos que sólo corresponden a nuestro gobierno, es hasta de mal gusto hacerlo”. Sin embargo, no fue de mal gusto que cuando se refirió al ranking de confianza de inversiones extranjeras elaborado por el Banco Mundial en el que México cayó en segundo lugar, haya dicho entre risas y tono burlón: “¿y quién creen ustedes que pasa a ocupar el primer lugar? Chile”.

En esas mañaneras, sus subalternos lo han obligado a defender lo indefendible haciéndole trastabillar. El martes 22 de octubre, alcaldes de oposición llegaron hasta Palacio Nacional para manifestarse en contra de los recortes presupuestales, los recibieron con gas lacrimógeno o gas disuasivo o aerosol defensivo natural o spray ambiental picapica —el gobierno dio varias versiones sobre la sustancia que utilizó—. Cuando el mandatario fue cuestionado, dijo: “Fue una decisión que tomaron en la puerta, sintieron que iban a ser rebasados y tomaron esta decisión” y a la pregunta sobre si él respaldaba esa decisión, respondió: “Es que a lo mejor eso evitó una situación más grave”.

¿Cuál es el problema? Que en las últimas marchas que han acabado de forma violenta en la Ciudad de México los dejan hacer lo que quieren. Tan sólo el jueves, encapuchados vandalizaron Insurgentes Sur y no hubo ni el más mínimo intento de disuadirlos ni siquiera con “dosis moderadas” de spray para pelo.

La falta de congruencia, tener doble racero es lo que sí calienta, parafraseando al Presidente, porque es ahí donde la credibilidad empieza a tambalear.

Todo apunta a que, al menos en el corto plazo, no variará la estrategia de comunicación y que el mandatario seguirá siendo el que picha, el que cacha y el que no deja batear a nadie más, pero entonces habría que cuidarlo más, informarle sobre los temas más relevantes y no dejarlo tropezar tan feo.

Vianey Esquinca/ La inmaculada percepción

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Las mañaneras

2019-11-10 20:44:31 | El Pionero

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Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana?


    

Una conferencia de prensa es una actividad en la que una institución o persona convoca a los medios para darles información y responder las dudas que lleguen a surgir. Las conferencias de la mañana del presidente Andrés Manuel López Obrador han revolucionado este concepto porque no están hechas para responderle a los medios, sino para hablarle a los seguidores del mandatario.

Estos ejercicios mañaneros por lo regular son de 7 a 9 de la mañana, lo cual sería suficiente para aclarar las dudas de los reporteros, pero el Presidente se ha vuelto especialista en quemar el tiempo utilizando en ocasiones hasta 40 minutos en contestar alguna pregunta. Por eso no extrañan mañaneras como las del jueves pasado, donde en casi dos horas sólo respondió preguntas de cinco reporteros, incluyendo las de sus fanáticos.

Otra especialidad que ha adquirido el Ejecutivo es que cuando no quiere abordar algún tema incómodo le da la palabra a sus incondicionales, quienes le preguntan del beisbol, lo felicitan por algún magnífico programa, o le cuentan la historia de alguna comunidad apartada donde existe algún problema ancestral que no se ha resuelto, lo que le da tiempo al Presidente para hablar largo y tendido de Juárez, Díaz, Huerta, Zapata o cualquier héroe nacional.

De igual manera, las respuestas del tabasqueño se han vuelto monotemáticas. A cualquier pregunta sobre el mal desempeño económico del país, llámese nulo crecimiento económico, caída en el consumo interno, desplome en la industria de la construcción o automotriz, el mandatario invariablemente responderá que lo importante es el desarrollo y no el crecimiento; que él tiene otros datos y que se están dispersando fondos en beneficio de los pobres, como no se hacía antes; que la inflación se mantiene a la baja, las remesas de los paisanos a la alta y que el peso es la moneda que más se ha fortalecido.

Si la pregunta es sobre los altos índices de violencia o inseguridad, la respuesta del Presidente será que su estrategia es garantizar el bienestar de la población, que incluye que no haya corrupción, que se fortalezcan los valores en lo cultural, en lo moral y en lo espiritual; que no se enfrente la violencia con violencia. Dirá que se llegó al extremo porque se abandonó al pueblo, a los jóvenes, por quienes nunca se hizo nada, sólo decirles ninis, y que se desintegró a la familia.

Ante la opinión de cualquier persona que no piense como él o lo desmienta dirá que respeta su opinión, pero no la comparte, que tiene toda la libertad para expresarse y manifestarse, pero que él… y aquí viene la respuesta que será tan belicosa o dócil dependiendo de si es un adversario político o el Presidente estadunidense.

Por supuesto habrá frases que nunca faltarán como las de: “No somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”, “nos dejaron un cochinero” o “la peor herencia que nos dejaron”, “hay que mover a este elefante cansado traumático”, “como nunca antes se está… (ponga la respuesta que quiera)” y siempre se culpará al pasado neoliberal de que no haya más avances. 

Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana? De entrada no hay de otra, el Presidente ha centrado la comunicación del gobierno federal en su figura, pero además se ha convertido en la única manera donde, cada vez más, los medios comienzan a detenerlo cuando comienza a declarar imprecisiones, por decir lo menos y lo confrontan. Algunos dirán que deberían respetar la envestidura presidencial, otros que el que se lleva se aguanta. Lo que es un hecho, es que es un ejercicio inédito donde se revelan de manera muy clara las habilidades y carencias de todos los asistentes.

Vianey Esquinca/ La Inmaculada percepción

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