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La Guardia en su infiernillo

2019-07-09 08:20:35 | El Pionero

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La carretera estatal conocida como La Herradura hace una u –de ahí su nombre– a lo largo de 76 kilómetros, sin dejar nunca el municipio de Pénjamo. Sale de la cabecera municipal, llega casi hasta los límites con Michoacán y hace el camino de regreso, uniendo diversas comunidades del suroeste de Guanajuato, como La Atarjea, Puerta de Agua Caliente, Aramútaro de Luque y Las Trojes de Paúl.


    

En meses recientes, esa vía ha sido escenario de asesinatos y secuestros. Es uno de los lugares más peligrosos del estado con mayor índice de violencia. Entrar en La Herradura es aventurarse por un territorio controlado por la delincuencia, con prácticamente una sola entrada y una sola salida.

Hasta allá fueron llamados miembros de la Guardia Nacional, que recién habían comenzado sus patrullajes en territorio guanajuatense. De acuerdo con la versión oficial, el domingo a mediodía, una llamada anónima al 911 alertó sobre la presencia de hombres armados en El Infiernillo, un pueblo de 800 habitantes, cuyas tierras de cultivo son regadas por la presa El Negro.

En apoyo del nuevo cuerpo de seguridad federal acudieron policías municipales de Pénjamo, Abasolo, Cuerámaro e Irapuato, e incluso de Numarán y La Piedad, Michoacán.

Un comando de presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación, que se movían en cuatro camionetas Dodge Ram, los recibió a balazos, hirió a un elemento de la Guardia en la pierna, mismo que debió ser trasladado a un hospital de Irapuato a bordo de una ambulancia de la Cruz Roja.

Luego de la balacera, se inició una persecución por caminos rurales, pues los agresores se dieron a la fuga rumbo a Michoacán. Las autoridades lograron detener a tres presuntos delincuentes y aseguraron tres de las cuatro camionetas, así como armas largas y una granada.

Se trata del primer enfrentamiento de la Guardia Nacional, luego de su entrada formal en operación el pasado 30 de junio. También, una advertencia de los grupos delincuenciales de que no comulgan con la visión del presidente Andrés Manuel López Obrador de que se logrará la paz sin recurrir a balazos.

Ayer, durante la instalación del Consejo Nacional de Protección Civil, en Palacio Nacional, el mandatario aseveró que en su gobierno “ya no vamos a continuar con el camino trillado de siempre”, de enfrentar a la delincuencia con operativos. “Por eso hablamos de cambio de régimen, no de cambio de gobierno; no va a ser más de lo mismo”.

El bautismo de fuego de la Guardia Nacional muestra que los criminales no se han enterado del cambio de régimen y siguen dispuestos a defender a balazos su negocio ilegal.

 

 BUSCAPIÉS

*La protesta de los policías federales que defienden sus derechos laborales ha sido presentada por el gobierno como un acto de indisciplina, situación que no ocurrió con los maestros de la CNTE que se negaron a ser evaluados y abandonan reiteradamente a sus alumnos para realizar manifestaciones, como el bloqueo de la red ferroviaria de Michoacán, lo cual ocasionó pérdidas a la industria de exportación. Como que la cosa tendría que ser pareja, pero los profesores son recibidos en Palacio para tratar sus quejas mientras que los policías reciben descalificaciones y amenazas.

*Por estas fechas comienza la llegada masiva de tortugas marinas a las costas de Oaxaca para anidar. Se calcula que en 2018 llegaron dos millones de hembras a los santuarios de Playa Escobilla y Morro Ayuta. Los encargados de vigilar que se complete sin contratiempos el ciclo reproductivo de la tortuga están preocupados por la austeridad presupuestal, pues los dejaron casi sin fondos para hacer frente al embate de la fauna y los traficantes de huevos.

Por: Pascal Beltrán del Río

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¡Ay, mamacita!

2019-09-10 18:52:53 | El Pionero

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En una escena de la película Caracortada (Scarface, 1983), la madre del protagonista lo enfrenta cuando acude a su casa a regalarle un fajo de dinero sucio.


    

“¿A quién mataste por esto?”, dice Miriam Colón, quien interpreta a María, madre de Tony Montana. 

Al Pacino, en el papel del mafioso de origen cubano, trata de defenderse alegando que el efectivo en cuestión proviene de contribuciones políticas a una organización anticastrista de la que él afirma ser miembro.

—Claro que recibes esas contribuciones... mientras les apuntas con una pistola a la cara –lo reprende la madre.

“Todo lo que leemos en los periódicos –prosigue– es sobre animales como tú y sus asesinatos. ¿Pero qué hay de los cubanos que vienen a trabajar duro...?

—¡Mamá, es tu hijo! –intercede, Gina, la hermana menor de Montana.

—¿Hijo? ¡Ojalá lo tuviera! Éste es un vago. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Y reemprende el regaño: “¿Quién te crees que eres? No sabemos de ti en cinco años y de repente llegas aquí a farolear con tu dinero y ¿crees que así puedes ganarte mi respeto? ¿Crees que puedes comprarnos con joyas? ¿Crees que puedes venir aquí con tu ropa cara y tus modales de alcantarilla y burlarte de nosotras?

—Mamá, no sabes lo que estás diciendo... –replica Montana.

—Yo me gano la vida y no te necesito en esa casa ni necesito tu dinero. Y no quiero que estés cerca de Gina. Así que lárgate. Y llévate tu desgraciado dinero. ¡Apesta!

Acto seguido, entre súplicas de Gina, la madre de Montana le arroja el rollo de dinero.

—Okey, mamá, okey –dice el gánster, quien se da la vuelta y sale de la modesta vivienda.

En la siguiente escena de la película, Montana y Manny, su cómplice, van al aeropuerto a recoger un cargamento de cocaína. Ésta va oculto en los pañales y la carriola de un bebé.

Los regaños de su madre le habían entrado por un oído y salido por el otro.

Las películas mexicanas están llenas de casos de madres abnegadas que regañan a sus hijos delincuentes. En Corona de lágrimas, (1968) de Alejandro Galindo, Marga López se la pasa tratando que sus hijos sean hombres de bien. Su vida es un constante drama y sus hijos acaban negándola como madre.

Para acabar pronto: ni siquiera Sara García logró que Pedro Infante dejara de beber y echar balazos.

Hoy en día, es muy común que las madres de la vida real acaben inmiscuidas en los negocios ilícitos de sus hijos –por ejemplo, vigilando a personas secuestradas– o, cuando menos, justificando sus malas acciones.

De ninguna manera es solución encargar a las madres de este país que terminen con la delincuencia. Si ellas hubiesen tenido control sobre sus hijos desde el principio, no se habrían metido en el mundo criminal. Una vez adentro, no van dejarlo por un regaño.

Por más atajos que se quieran buscar para acabar con la delincuencia, se necesita de una política que la ataque por varios flancos. El más importante e ineludible es acabar con la impunidad; que quien piense en cometer un delito sepa que enfrentará graves consecuencias porque tarde o temprano lo alcanzará el largo brazo de la justicia.

No se necesita una madre que meta orden, sino el legítimo miedo al Estado. Porque de seguirse debilitando las instituciones de prevención y sanción del delito, lo que nos espera... ¡ay, mamacita!

Pascal Beltrán del Río/Excelsior

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