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XI entrega de las Inmaculadas de Oro

2019-02-24 18:24:18 | El Pionero

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Como todos los años, llega al escenario nacional la entrega de las codiciadas estatuillas Las Inmaculadas de Oro que premia a lo mejor, pero, sobre todo a lo peor de la política nacional. Esta 11a edición, el presidente Andrés Manuel López Obrador será el maestro de ceremonias, el presentador de premios, el que los entrega, el que produce el evento, el jurado, el nominado y, muy probablemente, el ganador, ya que él pidió hacerlo todo.


    

Como mejor película se encuentran nominadas Salvando al soldado Braian traducida al español como Ya tenemos Guardia Nacional, un filme que retrata la batalla de las organizaciones sociales y la oposición para que los morenistas no se salgan con la suya y militaricen al país. Mantendrá al espectador al borde de sus butacas; Días de furia, es un thriller sicológico que narra cómo de la noche a la mañana los huachicoleros se transforman en el enemigo público número uno, poniendo a los ciudadanos de cabeza, y La terminal, un estremecedor drama, en donde los contratistas quedan atrapados en el aeropuerto de Texcoco con la disyuntiva de defender sus intereses o seguirle el juego al gobierno federal y participar en la construcción de la terminal de Santa Lucía.

Como mejor actor estaban nominados varios funcionarios públicos, pero todos declinaron a favor de Andrés Manuel López Obrador, quien, además, se llevó el galardón a mejor director por las películas arriba mencionadas.

No fue el único premio que se llevó el mandatario, también consiguió la estatuilla al mejor guion adaptado, por la magistral forma que ha ido adaptando sus promesas de campaña ahora que ya es Presidente.

En la categoría de mejor actriz están dos consagradas, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, por su película Las horas, que retrata la vida atormentada de una funcionaria que se queja que nadie comprende que siempre están en emergencia y sólo duermen cuatro horas o menos y su homóloga de Energía, Rocío Nahle, por el filme El fantasma, soberbia actuación en las conferencias matutinas de Andrés Manuel, donde todos sienten su presencia, pero nadie la escucha ni la ve.

Y hablando de actuaciones sensacionales, los nominados (y, por mucho, ganadores) a actores de reparto, son los secretarios de Estado, por su maravilloso y conmovedor papel secundario durante las conferencias mañaneras de su jefe.

El premio a mejor efectos especiales, sin duda alguna, se lo llevará la Fundación Rosenblueth, por lograr que todas las consultas que propone el Presidente salgan positivas. El arte y la habilidad con la que logra la ilusión de que la gente quiere lo mismo que López Obrador son simplemente majestuosas.

Como mejor montaje y producción el indiscutible ganador es el gobierno federal, por la puesta en escena del linchamiento público del presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), Guillermo García Alcocer. En la película Perseguido destacan las actuaciones de los antagonistas de la historia, la secretaria de Función Pública, Eréndira Sandoval, y el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto Castillo. Los críticos señalan que también deberían haber estado los secretarios de la Defensa y Seguridad Pública, para hacer aún más dramático el momento.

Estos fueron algunos dramas y comedias que han llegado a la vida de todos los mexicanos. El problema es que aquí hay permanencia involuntaria, así que los ciudadanos no pueden cambiarle de canal o de sala de cine.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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Yo no fui, fue el ex

2019-05-19 19:05:39 | El Pionero

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Errar es de humanos, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía, y en ese sentido los políticos pecan de humanidad. Culpar a los gobiernos anteriores de los problemas que enfrenta una autoridad es un derecho consagrado en la Constitución Universal de los Políticos de todo el mundo y como tal, todos echan mano de ese recurso.


    

Sin embargo, a diferencia de otros derechos, éste sí tiene fecha de caducidad porque tarde o temprano la gente dejará de comprar el argumento de que todas las desgracias que están cayendo en el país, estado o ciudad se deben al pasado. Pues, precisamente, se votó por un cambio, no para seguir igual.

¿Cuánto le dura a un gobernante la facultad de echar mano de este viejo recurso? Depende de varios factores: Si el gobernante en turno emana del mismo partido que el anterior, evidentemente se ve más limitado a culpar a sus antecesores, aun cuando sean de corrientes distintas. Sin embargo, si resulta que son de institutos políticos distintos ¡Eureka! La cosa se pone buena. También influye la credibilidad del político que usa este derecho para explicar su propia incapacidad de resolver las cosas. Si Peña Nieto, cuya imagen se deterioró rápidamente, hubiera insistido en culpar a Calderón de sus males, se lo hubieran comido vivo. López Obrador, sin embargo, cinco meses después de haber tomado el cargo, se da vuelo de culpar no sólo al gobierno anterior, sino también a todos, casi casi desde Plutarco Elías Calles y la gente piensa que es así.

Pero ojo, que López Obrador lo pueda hacer no significa que todos tengan su misma suerte. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México por ejemplo, quiso aplicar el mismo discurso cuando estalló la contingencia ambiental señalando que la anterior administración no había dejado protocolos de actuación ante las diabólicas PM2.5 y el resultado fue una carcajada generalizada.

Y es que Claudia Sheinbaum llegó de la mano y con la bendición del tabasqueño, pero no tiene ni su carisma ni su blindaje, ella sí le tiene que talachear porque la gente le recuerda que ella fue secretaria de Medio Ambiente, experta en estos temas.

Un tercer elemento es el uso reiterado y exagerado que se da para culpar a otros. Resulta creíble decir que la inseguridad y la violencia que se vive en el país es culpa de las malas decisiones y estrategias de los gobiernos pasados que alborotaron el panal sin ningún Plan B, pero culpar al neoliberalismo de las malas notas de las calificadoras internacionales hacia Pemex por las decisiones que está tomando la actual administración federal, raya en el abuso. Sería tanto como que el Gobierno de la Ciudad de México dijera que tampoco le dejaron protocolos para que el Popocatépetl no explotara o el manual para que las lluvias no se retrasaran, o que el cambio climático tiene la culpa de todos los incendios, sin reconocer que hubo un recorte en el presupuesto de la dependencia que estaba para evitar esas conflagraciones. Finalmente, un punto para saber cuánto tiempo de vigencia tendrá el derecho a culpar a otros, es lo que se prometió en campaña. Si como, por ejemplo Vicente Fox dijo que terminaría con el conflicto de los zapatistas en Chiapas en 15 minutos, y evidentemente no lo logró, el tiempo se recorta.

Es justo en este punto donde más tropiezan los gobernantes. Todos prometen cambios inmediatos, cosa que evidentemente no pueden cumplir. Es bien sabido que cuando en una crisis un político sonríe es que ya encontró a quién echarle la culpa y en México, los políticos son muy sonrientes. La falta de autocrítica y la repartición de culpas es memorable.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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