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GANDALLISMO.DERROTA. MISA. FUGA. TRAYECTORIA. DATO. APOLILLADOS. CARGO. SOPLOS.

2019-05-13 07:57:34 | El Pionero

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¿Así o más claro? Ese apareció ser el mensaje de doctor Narro durante su visita dominguera en su gira de tanteo, de acercamiento a las bases priístas como uno más de los aspirantes a dirigir al tricolor a nivel nacional. El recado fue para Bazán, que se agandalló un diputación pluri destinada a cualquiera menos a él, ya que para llega a la presidencia del estatal había comprometido su palabra de que no aspiraría a otro cargo, y desdecirse fue lo primero que hizo.


    

No al gandallismo, se leyó a la claras en el discurso del ex Rector de la UNAM, no al caciquismo, si es que en realidad se quiere resurgir de la peor derrota en la historia del tricolor.

 

 Fue un acto puntual, rápido, sin los rollos cansinos de antes, con asistencia de liderazgos regionales, con algunos prietitos en el arroz, como ciertos y tales personajes ya muy charrascados.

 

Ya para empezar, no pocos volteaban insistentemente hacia la puerta: por ningún lado se veía a Reyes Baeza, a Mario Tarango, a la dirigencia del partido a nivel municipal, a la magra representación tricolor en el Cabildo.

 

 No asistieron. “Se han de haber ido a misa de 12”, dijo un ocurrente.

 

La audiencia estuvo compuesta, a ojo de buen cubero, por 50% de damas, entre ellas la Chata Díaz. María Esther Pérez, Bertha Tarango y la juarense Adriana Fuentes, por otro 50 de varones, algunos con cara de desvelados.

 

 De los ex alcaldes sólo llegaron Oscar Villalobos, quien alcanzó presídium, y Héctor Baeza. Desde luego que daban por descontada la presencia de Villalobos Máynez, conocida como es su fuga a Morena.

 

  A un lado del doctor hizo su arribo un Fernando Baeza dueño de nuevos bríos, decidido a echar el resto en la reconstrucción del partido que le dio todo.

 

Luego de la intervención del distinguido visitante, en cuyo currículum caben 12 Doctorados Honoris Causa, habló don Fernando, con su conocida lucidez y que decir.  Se declaró priista de siempre y para siempre, empeñando su palabra de trabajar porque el doctor Narro sea el dirigente nacional, pues lo conoce com hombre de grandes capacidades y de limpia trayectoria. 

 

El aspirante había dicho que la desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos origina que  los votantes se vayan con los  caudillos.Nada más le faltó agregar “como en el caso del PRI”. Todos le entendieron  

 

Agregó que en vez de mirar por el espejo retrovisor tenemos que ver hace adelante, y que para que el partido resurja se deben realizar hazañas a fin de que la confianza regrese.

 

Mencionó el alto grado de analfabetismo que existe en país, mencionándolo como una las banderas que levantaría en su programa de trabajo. Condenó la corrupción, señalándola como una de las causas de que se haya perdido el Estado. No dio nombres, sólo anotó el dato. 

 

  Al fina, se permitió la participación del público, lo que convirtió el  encuentro en un diálogo, no en los clásicos monólogos tan choteados.

 

 “Si empiezan con sus rollos de siempre me largo”, dijo un veterano militante, que se quedó hasta el final atraído por la novedosa forma de dirigir una asamblea exhibida por el doctor Narro, quien más que un futuro dirigente parecía un paciente profesor ante grupo, intercalando chascarrillos, jugueteando con el licenciado Baeza, bromeando con algunos asistentes, rompiendo paradigmas apolillados.

 

Carlos Uribe y Chava Salais se hicieron del micro y soltaron de su ronco pecho, recibiendo nutrido aplauso por las verdades que dijeron en torno a vicios, errores y olvidos de las dirigencias, orígenes, afirmaron, de las derrotas. 

