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Antes del 1er informe

2019-08-31 09:04:22 | El Pionero

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Es muy pronto para aventurar si asistimos a una tregua en la guerra contra el neoliberalismo o si atestiguamos el pragmatismo obligado por la desaceleración que requerirá un plan contra-cíclico que aprueben inversionistas, bancos y calificadoras


    

Más allá de las novedades que el protocolo adquiera, los hechos que anteceden al primer informe permiten un corte de caja en el que coexisten el pragmatismo económico, las dificultades para asimilar los efectos de la austeridad y la urgencia de definiciones frente a la violencia criminal.

Como lo subrayaron los empresarios, ésta fue una semana de fiesta para el gran capital, por la renegociación con los propietarios de los ductos que suministran el gas a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

La escenificación en Palacio Nacional del fin de la narrativa oficial de los antes llamados “contratos leoninos”, con Carlos Slim como autor de la salida financiera al conflicto y aval del proyecto económico gubernamental, permitió al Presidente de la República ponerle su sello a uno de los mecanismos heredados por la reforma energética que como candidato defenestró. 

Este proceso continuó el miércoles, cuando Andrés Manuel López Obrador recibió al CEO de la petrolera italiana ENI, Claudio Descalzi, uno de los jugadores de la ya no tan proscrita reforma.

Es muy pronto para aventurar si asistimos a una tregua en la guerra contra el neoliberalismo o si atestiguamos el pragmatismo obligado por la desaceleración que, según lo admitió ayer el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, requerirá de un plan contra-cíclico aprobado por inversionistas, bancos y calificadoras.

En sentido opuesto a esa flexibilidad, el gobierno y sus representantes en el Congreso endurecieron la defensa de la política de austeridad, evidenciando escasos márgenes de autocrítica cuando el secretario de Salud, Jorge Alcocer, minimizó el desabasto de medicamentos y los efectos que éste tendría en al menos unos 500 niños con cáncer. 

Fue una falta de sensibilidad que el funcionario reparó con una disculpa a los padres de familia. Pero pronto llegó la descalificación presidencial a las protestas, afirmando que eran impulsadas por las farmacéuticas. 

Previamente, contradiciendo la promesa de López Obrador de ya no culpar más al pasado de los pendientes de hoy, el diputado Eduardo Bonifaz y el senador Miguel Navarro, presidente de la Comisión de Salud, justificaron el desabasto recordando la farsa de los tratamientos contra el cáncer de los gobernadores del Partido Revolucionario Institucional, alegando que había que poner fin a los negocios privados y que el gobierno impulsa una revolución en el sector.

Se trata de una firme y deliberada defensa que, este jueves, el Presidente pidió a los parlamentarios morenistas reforzar frente a la idea “conservadora” de

que la austeridad es equivalente a la escasez. Y les encargó promover el mensaje de que esa política del ahorro se está traduciendo en recursos y en una capacidad de compra que los mexicanos en situación de

pobreza nunca habían experimentado en la historia del país.  

Esos cambios de fondo en la política social y las redefiniciones económicas contrastan con las malas cuentas del gabinete de seguridad, pese a la disciplina y la coordinación que cotidianamente, según se presume, protagoniza el Presidente con los secretarios de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; Seguridad, Alfonso Durazo; de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, y de Marina, Rafael Ojeda Durán.

Y no se trata de la persistente violencia criminal y sus tragedias, esta semana en Coatzacoalcos, sino de la falta de claridad sobre el qué y el cómo, a nueve meses de iniciada la administración.

Llama la atención que el discurso del secretario Durazo pasó de responsabilizar a la narcopolítica y de proponer la reinserción de los sicarios a la vida productiva –como se expuso en el programa enviado al Congreso– al endurecimiento de las penas y las regulaciones vinculadas al secuestro, extorsión y robo en transporte público.

El giro podría justificarse a medida que el gabinete se confronta con la realidad, pero las indefiniciones  trastocaron incluso la naturaleza original de la Guardia Nacional que, como lo ventiló el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, carece de elementos para asistir a la entidad, mientras se concentra en frenar migrantes y en tareas de atención ciudadana.   

