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Un pueblo que huele a gasolina

2019-01-21 15:18:12 | El Pionero

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SAN PRIMITIVO, Hgo.- A la vera del camino que comunica las cabeceras municipales de Tlahuelilpan y Tlaxcoapan, justo donde comienza un sembradío de alfalfa, la familia Estrada encontró un dedo y unos mechones de cabello.


    

“Venga”, me llaman. “Es increíble lo mal que hacen su trabajo”, me dice Fernando Estrada, tío de Iván, un joven que convalece, inconsciente, en el Hospital Regional del IMSS en Pachuca, luego de sufrir graves quemaduras por la explosión de un ducto de Petróleos Mexicanos, el viernes por la noche.

“Ese dedo y ese pelo deberían estarlos analizando ahora mismo para poder identificar a las personas que murieron o están en coma en los hospitales”, me dice con una mueca de desesperación. Fernando aún busca a otro sobrino, Hugo Olvera Bautista, un muchacho de 13 años, de quien no se sabe nada desde el viernes y que había llegado con su primo Iván, desde Presas, comunidad del municipio de Tezontepec, a seis kilómetros de distancia. En toda la región se había corrido la voz de que “estaban regalando gasolina”.

Hubo casi cuatro horas para evitar la muerte de decenas de personas. De acuerdo con el secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo, la Sedena dio aviso de la fuga a las 14:30 horas. Los testimonios recogidos indican que los soldados y policías enviados aquí advirtieron a los pobladores sobre los riesgos que corrían al acercarse a la zona de la fuga de combustible, pero nunca se los prohibieron. “Eso, la gente lo entendió como un permiso para pasar”, me dice una mujer, quien ese día se retiró del lugar antes de la explosión.

A 150 metros al poniente, cruzando el sembradío, está la zona cero de la tragedia que, hasta el momento de escribir estas líneas, ha dejado 85 fallecidos y más de 50 heridos.

El punto exacto por donde brotó un géiser de combustible está ahora cubierto por tierra, luego de que bomberos y personal de Pemex lograran apagar el incendio, cerca de la media noche de ese día. Se trata de una zanja que divide los municipios de Tlahuelilpan y Tlaxcoapan. De uno y otro lado hay campos de cultivo. Me llama la atención que un tramo del ducto Tuxpan-Tula corra justo debajo de esa zanja, que ha sido habilitada como canal de riego. Le pregunto por qué a un grupo de pobladores que, como yo, observa los vestigios del infierno: yerba y árboles calcinados, cubetas derretidas, celulares reventados por el calor, ropa y zapatos chamuscados…

“Primero colocaron el ducto y ya luego apareció la zanja”, me dice uno de ellos. “Señor —interviene otro—, andan diciendo que ese ducto recién lo picaron, pero no es verdad. Nosotros, que vivimos acá, lo sabemos. Tiene de menos cinco años que lo estaban ordeñando”.

Bajo al fondo de la zanja, donde a simple vista se percibe un burbujeo, no lejos de donde el ducto expuesto fue cubierto en tierra. Los pies se hunden. Al tocar el suelo, éste despide el inconfundible olor de la gasolina. La fuga de combustible continúa. Un tercer interlocutor refiere que dos o tres veces por semana llegaba un camión con pacas y se estacionaba justo en el punto donde ocurrió la explosión. El conductor y sus acompañantes hacían como que revisaban el sembradío. Oculto por el camión, uno de ellos llenaba bidones con gasolina, usando una manguera conectada al ducto.

Le pregunto qué pasó el viernes. “Yo creo que se les reventó la válvula, no sé… Y empezó a salir un chorro de gasolina a presión. Eso fue poco antes de las tres de la tarde. Para las cinco, ya había llegado mucha gente con cubetas y garrafones. Y no sólo de aquí, sino de muchos pueblos de los alrededores”.

Camino cruzando el sembradío de alfalfa. El cultivo estaba listo para recolectarse, pero lo que no se quemó quedó aplastado por la estampida humana. Personas con las ropas en llamas dejaron ahí regadas sus pertenencias.

A 36 horas de la explosión del ducto, los peritos estatales y federales organizan una nueva búsqueda de evidencias. Me queda la impresión de que la zona del siniestro no ha sido debidamente protegida, como muestra el hallazgo espontáneo del dedo.

La explosión del viernes tendría que ser oportunidad para procesar a quienes, durante años, ordeñaron el ducto en San Primitivo y así enviar un mensaje de cero tolerancia a este delito.

Asimismo, debiera aprovecharse para abandonar el discurso victimista de que la ordeña es producto de la pobreza y eso se resuelve con transferencias de dinero. El no decir con claridad que esta práctica es un delito no ayudará a crear conciencia de su peligro.

Creer que éste será un antes y después automático es fácilmente desmentido por las reiteradas explosiones provocadas por el manejo de la pólvora por parte de los artesanos de pirotecnia en Tultepec, Estado de México, donde se han dado 50 estallidos en los últimos 20 años.

Pascal Beltrán del Río/Excelsior

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Las caídas de Morena

2019-04-14 18:26:02 | El Pionero

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El gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.


    

Inicia la Semana Santa en la que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Al que le ha tocado llevar la cruz de sus declaraciones es al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien después de decir que la refinería Dos Bocas no iba a ser construida o que habría tenencia generalizada en todo el país fue castigado con el látigo de su desprecio por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien le enmendó la plana y lo desmintió.

No ha sido el único, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, casi fue crucificado cuando dijo que no se había encontrado evidencia de corrupción en lo que sería el NAIM, lo cual fue corregido también por el mandatario.

Los empresarios han padecido un verdadero calvario después de la cancelación del NAIM y de los contradictorios mensajes que se envían en las conferencias mañaneras del mandatario, en las que se genera todo menos certeza y el viacrucis continúa para miles de mexicanos que no observan una disminución en los índices de violencia.

Ni hablar de caídas, se han registrado varias y de todo tipo: la cancelación de las estancias infantiles, dejar sin empleo a miles de personas en el gobierno federal, no pagarles a los médicos de los hospitales públicos y la de haberle exigido disculpas al gobierno español y al Vaticano por los agravios de la Conquista. La más reciente caída fue la del subsecretario de Turismo, Simón Levy, quien de plano se bajó de la Cuarta Transformación.

También se ha representado muy bien el papel de Poncio Pilatos, pues el gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.

Las traiciones también se dan entre los discípulos de López Obrador.

Aunque los morenistas se reúnen para compartir el pan y el vino, bajo la mesa se están dando con todo en el gobierno, Congreso y partidos.

 ¿Quién se venderá por unas monedas?

Eso sí, el gobierno federal ha sido piadoso y ha puesto (varias veces) la otra mejilla ante las bravuconadas del presidente estadunidense Donald Trump. Además, debe reconocerse que el mandatario tabasqueño es experto en resurrecciones. Resucitó a Manuel Bartlett, a Napoleón Gómez Urrutia y hasta a Elba Esther Gordillo. Todo mundo los daba por muertos, y hoy están vivitos y coleando.

Lo que no deberá esperarse es que se celebre este Domingo de Ramos en la Cuarta Transformación, porque después de lo que pasó el viernes pasado en la conferencia de prensa, donde el periodista Jorge Ramos encaró al Ejecutivo, quedaron prohibidos los ramos de todo tipo.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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