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El día del Presidente

2019-09-01 09:20:05 | El Pionero

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Antes de crucificar al mandatario hay que recordar que la autocrítica no ha estado presente ¡en ningún informe jamás!


    

Hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador dará su primer informe de gobierno y, como ya es costumbre, habrá análisis, comentarios y, por supuesto, críticas por lo que el Ejecutivo no diga, se calle, matice o no reconozca.

 

Sin embargo, antes de crucificar al mandatario y desgarrarse las vestiduras criticándolo, hay que hacer un alto en el camino y recordar que la autocrítica no ha estado presente ¡en ningún informe de gobierno jamás! No se tiene memoria de algún Ejecutivo que diga: “¿saben qué?, me he equivocado en la política económica/social que he seguido”. Si acaso, han reconocido que hay “retos”, “oportunidades”, o un “no hemos avanzado como esperábamos” para inmediatamente decir… pero “estamos trabajando y lo vamos a resolver”.

Los informes de los gobiernos federal, estatales o municipales de todos los partidos políticos se convierten en la fiesta de los gobernantes, son sólo el pretexto para que hablen delante de sus invitados sobre sus logros, lo que han cumplido y las maravillas que han hecho. Ahora, los ejecutivos ni siquiera tienen que ir al Congreso, ahorrándose así el feo momento de escuchar las rechiflas y gritos de la oposición.

Los gobernantes siempre realizan triples saltos mortales de alta complejidad y, seguramente, en esta ocasión no será la excepción, para transformar lo más negativo en positivo.

Hasta Enrique Peña Nieto, el presidente más impopular de los últimos sexenios, dijo en su último informe de gobierno que México era “mejor del que éramos hace seis años”. Así que, el amable lector no debe esperar que el actual mandatario rompa la bonita tradición de autoalabarse.

Por otro lado, ¿qué puede decir el presidente López Obrador distinto a lo que dijo en su evento del 1º de julio —cuando han pasado sólo dos meses desde entonces— o lo que dice todos los días en sus mañaneras? Si alguien ha sido transparente en su mensaje, es él.

Seguramente hablará del cochinero que dejaron los gobiernos neoliberales y conservadores, que lo importante no es el crecimiento económico, sino el desarrollo, que se cansa ganso de que va a cumplir sus promesas, que los gobiernos anteriores sólo les pusieron ninis a los jóvenes y que él los está apoyando, que él no actúa por consigna porque la venganza no es su fuerte y que, por supuesto, tienen pendiente resolver la inseguridad rampante que azota al país, aunque por eso se creó la súper mágica y milagrosa Guardia Nacional. Es altamente probable que haya alguna frase chistosa y pegadora y que su discurso sea muy aterrizado para que todos lo entiendan.

Existía la expectativa que durante su informe, el Presidente diera una noticia que cimbrara al país, pero el viernes, en su mañanera, cuando le preguntaron si habría sorpresas él respondió: “No, no, no. Si ustedes me sopean aquí todos los días, o sea, ¿qué sorpresa? Si el día 1º lo que hago es ordenar, lo que voy a hacer, lo que estoy haciendo es ordenar todo lo que es el plan de desarrollo y decir: Así vamos, esto es lo conceptual y esto es lo que se ha realizado básicamente”.

Así pues, si nos atenemos a lo que dijo el Presidente, que dice ser un hombre de palabra, podría no haber la gran noticia, aunque francamente se antoja difícil que no caiga en la tentación de sus antecesores para sacarse un as bajo la manga del que todo mundo hable.

Hay costumbres en la política que no se pueden evitar: buscar chivos expiatorios, defender lo indefendible, proteger a los suyos a pesar de la evidencia y, por supuesto, convertir el día del informe de gobierno en el día del Presidente. Si alguien piensa que esto va a cambiar hoy, gatitos, ¡ternurita!

Vianey Esquinca/La Inmaculada percepción

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El desgarrador evento de Torreón

2020-01-12 18:22:13 | El Pionero

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Leí con tristeza la noticia sobre el niño de un colegio de Torreón que disparó contra compañeros y maestros para, finalmente, quitarse la vida. Recordé un evento similar en 2017, llevado a cabo en la ciudad de Monterrey. Hace cuatro o cinco años pensábamos que este tipo de acontecimientos sucedían en Estados Unidos, en algún país del norte de Europa o en cierta provincia asiática. Desgraciadamente, suceden ahora también en México.


