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Humillación a López Obrador

2019-10-21 15:23:37 | El Pionero

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La operación para capturar a Ovidio Guzmán López el jueves pasado en Culiacán, fracasó antes de empezar. No nos entrampemos en la discusión moral sobre si fue correcta o no la decisión presidente Andrés Manuel López Obrador sobre su liberación para salvar vidas –de eso hablaremos mañana-, porque oculta la magnitud y profundidad de la acción de un gobierno que llevaron a esa disyuntiva, y perfila lo ominoso del futuro. Como dice una experta en temas de seguridad, “las vidas no se salvan el día de la operación, sino de la planeación”. El jueves 17 de octubre definirá en muchos sentidos al gobierno de López Obrador.


    

Investigar a los mandos que ejecutaron la operación en campo, como anunció el gobierno el fin de semana, es un acto de cinismo que elude a la autocrítica y busca salvar la cabeza de los verdaderos responsables del desastre, que fue el gabinete de seguridad y, al avalar sus recomendaciones, del presidente mismo. La operación para capturar a Guzmán López se hizo por petición del gobierno de Estados Unidos para efectos de extradición. Por eso fue encabezada por agentes de la Fiscalía General apoyados por la DEA –primer anomalía, sobre la actuación en campo de agentes extranjeros-, con el respaldo táctico de la Guardia Nacional y el Ejército. 

 

¿Qué falló? 

1.- Culiacán, como otras ciudades de alta presencia criminal, está llena de halcones, que informan de cualquier movimiento sospechoso. Por tanto, cometió el gabinete de seguridad errores que no se dieron en el pasado al planear la captura de un objetivo de alto impacto:

a) No incorporar personal de la plaza, con lo cual evitaban filtraciones o ser     sometidos a chantajes, como sucedió con la privación de la libertad de familiares de militares que participaban en la operación.

b) Intervención hormiga. En el pasado, los comandos especiales que realizaban la operación, llegaban a la plaza clandestinamente, uno por uno, o en grupos menores de tres, en vehículos privados para evitar ser detectados. No partían de las instalaciones federales que siempre están bajo vigilancia.

c) Inteligencia. El trabajo de inteligencia fue insuficiente. Sabían en dónde estaba Guzmán López, pero desconocían el diseño de seguridad del Cártel de Sinaloa en caso de una contingencia como la que enfrentaron. La desarticulación fue tan notoria, que una de las dependencias de donde salió la fotografía de Guzmán López hacia los medios fue el Centro Nacional de Inteligencia, con lo cual exhibió, involuntaria o deliberadamente, a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, cabeza de la operación.

2.- Ese tipo de operaciones se planea bajo la presunción de que se va a enfrentar resistencia y que para cumplirla tendrán que abrirse el paso a fuego. Para ello se requiere:

d) Elemento de sorpresa. Un convoy que sale de las instalaciones federales en Culiacán, a nadie sorprende y los halcones dieron cuenta perfecta de él.

 e) Control de las comunicaciones. Por la rápida forma como reaccionaron todos los grupos del Cártel de Sinaloa para apoyar a la facción de los hermanos Guzmán López, se puede presumir que no saturaron las comunicaciones telefónicas o de radio de la organización criminal.

f) Capacidad de fuego. Como admitió el secretario de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, subestimaron la fuerza del enemigo. Inaceptable como argumento; imperdonable en la estrategia. Tampoco utilizaron los Blackhawks, que dejaron en tierra por temor a que se los derribaran. La falta de apoyo aéreo contribuyó al desastre, al ignorar el gabinete de seguridad que son helicópteros de guerra y tienen blindaje para ello.

g) No hubo plan de extracción. Esta es una de las pruebas más fehacientes del incompetente plan. ¿A alguien en ese gabinete se le ocurrió que tendrían que sacar a su objetivo de manera rápida y segura de Culiacán?

La captura telegrafiada y la incapacidad para realizar quirúrgicamente el operativo, hizo imposible concluirlo. En un video de la Secretaría de la Defensa que comenzó a circular el viernes, dejó claro que los soldados cumplieron con la misión de capturarlo. Lo que sucedió después, sugieren claramente, no fue responsabilidad de los militares. Guzmán López fue llevado a las oficinas de la Fiscalía en Culiacán, donde los cercaron. Mientras tanto, el Cártel de Sinaloa estableció dos perímetros de seguridad en las carreteras que conectaban con Culiacán y tomaron el aeropuerto, para frenar cualquier acción de apoyo. Es decir, hicieron lo que la operación debió de haber considerado y no hicieron. Bloquearon las calles de la ciudad con barricadas de vehículos incendiados, con el mismo propósito.

