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Entre Maduros y Bolsonaros

2019-01-26 07:41:21 | El Pionero

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Uno, está acusado de torturar a sus opositores, de capturarlos y violar flagrantemente sus derechos. El otro, está en vías de dar armas a la población. Ya autorizó a la policía de su país para que disparen contra delincuentes. El exterminio como medida de seguridad.


    

“El gobierno estableció un patrón de tortura, represión y lo más terrible es que es sistemático (...) Esto no es un tema de derechas o de izquierdas, sino de demócratas o tiranos...”, dicen de uno. “No fue su elección en sí. Fue el nivel de violencia que aumentó después de su elección. Para tener una idea, arrancaron el corazón de un travesti hace pocos días. Ese tipo (el asesino) puso una imagen de una santa en su lugar...”, dicen a menos de tres semanas de que el otro recién inició su mandato.

Sobre el actuar del primero, en su último informe sobre derechos humanos, Amnistía Internacional reportó el uso de la fuerza excesiva para dispersar protestas, detenciones arbitrarias, denuncias de violencia sexual contra manifestantes; también, el uso del aparato judicial para atacar disidentes; persecución, hostigamiento e intimidación a defensores de derechos humanos; reclusión en condiciones extremas.

A esto se le suman las condiciones en que viven millones de personas desde hace ya varias décadas: falta de alimento y medicamentos, por decir lo menos. Este personaje provocó ya un éxodo que se cuenta en millones. Ciudadanos que optaron por dejar lo que siempre fue su hogar para buscar algo más lejos de ahí. 

Del otro, recién llegado a su Presidencia, y a la política internacional, poco, pero muy sustancioso se puede decir. Un historial de declaraciones polémicas que están tomando forma de políticas de Estado. Sus declaraciones previas sobre su negativa al aborto, se transformó en defensa del “derecho a la vida” hace unos días en Davos; su postura sobre preferir un hijo muerto que homosexual, ya lo hizo eliminar la agenda LGBT del ministerio encargado de los derechos humanos; su idea de que un arma es un objeto inerte que mata o salva vidas dependiendo de quién la use, lo llevó a presentar su iniciativa de portación de armas a ciudadanos. Su conflicto expreso contra la equidad y la ideología de género, le dio un gabinete sin representación de comunidad afrodescendiente, mayoría en Brasil, y con una presencia mínima de mujeres. 

Desde luego que el primero es Nicolás Maduro, el segundo, Jair Bolsonaro. Y mientras a uno lo reconocen como Presidente de Venezuela en ese eje de autócratas de reputación sumamente cuestionada: Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Xi Jinping. Al otro, lo abrazan figuras como Donald Trump.

Pensaríamos que entre Maduro y Bolsonaro las diferencias son abismales, pero sabemos que los extremos son tales, que muchas veces se confunden gracias al radicalismo con el que se manejan. Recuerda la BBC: “¿qué exparacaidista del Ejército fue electo presidente de un país sudamericano, en medio de una ira generalizada con la clase política, la corrupción, la postración económica y el crimen?”, la respuesta sorprende: Jair Bolsonaro... pero también Hugo Chávez, artífice y primer responsable de la desgracia venezolana, quien heredo a Nicolás Maduro un pueblo que hoy lo quiere, lo necesita, fuera. 

Lo escribí aquí, hace unas semanas, al iniciar este año: “¿Cómo hablar de certidumbre ante un camino opacado por la niebla? Populismos que evitan el paso de lo novedoso, pero que alimentan la permanencia de lo que no funcionó antes y que, obviamente, no funcionará ahora...”. Con lo que sucede en Venezuela, es necesaria la reflexión sobre lo inconcebible que resulta estar atrapados entre esas dos posturas, tan falsamente opuestas y tan peligrosas para cualquier sociedad.

Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

 

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México jugó como nunca, pero perdió como siempre

2019-06-09 16:34:36 | El Pionero

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La Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) van a reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).


    

Después de días de tener el Jesús en la boca ante la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos que llegaran a Estados Unidos, el viernes pasado, poco después de las 19:30, llegaron los dos tuis más esperados, el del presidente estadunidense y el del canciller mexicano Marcelo Ebrard anunciando que se había llegado a un acuerdo.

En México, acostumbrados a tener pocas noticias buenas, se sacó tequila y mezcal para celebrar, hubo quien propuso ir al Ángel y hasta aquél que candidateó a Ebrard como presidente para 2024 o de perdida director técnico de la Selección Nacional.

La emoción desbordó a algunos: Dame una M, M; dame una A, A, dame una R, R…. ¿Qué dice? ¡Marcelo!, ¡Más fuerte!, ¡Marcelo!, Tres veces: ¡Marcelo, Marcelo, Marcelo! A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Marcelo, Marcelo, ¡ra, ra, ra!

Por si no fuera eso ya suficientemente exagerado, hubo quien (¡válgame Dios!) cambió el Himno Nacional para cantar en Twitter: ¡Para ti, @m_ebrard, las guirnaldas de oliva! ¡Un recuerdo para ellos de gloria! ¡Un laurel para ti, @Martha_Barcena de victoria!

Fue tratado como héroe nacional que regresaba de la misión más difícil que le había tocado enfrentar. Y ¿cómo no? Si tuvo que lidiar con transbordos en aviones, reuniones exhaustivas con Think thanks (piensa, gracias para los cuates) o con el Wodrow Wilson Institute (y no con el Woodrow Wilson Center) y sobre todo, las morningeras. Eso no es todo, se enfrentó a ¡unos inoportunos cacahuates! que fueron colocados estratégicamente en la servilleta de uno de sus colaboradores seguramente por la mafia del poder estadunidense. Definitivamente, Marcelo ‘el carnal’ Ebrard se la rifó como los grandes. 

Pero con la celebración, siempre llega la cruda realidad, esa que hace recordar que Dios existe y tiene formas infinitas de hacernos pagar por los pecados. Fue cuando el gobierno de Estados Unidos emitió una nota de prensa en la que explicaba los acuerdos alcanzados. El primero, que ya se había adelantado, que México desplegaría a la Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) para reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).

También que aceptaba que los migrantes que cruzarán a Estados Unidos buscando asilo político fueran enviados rápidamente a México donde esperarían la resolución de su petición. Mientras, se les daría trabajo, acceso a salud y educación. (O sea, ¿cuánto tarda el proceso de asilo?). Cualquier parecido con lo que es un “tercer país seguro” es mera coincidencia.

Y si el mareo, las ganas de vomitar y el dolor de cabeza no fueran suficientes, el sábado Trump publicó en su cuenta de Twitter que México había accedido a comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas a sus agricultores. ¡¿Whaat!?

Ante esto, las preguntas que surgen son: realmente ¿se negoció o únicamente se aceptaron condiciones? ¿fue negociación o el pago a una extorsión?

Y lo peor, ¿el señor Trump ya le tomó la medida al gobierno mexicano? ¿después de los 90 días en que se revisen la implementación de estos acuerdos, vendrá una nueva amenaza y Marcelo, Marcelo ra, ra, ra irá a aceptar otras condiciones?

Por supuesto que el gobierno mexicano podrá decir, parafraseando a Enrique Peña Nieto, “y aquí pregunto, ¿ustedes qué hubieran hecho?”, era decidir entre aceptar las condiciones o una crisis que no se puede permitir.

De cualquier manera, al leer las letras chiquitas del “gran triunfo de la unidad mexicana” queda un sabor amargo de boca, con el mismo sentimiento de cuando México pierde ante otros países en el futbol… de que jugamos como nunca, pero perdimos como siempre.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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