 

Una hora y minutos duró el acontecimiento. Una hora y minutos sin agua, pues pronto se acabaron las contadas botellas que había.Sólo Chava Saláis se tomó cuatro.  

 

Para ser el primer acto luego de la debacle no estuvo mal, además de que el aspirante se reveló, insistimos como alguien muy diferente a la mayoría de sus antecesores en el  cargo al que aspira.

 

 Muy  diferente al demagogo de Enrique Ochoa, para no ir muy lejos, qué distinto a la actual presidenta, cuyos lazos familiares eran más que suficientes para no haberla elegido. 

 

 Nuevos vientos. Veremos y diremos si traen una renovación o se quedan en simples soplos.

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LA LEY DE VILLA

2019-07-19 07:53:59 | El Pionero

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Va un pequeño pasaje del gran libro de Martín Luis Guzmán acerca de Pancho Villa, ahora que estamos en plena cabalgata anual.


    

 —La primera noche de nuestra estancia en Juárez cogieron preso a un jovencito de nombre Paredes, que según me dijo el licenciado Neftalí Amador era colorado.

— Como, además, aquel muchachito llevaba encima la culpa de ser hijo de un grande enemigo nuestro, que nos había hecho entregas y persecuciones, algunos hombres revolucionarios me decían que al dicho joven sí era deber mío mandarlo fusilar.

— Me razonaban ellos: 

— Justo es, mi general, que el padre pague de este modo los daños que aquí hemos sufrido por su causa. 

— Y es lo cierto que yo, no sabiendo cómo contestar aquellas quejas nacidas de la razón, pero poco dispuesto a quitar la vida al dicho jovencito, ordené que el fusilamiento se quedara para el día siguiente; y a la otra mañana mandé llamar a Juan N. Medina y le dije:

— Usted, señor coronel Medina, que tanto de habla de los prebostes y sus papeles, encárguese de un muchacho colorado que cayó anoche prisionero, pues conforme a los hombres revolucionarios de aquí, parece conveniente fusilarlo. 

— Y luego de hablar con aquel muchacho, volvió Medina y me dijo: 

— Mi general, este muchacho no es colorado ni azul. Apenas acaba de criarse hombre. A lo que creo, no ha cometido más crimen que ser hijo de su padre; pero la verdad es que a los hijos no puede hacérseles pagar las culpas de sus padres, y eso está en ley. 

— Le dije yo:

— ¿Eso está en la ley, amiguito? 

— Él me contesta:

— Sí, mi general, eso está en la ley. 

— Y yo entonces vi en aquellas palabras de Juan N. Medina la razón que andaba buscando para no fusilar al dicho jovencito, por lo que llamé a los que pedían esa muerte y les expliqué por qué no podía ordenarla. Es decir, que hice entrega del muchacho a la madre y a la hermana, que me lo reclamaban con lloros, y hasta ordené que le dieran doscientos dólares y que lo llevaran con una escolta al puente internacional y allí lo pusieran libre.

Pues es la verdad que el dicho jovencito andaba de suerte ese día. Porque tres años después, el viernes santo de 1919, en Parral, el anciano José de la Luz Herrera y sus hijos Melchor y Zeferino no corrieron con igual fortuna. A los  tres ordenó asesinarlos en el panteón y sus cuerpos fueron colgados de un mesquite. Luego, en Torreón Luis, también hijo de don José de la Luz, fue acribillado inerme, sacado del hotel donde descansaba, arrastrado a la calle y ahorcado en un poste, donde lo dejaron podrirse. Sed de sangre saciada sobre ellos  por ser padre y hermanos del general Maclovio, quien en su derecho había defeccionado de la División del Norte.

¿Estaba en la ley?

En una parodia de La Paloma, la centenaria canción cubana, alguien cantó este verso:

 Si a tu ventana llega 

 Maclovio Herrera

  Ábrele con confianza 

  La casa entera. 

¿Le abrirían a Villa?

 

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