El Cártel de Sinaloa también le ganó la narrativa al gobierno federal. Los secretarios de la Defensa y de Seguridad, Alfonso Durazo, se contradijeron desde el mismo jueves, y el choque de versiones continuó al día siguiente. El presidente López Obrador desmintió y corrigió a ambos. Nunca hubo un grupo de crisis y el responsable de comunicación social, Jesús Ramírez Cuevas, volvió a mostrar su incompetencia al no ordenar el mensaje. Atascado en propaganda y difamaciones, no supo cómo contrarrestar la desinformación criminal. En cambio, el abogado de Joaquín El Chapo Guzmán, padre del detenido, fue quien orientó desde el jueves la información y ofreció una conferencia de prensa el viernes para agradecer al presidente su “humanitarismo”. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana pretendió impedir la conferencia, pero nunca supieron cómo. 

Militar, política y mediáticamente, el Cártel de Sinaloa humilló, chantajeó y derrotó al gobierno federal. La liberación de Ovidio Guzmán López la negoció directamente su hermano Iván, quien fijó las condiciones y los términos de la rendición. El presidente López Obrador justificó que dejarlo en libertad evitó un baño de sangre, pero ni siquiera supo lo que confesó, lo que provocó y las consecuencias que tendrá su decisión.

Publicado por Raymundo Riva Palacio/Estríctamente personal

 

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Las mañaneras

2019-11-10 20:44:31 | El Pionero

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Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana?


    

Una conferencia de prensa es una actividad en la que una institución o persona convoca a los medios para darles información y responder las dudas que lleguen a surgir. Las conferencias de la mañana del presidente Andrés Manuel López Obrador han revolucionado este concepto porque no están hechas para responderle a los medios, sino para hablarle a los seguidores del mandatario.

Estos ejercicios mañaneros por lo regular son de 7 a 9 de la mañana, lo cual sería suficiente para aclarar las dudas de los reporteros, pero el Presidente se ha vuelto especialista en quemar el tiempo utilizando en ocasiones hasta 40 minutos en contestar alguna pregunta. Por eso no extrañan mañaneras como las del jueves pasado, donde en casi dos horas sólo respondió preguntas de cinco reporteros, incluyendo las de sus fanáticos.

Otra especialidad que ha adquirido el Ejecutivo es que cuando no quiere abordar algún tema incómodo le da la palabra a sus incondicionales, quienes le preguntan del beisbol, lo felicitan por algún magnífico programa, o le cuentan la historia de alguna comunidad apartada donde existe algún problema ancestral que no se ha resuelto, lo que le da tiempo al Presidente para hablar largo y tendido de Juárez, Díaz, Huerta, Zapata o cualquier héroe nacional.

De igual manera, las respuestas del tabasqueño se han vuelto monotemáticas. A cualquier pregunta sobre el mal desempeño económico del país, llámese nulo crecimiento económico, caída en el consumo interno, desplome en la industria de la construcción o automotriz, el mandatario invariablemente responderá que lo importante es el desarrollo y no el crecimiento; que él tiene otros datos y que se están dispersando fondos en beneficio de los pobres, como no se hacía antes; que la inflación se mantiene a la baja, las remesas de los paisanos a la alta y que el peso es la moneda que más se ha fortalecido.

Si la pregunta es sobre los altos índices de violencia o inseguridad, la respuesta del Presidente será que su estrategia es garantizar el bienestar de la población, que incluye que no haya corrupción, que se fortalezcan los valores en lo cultural, en lo moral y en lo espiritual; que no se enfrente la violencia con violencia. Dirá que se llegó al extremo porque se abandonó al pueblo, a los jóvenes, por quienes nunca se hizo nada, sólo decirles ninis, y que se desintegró a la familia.

Ante la opinión de cualquier persona que no piense como él o lo desmienta dirá que respeta su opinión, pero no la comparte, que tiene toda la libertad para expresarse y manifestarse, pero que él… y aquí viene la respuesta que será tan belicosa o dócil dependiendo de si es un adversario político o el Presidente estadunidense.

Por supuesto habrá frases que nunca faltarán como las de: “No somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”, “nos dejaron un cochinero” o “la peor herencia que nos dejaron”, “hay que mover a este elefante cansado traumático”, “como nunca antes se está… (ponga la respuesta que quiera)” y siempre se culpará al pasado neoliberal de que no haya más avances. 

Ante todo esto, ¿vale la pena continuar con las conferencias de prensa de la mañana? De entrada no hay de otra, el Presidente ha centrado la comunicación del gobierno federal en su figura, pero además se ha convertido en la única manera donde, cada vez más, los medios comienzan a detenerlo cuando comienza a declarar imprecisiones, por decir lo menos y lo confrontan. Algunos dirán que deberían respetar la envestidura presidencial, otros que el que se lleva se aguanta. Lo que es un hecho, es que es un ejercicio inédito donde se revelan de manera muy clara las habilidades y carencias de todos los asistentes.

Vianey Esquinca/ La Inmaculada percepción

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