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El costo de la impunidad (la oposición abdica)

2019-02-02 16:38:00 | El Pionero

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“El pueblo de México tiene hambre y sed de justicia”, afirma en sus mítines el Presidente de la República, al citar, según cuenta, las palabras de Francisco I. Madero.


    

Así, Andrés Manuel López Obrador compara los días posteriores a la dictadura de Porfirio Díaz con el momento actual, señalando que aquel reclamo se repite ahora, luego de 36 años de gobiernos neoliberales.

Desde esa retórica, el gobierno sólo era un escaparate para los negocios y el tráfico de influencias.

Ayer, en el balance de los dos primeros meses del sexenio, López Obrador dijo que el gobierno había sido “un elefante reumático, con todo respeto a los elefantes, que cuesta mucho empujarlo”.

Y remarcó: “(El gobierno) no estaba hecho para el servicio de la sociedad, para el beneficio del pueblo”.

En contraste, el actual gobierno está determinado a impartir esa justicia pendiente con oportunidades para jóvenes, productores del campo y adultos mayores, entre otras medidas.

No hay, sin embargo, hasta ahora ninguna señal de que esa justicia se aplique hacia los culpables de lo que el Presidente define como el epicentro de los males mexicanos: la corrupción.

¿Es posible desmentir a los especialistas en el tema, en cuanto a su advertencia de que la impunidad sólo se supera castigando a los culpables?

El Presidente se dice seguro de que la corrupción se terminará en su gobierno, y sus colaboradores y legisladores hablan de que esta proeza permitirá un crecimiento que ahora se prevé limitado.

Pero sigue pendiente la definición presidencial de si una consulta popular resolverá el castigo a los probables responsables de la corrupción en sexenios pasados.

Lo evidente es que algunos personajes en otros tiempos señalados como traficantes de influencias o beneficiarios del desvío de recursos y de negocios al amparo del poder, se asimilan al proyecto de la 4T y de manera automática quedan liberados de posibles acusaciones.

Y bajo el argumento de que las cárceles no alcanzarían si todos los corruptos fueran procesados, el Presidente parece encaminarse al perdón y olvido que él prefiere llamar “punto final”.

López Obrador justifica esta especie de amnistía alegando que lo importante es que en su sexenio ya no habrá más corrupción.

El problema de esta oferta presidencial es que, si bien beneficia a integrantes de la clase política, al final es una medida que va en detrimento de la democracia.

¿Por qué? Porque en vez de depurarse internamente, los partidos de oposición se están convirtiendo en espacios de resguardo para sus políticos impresentables.

Porque si, como lo señala el Presidente, el sistema político y de gobierno estaba hecho para robar, entonces sus integrantes serían potencialmente corruptos y juzgables.

Pero a falta de claridad sobre cómo se aplicará la justicia en esta materia, supeditada a las definiciones personales del gobernante, se abre la puerta para la prédica juarista: “A los amigos, justicia y gracia. A los enemigos, la ley a secas”.

Frente a esta circunstancia en la que la empatía presidencial o la falta de ésta puedan determinar la suerte de quienes incurrieron en alguna modalidad de corrupción –tráfico de influencias o negocios a la medida para facturarle al gobierno, dos de las más comunes o el ahora perseguido robo de combustible–, la oposición se ve sometida al temor de una justicia selectiva.

Eso explica la docilidad de la mayoría de los gobernadores, con sus escasas excepciones: el panista Javier Corral y el emecista Enrique Alfaro.

Al miedo de ser sujeto de una investigación por posibles cuentas pendientes –el desvío de recursos para campañas electorales, por ejemplo– debe sumarse el estrecho margen de maniobra del PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano frente al liderazgo social de López Obrador y la hegemonía de Morena y sus aliados en los congresos.

Consecuentemente, las causas que la oposición teóricamente debería defender en materia de federalismo, equilibrio y autonomía de poderes o libertades democráticas quedan supeditadas a las preocupaciones de sus alcaldes, gobernadores y de sus propios legisladores, en algunos casos, aun cuando el fuero los protege.

Las muestras de la debilidad de las dirigencias partidistas frente a la presión de los gobiernos locales están ahí.

A pesar de que la presidenta del PRI, Claudia Ruiz Massieu, se define contraria a la Guardia Nacional tal y como está prevista, los diputados cedieron a su creación.

Mientras, en el PAN, su dirigente, Marko Cortés, supeditado a un grupo de gobernadores, designa como coordinador del Senado a Mauricio Kuri, sin el consenso de la bancada.

Y después de haber perdido los comicios extraordinarios en Monterrey y el interinato en Puebla, la cúpula panista analiza la opción de retirarse de las elecciones extraordinarias en esa entidad, bajo el alegato de que éstas carecerán de condiciones de equidad.

Así que, en lugar de fortalecerse como instrumentos de representación ciudadana y pluralidad política, la oposición comienza a abdicar.

Ivonne Melgar/Retrovisor

 

 

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Las caídas de Morena

2019-04-14 18:26:02 | El Pionero

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El gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.


    

Inicia la Semana Santa en la que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Al que le ha tocado llevar la cruz de sus declaraciones es al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien después de decir que la refinería Dos Bocas no iba a ser construida o que habría tenencia generalizada en todo el país fue castigado con el látigo de su desprecio por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien le enmendó la plana y lo desmintió.

No ha sido el único, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, casi fue crucificado cuando dijo que no se había encontrado evidencia de corrupción en lo que sería el NAIM, lo cual fue corregido también por el mandatario.

Los empresarios han padecido un verdadero calvario después de la cancelación del NAIM y de los contradictorios mensajes que se envían en las conferencias mañaneras del mandatario, en las que se genera todo menos certeza y el viacrucis continúa para miles de mexicanos que no observan una disminución en los índices de violencia.

Ni hablar de caídas, se han registrado varias y de todo tipo: la cancelación de las estancias infantiles, dejar sin empleo a miles de personas en el gobierno federal, no pagarles a los médicos de los hospitales públicos y la de haberle exigido disculpas al gobierno español y al Vaticano por los agravios de la Conquista. La más reciente caída fue la del subsecretario de Turismo, Simón Levy, quien de plano se bajó de la Cuarta Transformación.

También se ha representado muy bien el papel de Poncio Pilatos, pues el gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.

Las traiciones también se dan entre los discípulos de López Obrador.

Aunque los morenistas se reúnen para compartir el pan y el vino, bajo la mesa se están dando con todo en el gobierno, Congreso y partidos.

 ¿Quién se venderá por unas monedas?

Eso sí, el gobierno federal ha sido piadoso y ha puesto (varias veces) la otra mejilla ante las bravuconadas del presidente estadunidense Donald Trump. Además, debe reconocerse que el mandatario tabasqueño es experto en resurrecciones. Resucitó a Manuel Bartlett, a Napoleón Gómez Urrutia y hasta a Elba Esther Gordillo. Todo mundo los daba por muertos, y hoy están vivitos y coleando.

Lo que no deberá esperarse es que se celebre este Domingo de Ramos en la Cuarta Transformación, porque después de lo que pasó el viernes pasado en la conferencia de prensa, donde el periodista Jorge Ramos encaró al Ejecutivo, quedaron prohibidos los ramos de todo tipo.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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