Por lo pronto, mañana con el informe, López Obrador enviará su proyecto de Ley de Amnistía, estrenando la facultad presidencial de iniciativa preferente, lo que significa que diputados y senadores deberán concretarla en los próximos dos meses.

Veremos si esta ley, por fin, contiene la ruta de la ofrecida pacificación que, según las rectificaciones de agosto, no se traducirá ni en pactos con el crimen ni en impunidad para sus ejecutores.

Ivonne Melgar/Retrovisor

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¡Ay, mamacita!

2019-09-10 18:52:53 | El Pionero

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En una escena de la película Caracortada (Scarface, 1983), la madre del protagonista lo enfrenta cuando acude a su casa a regalarle un fajo de dinero sucio.


    

“¿A quién mataste por esto?”, dice Miriam Colón, quien interpreta a María, madre de Tony Montana. 

Al Pacino, en el papel del mafioso de origen cubano, trata de defenderse alegando que el efectivo en cuestión proviene de contribuciones políticas a una organización anticastrista de la que él afirma ser miembro.

—Claro que recibes esas contribuciones... mientras les apuntas con una pistola a la cara –lo reprende la madre.

“Todo lo que leemos en los periódicos –prosigue– es sobre animales como tú y sus asesinatos. ¿Pero qué hay de los cubanos que vienen a trabajar duro...?

—¡Mamá, es tu hijo! –intercede, Gina, la hermana menor de Montana.

—¿Hijo? ¡Ojalá lo tuviera! Éste es un vago. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Y reemprende el regaño: “¿Quién te crees que eres? No sabemos de ti en cinco años y de repente llegas aquí a farolear con tu dinero y ¿crees que así puedes ganarte mi respeto? ¿Crees que puedes comprarnos con joyas? ¿Crees que puedes venir aquí con tu ropa cara y tus modales de alcantarilla y burlarte de nosotras?

—Mamá, no sabes lo que estás diciendo... –replica Montana.

—Yo me gano la vida y no te necesito en esa casa ni necesito tu dinero. Y no quiero que estés cerca de Gina. Así que lárgate. Y llévate tu desgraciado dinero. ¡Apesta!

Acto seguido, entre súplicas de Gina, la madre de Montana le arroja el rollo de dinero.

—Okey, mamá, okey –dice el gánster, quien se da la vuelta y sale de la modesta vivienda.

En la siguiente escena de la película, Montana y Manny, su cómplice, van al aeropuerto a recoger un cargamento de cocaína. Ésta va oculto en los pañales y la carriola de un bebé.

Los regaños de su madre le habían entrado por un oído y salido por el otro.

Las películas mexicanas están llenas de casos de madres abnegadas que regañan a sus hijos delincuentes. En Corona de lágrimas, (1968) de Alejandro Galindo, Marga López se la pasa tratando que sus hijos sean hombres de bien. Su vida es un constante drama y sus hijos acaban negándola como madre.

Para acabar pronto: ni siquiera Sara García logró que Pedro Infante dejara de beber y echar balazos.

Hoy en día, es muy común que las madres de la vida real acaben inmiscuidas en los negocios ilícitos de sus hijos –por ejemplo, vigilando a personas secuestradas– o, cuando menos, justificando sus malas acciones.

De ninguna manera es solución encargar a las madres de este país que terminen con la delincuencia. Si ellas hubiesen tenido control sobre sus hijos desde el principio, no se habrían metido en el mundo criminal. Una vez adentro, no van dejarlo por un regaño.

Por más atajos que se quieran buscar para acabar con la delincuencia, se necesita de una política que la ataque por varios flancos. El más importante e ineludible es acabar con la impunidad; que quien piense en cometer un delito sepa que enfrentará graves consecuencias porque tarde o temprano lo alcanzará el largo brazo de la justicia.

No se necesita una madre que meta orden, sino el legítimo miedo al Estado. Porque de seguirse debilitando las instituciones de prevención y sanción del delito, lo que nos espera... ¡ay, mamacita!

Pascal Beltrán del Río/Excelsior

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