×

Reforma educativa: sin plazas para la CNTE

2019-03-04 09:45:34 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Pasado ya el trance de la Guardia Nacional, por lo menos en el terreno legislativo, no viene nada más importante que la nueva reforma educativa que pasa, en buena medida, por la reforma al artículo tercero constitucional, o sea, que para avanzar en ella se necesita nuevamente una mayoría calificada, es decir, de dos terceras partes de los votos, que el oficialismo, con la última defección perredista tiene en la Cámara de Diputados, pero no en el Senado. Y en esta ocasión será más difícil lograr un respaldo similar al de la Guardia Nacional, primero, porque priistas y panistas sienten a esa reforma como suya y, segundo, porque dentro del oficialismo los grupos ligados, sobre todo la Coordinadora, quieren dar un gran paso atrás.


    

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación quiere revertir el artículo 123 B, porque su objetivo está en recuperar el control de las plazas para maestros en Oaxaca, Chiapas, partes de Guerrero y Michoacán, entre otros lugares que controlan. La propuesta es que se regrese a un esquema en el cual ellos tendrán control sobre el 50 por ciento de las plazas disponibles y las autoridades del otro 50 por ciento. Es un regreso a los peores tiempos del sindicalismo de la Coordinadora y acabar con eso fue uno de los puntos que más apoyo le dio a la reforma de Peña Nieto.

Eso han planteado ya los dirigentes de la Coordinadora en las reuniones previas que han tenido con representantes oficiales. No tienen demasiado interés en los temas de evaluación, de contenidos, de formación. Lo que quieren es el control de las plazas: algo de eso estamos viendo ya en la huelga de la UAM, donde el tema salarial ha sido dejado de lado por el sindicato y lo que ahora quiere son plazas: 400 plazas que les otorgue la institución para que las manejen ellos.

La posición del gobierno en una reunión previa de la semana pasada con la CNTE fue terminante: las plazas son una línea roja que el gobierno no cruzará. De ninguna forma regresará al esquema de otorgarle a la Coordinadora o al sindicato el manejo de las plazas. Los dirigentes de la Coordinadora amenazaron en ese encuentro con paros y movilizaciones. La respuesta fue que están en su derecho, “si quieren váyanse a paro y los esperamos en el Zócalo”. Casi todo lo demás de la reforma puede ser debatido, pero, ese tema, el de las plazas, sencillamente no es negociable. Se quedará como está.

Los dirigentes de la CNTE se levantaron de la mesa y regresaron a sus estados para decidir qué curso seguir. Pero en el gobierno están convencidos, por lo menos en el entorno del presidente López Obrador, que negociar las plazas, volver a darle a la Coordinadora y otros grupos el manejo de las plazas magisteriales, sería de un costo demasiado alto, pero, además, incompatible con los objetivos que buscan en su propia reforma educativa.

A lo que se apuesta, además, ya lo habíamos señalado hace unos pocos días ante el desafío de la termoeléctrica de Huexca, es que en estos grupos radicales, al final, se tenga que optar entre seguir en la ruta del lopezobradorismo o seguir a sus dirigentes más ultras cercanos en muchos casos a grupos armados. Deshacerse de un ala ultra no le genera costos y sí beneficios al gobierno federal. Y perder la legitimidad de la Reforma Educativa que quieren sacar adelante por un regreso tan rotundo al pasado no tiene sentido, menos aún para simplemente darle más poder a la Coordinadora, en un momento donde mucho del interés gubernamental pasa por sacar la reforma con pleno apoyo del SNTE.

Por Jorge Fernández Meléndez/Razones

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Yo no fui, fue el ex

2019-05-19 19:05:39 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Errar es de humanos, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía, y en ese sentido los políticos pecan de humanidad. Culpar a los gobiernos anteriores de los problemas que enfrenta una autoridad es un derecho consagrado en la Constitución Universal de los Políticos de todo el mundo y como tal, todos echan mano de ese recurso.


    

Sin embargo, a diferencia de otros derechos, éste sí tiene fecha de caducidad porque tarde o temprano la gente dejará de comprar el argumento de que todas las desgracias que están cayendo en el país, estado o ciudad se deben al pasado. Pues, precisamente, se votó por un cambio, no para seguir igual.

¿Cuánto le dura a un gobernante la facultad de echar mano de este viejo recurso? Depende de varios factores: Si el gobernante en turno emana del mismo partido que el anterior, evidentemente se ve más limitado a culpar a sus antecesores, aun cuando sean de corrientes distintas. Sin embargo, si resulta que son de institutos políticos distintos ¡Eureka! La cosa se pone buena. También influye la credibilidad del político que usa este derecho para explicar su propia incapacidad de resolver las cosas. Si Peña Nieto, cuya imagen se deterioró rápidamente, hubiera insistido en culpar a Calderón de sus males, se lo hubieran comido vivo. López Obrador, sin embargo, cinco meses después de haber tomado el cargo, se da vuelo de culpar no sólo al gobierno anterior, sino también a todos, casi casi desde Plutarco Elías Calles y la gente piensa que es así.

Pero ojo, que López Obrador lo pueda hacer no significa que todos tengan su misma suerte. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México por ejemplo, quiso aplicar el mismo discurso cuando estalló la contingencia ambiental señalando que la anterior administración no había dejado protocolos de actuación ante las diabólicas PM2.5 y el resultado fue una carcajada generalizada.

Y es que Claudia Sheinbaum llegó de la mano y con la bendición del tabasqueño, pero no tiene ni su carisma ni su blindaje, ella sí le tiene que talachear porque la gente le recuerda que ella fue secretaria de Medio Ambiente, experta en estos temas.

Un tercer elemento es el uso reiterado y exagerado que se da para culpar a otros. Resulta creíble decir que la inseguridad y la violencia que se vive en el país es culpa de las malas decisiones y estrategias de los gobiernos pasados que alborotaron el panal sin ningún Plan B, pero culpar al neoliberalismo de las malas notas de las calificadoras internacionales hacia Pemex por las decisiones que está tomando la actual administración federal, raya en el abuso. Sería tanto como que el Gobierno de la Ciudad de México dijera que tampoco le dejaron protocolos para que el Popocatépetl no explotara o el manual para que las lluvias no se retrasaran, o que el cambio climático tiene la culpa de todos los incendios, sin reconocer que hubo un recorte en el presupuesto de la dependencia que estaba para evitar esas conflagraciones. Finalmente, un punto para saber cuánto tiempo de vigencia tendrá el derecho a culpar a otros, es lo que se prometió en campaña. Si como, por ejemplo Vicente Fox dijo que terminaría con el conflicto de los zapatistas en Chiapas en 15 minutos, y evidentemente no lo logró, el tiempo se recorta.

Es justo en este punto donde más tropiezan los gobernantes. Todos prometen cambios inmediatos, cosa que evidentemente no pueden cumplir. Es bien sabido que cuando en una crisis un político sonríe es que ya encontró a quién echarle la culpa y en México, los políticos son muy sonrientes. La falta de autocrítica y la repartición de culpas es memorable.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn