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Ella ha 'adoptado' a más de 8 mil refugiados de Venezuela

2019-03-13 12:50:59 | El Pionero

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La ecuatoriana Carmen Carcelén, de 48 años, ha dado alojo, comida y cariño a más de 8 mil refugiados venezolanos, a pesar de las condiciones precarias en las que vive


    

EL JUNCAL.

La ecuatoriana Carmen Carcelén se ha convertido, a sus 48 años, en la ‘madre coraje’ de más de 8 mil venezolanos que han pasado por su casa en la provincia de Imbabura (norte), en la que es una de las muestras de solidaridad individual más conmovedoras en Ecuador.

Madre de ocho hijos, esta vibrante mujer solía transportar en 2018, desde la frontera con Colombia hasta el pequeño pueblo de El Juncal (82 kilómetros), acaminantes venezolanos que pretendían cruzar Ecuador a pie en su ruta hacia Perú, hasta que un buen día decidió también darles cobijo en su propia casa.

Desde entonces, les ofrece un baño, comida, "cama, colchón o alfombra", sin límite de tiempo.

Para dormir solo necesitamos sueño, Dios le pague", le respondieron. 

 

Desde entonces es conocida cariñosamente como ‘Mami’.

Allí, en El Juncal, un pequeño pueblo de apenas 2 mil 500 habitantes, afectado por la pobreza pero cuna de grandes futbolistas locales, los recibe con los brazos abiertos.

En noviembre, cuando ya habían pasado por su casa 6 mil emigrantes, dejó de registrar nombres, pero calcula que su vivienda de ladrillo, bloque y piso de cerámica, ha acogido hasta ahora a unos 8 mil 500.

Cuidar de otros no es nuevo para esta mujer que, a los 10 años, se vio en la calle porque su padre alcohólico la echó de casa.

 

Carmen plantó cara a las dificultades y a la pobreza, y se hizo cargo de algunos de sus nueve hermanos, unas circunstancias que, lejos de sumirla en la desesperanza, la han convertido en una mujer fuerte y de una solidaridad inclaudicable.

Amante de la alta costura, vio truncada su vocación por un matrimonio a los 18 años y señala: "Cada vez que entraba a un curso estaba embarazada", dice.

Sin haber culminado el colegio, desde hace treinta años vende frutas en el mercado de Ipiales, ciudad colombiana fronteriza con Ecuador.

No tiene grandes ingresos, pero si gana 100 ó 200 dólares los invierte en comida para los venezolanos, a quienes acoge en los ocho dormitorios de su casa, en la sala, e incluso en carpas en el patio.

Allí esperan pequeñas bultos amarrados con cuerdas, mientras una treintena de venezolanos -un bebé entre ellos- descansan a la sombra antes de continuar viaje a Perú.

 

Vengo caminando desde hace siete días", dice un joven.

En migración me pidieron el pasado judicial apostillado", comenta otra. 

Como no teníamos, pagamos 25 dólares para que nos pasen por la trocha", añade una tercera.

¡A mí me estafaron!", reclama un cuarto venezolano, juntando su queja a la de otro, de un grupo de cuatro, a los que en la ciudad de Tulcán les ofrecieron una "buena paga" por limpiar a fondo una casa.

 

Al final, cuenta furioso, se repartieron cinco dólares entre todos.

EN SU CORAZÓN CABE EL MUNDO Y LE SOBRA ESPACIO

En medio de los migrantes, Carmen camina por su patio sembrando esperanza y soltando chistes para aligerar penas, mientras organiza a quienes deben acudir a un médico y prioriza a los que les pagará el viaje en autobús (embarazadas, ancianos o personas con discapacidad).

Para mí, lo más grande es que un venezolano pueda irse desde aquí en carro hasta el Perú porque creo que para sufrir ya atravesaron todo su país y todo Colombia", dice al revelar que ella costea el traslado hasta Ibarra, a unos 46 kilómetros, donde reciben asistencia de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

 

Orgullosa de su fe católica, Carmen recibe víveres de solidarios, cose y cocina para otros, siempre con la fe en Dios de que el dinero le alcance.

Para colmo, ha perdido los ingresos que antes obtenía por acoger turistas, que ya no le llegan porque no quieren "mezclarse" con los venezolanos, algunos de los cuales se quedan boquiabiertos al ver su tez negra.

Y recuerda que le decían:

¡Pensábamos que era una vieja gorda y bien puesta. De esos blancos a los que les sobra la plata y no saben qué hacer con su dinero. Lo que menos esperábamos era encontrarnos con una negrita!".

Para esquivar lo que considera una muestra de "racismo", Carmen se presenta como la "encargada" de la casa, y llora de indignación por la inacción de ciertas autoridades ante las historias de venezolanos que llegan con lo mínimo.

La mayoría viene sin maletas, porque les roban en el camino, sin zapatos", apunta, y les ofrece disculpas porque no tener ni una vajilla adecuada.

El breve paso por su casa establece a veces vínculos inquebrantables y recuerda la llamada de uno que regresó a Venezuela en enero.

"¡Mamá, no sé qué hacer!", le dijo sobre su hijo ingresado en un hospital y que no había comido tres días: "¡Como no hay camas, está en un cartón!".

En otra llamada, hace unos días, le comentó que vendería su celular para llegar de nuevo a Ecuador.

 

Pero también tiene las de otros "hijos" que le mandan videos desde Perú, uniformados de chefs, "porque la mayoría son profesionales", dice orgullosa una mujer que ha demostrado que en su corazón cabe el mundo y le sobra espacio.

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Alumno vende dulces mientras maestra regaña a compañeros

2019-03-24 20:33:17 | El Pionero

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Un estudiante de bachillerato se viralizó en redes sociales por la forma intrépida en que ofertó los dulces que lleva a la escuela para vender.


    

CIUDAD DE MÉXICO

Un alumno del Colegio de Bachilleres aprovechó la discusión que sostenía su maestra con una alumna y mientras era grabada la escena, vio oportuno ofertar los productos que lleva al plantel para vender. El material fue compartido a través del espacio en Facebook Etiqueta Azul, donde en 17 horas alcanzó 67 mil reproducciones y 90 comentarios.

Sin dar a conocer el nombre del plantel, ni del estudiante, en el video se aprecia el momento en que saca una caja de mazapanes y con señas indica que cuestan cuatro pesos; luego saca una bolsa de dulces que ofrece en un peso cada uno y otro empaque más con golosinas que también valen un peso…

Mientras que la parte delantera de la mochila saca una bolsa de paletas ‘Pinta Azul’ cuyo valor es de tres por dos pesos… Y la maestra sigue exponiendo sus argumentos; en tanto la persona que está grabando hace un paneo y se observa a otro alumno degustando de una golosina que probablemente le vendió este emprendedor, como aquel de las empanadas que se hizo famoso en redes sociales, sí, nos referimos a Paco Orihuela, quien comercializa sus productos en diferentes idiomas y que hasta le ofrecieron una beca, que rechazó.

La reacción en redes sociales no tardó, la mayoría aplaudió la osadía del joven estudiante, como Karlita MCh:

Jajaja yo vendí una vez toffies... mis compañeros me compraban. Hasta que el ‘profe’ me decomisó mi mercadería”.

Mientras que Erick López señaló:

Allá por el año de 1997,  en 5to de primaria, recuerdo que mi mamá me compró golosinas para llevarlos a vender a escondidas en el salón, las lleve, pero no me atreví a ofrecerlos, a las semanas mi amiga ya estaba vendiendo golosinas justo como yo debía haberlo hecho, a 10 céntimos unos chocolatitos en forma de moneda de envoltura de metal color oro…”.

Por su parte, Jozelin Villanueva, recordó: “Yo vendía ‘canchita salada’ a 30 céntimos, después mi negocio creció, implemente el dulce, también”.

 

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