    

Han surgido algunas teorías relacionadas con el caso que, naturalmente, da pie a múltiples consideraciones en todos los ámbitos. Las primeras reacciones suelen enfocarse a las instituciones o personas directamente involucradas. ¿Sabían algo? ¿Pusieron suficientes medios? ¿Pondrán ahora revisión en mochilas de los alumnos? ¿Tiene alguna responsabilidad la institución? Algunas de estas preguntas resultan lógicas en relación con el evento. Es preciso hacérselas e intentar resolverlas. Sin embargo, no podemos reducir un acontecimiento tan desgarrador a estos aspectos de carácter técnico o procedimental.

Por otra parte, la tendencia en los medios tradicionales de noticias suele derivar en asuntos morbosos o anecdóticos. ¿Qué mensajes envió previamente el alumno que activó el arma? ¿Cuál era la historia de la maestra fallecida? ¿Por qué el alumno se vistió imitando a los alumnos del lamentable caso en Columbine? Ciertas líneas noticiosas buscan encabezados que llamen la atención del público, tanto lector como espectador.

Las redes sociales con frecuencia ponen el acento en enojos personales o comunitarios vinculados, de alguna manera, al evento. Algunas personas aprovechan para externar algún resentimiento, frustración o indignación. Tristemente, algunos otros aprovechan el suceso para golpear, de paso, instituciones o personas vinculadas, de alguna manera, a la noticia, aunque el comentario específico no tenga correlación directa con el dramático episodio.

Investigar más el asunto, conocer algún detalle que arroje mayor luz o revisar algunos procedimientos que prevean casos futuros son reacciones congruentes ante el acontecimiento. Sin embargo, habría que buscar formas de reducir el amarillismo, el morbo, el exhibicionismo, el revanchismo y el deseo de llamar innecesariamente la atención. No nos podemos acostumbrar a un drama humano como este y resulta necesario evitar muestras de frivolidad.

No hay que olvidar una verdad sencilla pero profunda: las noticias relacionadas con muertes o suicidios son, en profundidad, tristes y terriblemente desgarradoras. Tendrían que serlo en una sociedad saludable. Al mismo tiempo, es escalofriante ver que una persona de esa edad decida quitar la vida a otras personas y quitársela a sí misma por no encontrar en su realidad personal elementos superiores a sus propios problemas o cuestionamientos. Acontecimientos así tendrían que llevarnos a preguntas más complejas, elaboradas en un contexto alejado del ruido y abierto al diálogo profundo. ¿Cuál es el concepto y valor que otorgamos hoy en día a la vida humana? ¿Cuáles son los factores culturales que nos están afectando?

En esa línea, por ejemplo, pienso que la crisis familiar que vive la sociedad es de dimensiones importantes, que ha tenido afectaciones en distintas esferas, pero que aún no nos ha llevado a establecer estrategias sólidas para fortalecer a ese núcleo fundamental de la sociedad.

Un evento así debería llevarnos siempre a ser sensibles con el duelo que están viviendo los familiares de los fallecidos y heridos. A evitar el morbo como lectores, la venta fácil como periodistas o el comentario hiriente en redes. A tratar con pudor y dignidad el tema. Estamos hablando de vidas humanas, de personas concretas, de familiares involucrados, de algunos otros que quedarán sicológicamente afectados y no simple y sencillamente de “un acontecimiento” por más rasgos sociales interesantes que presente. Tenemos que encontrar respuestas personales y comunitarias respetuosas y sensatas, pero, sobre todo, verdaderamente humanas

Envío mis más sinceras condolencias hacia los familiares o amigos de la maestra María. Mis deseos de pronta recuperación a los heridos, así como mi mayor solidaridad con sus familiares o amigos cercanos.Mi más profunda solidaridad hacia las personas cercanas a José Ángel. Y mis oraciones por todos, incluyéndolo a él.

Por Santiago García Alvarez

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