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La realidad

2018-12-27 10:28:08 | El Pionero

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El fin de año alcanzó al nuevo gobierno mexicano en su inexperiencia y su carencia de sensibilidad sobre los problemas propios de un país que no es el mismo que veían cuando eran oposición. Los plantones en el aeropuerto y la resistencia a aceptar los recortes presupuestales por parte de los presidentes municipales, así como el drama de los miles de burócratas despedidos sin argumento alguno más allá del que exige su renuncia como parte de los cambios puestos en práctica por la cuarta transformación, son todos estos ejemplos de la falta de oficio político de los recién llegados, y de los costos que decisiones de este tipo ocasionarán en el corto plazo.


    

El tema de la desorganización de la nueva administración, ligado al proyecto de desmantelamiento de un aparato burocrático, cuya reducción ha sido hecha con un largo cuchillo sin consideraciones racionales, prevé un choque con factores reales de poder y un mayor burocratismo producto del desconocimiento de la vida cotidiana en el manejo de los trámites por parte de los nuevos e inexpertos funcionarios públicos. La subordinación de toda la clase política a la figura y las decisiones del Presidente, impide la reversión de medidas que dañarán seriamente la economía nacional y de las personas de manera casi inmediata.

Las rectificaciones hechas en lo referente a las modificaciones legales y presupuestales en relación a las universidades y el presupuesto para ellas, así como los recursos destinados para el servicio diplomático, denotan la falta de conocimiento en el manejo de documentos básicos, así como la posible influencia de sectores radicales dentro de Morena dispuestos a rebasar las propias indicaciones de su líder.

El rechazo a la inversión extranjera en ciertos proyectos, como el del Transístmico, es otro mensaje de cerrazón por parte del Presidente frente a la urgente necesidad de atraer capitales externos en un momento de reducción de flujos de recursos a nivel internacional. El repunte de precios durante diciembre sólo complica más el escenario en la medida en que el compromiso de elevar salarios por encima de la inflación por parte de López Obrador, obligará al Banco de México a reforzar su política de alzas en la tasa de interés, generando a su vez un choque frontal entre esta institución y la Presidencia de la República.

Los recortes presupuestales a los órganos autónomos del Estado mexicano forman parte de la recomposición del régimen, cuyo objetivo es concentrar todo el poder en la figura presidencial. En este contexto, estas instituciones que siempre representaron una instancia de contrapeso frente al poder, están hoy en peligro de desaparecer por ser consideradas ilegítimas e inútiles en la cuarta transformación. Sin embargo, sus aportaciones a la democracia y a la transparencia las vuelven indispensables para evitar el regreso de un modelo autoritario de un solo hombre.

Una burocracia sin capacidad profesional para procesar las demandas ciudadanas, y convertida más en un órgano de control político que en una nueva forma de atender las necesidades ciudadanas, tiene la fuerza suficiente como para destruir los cimientos de una débil y cuestionada democracia de poco más de dos décadas de existencia. Esta fascinación por el pasado estatista del nacionalismo revolucionario mitificado por el propio López Obrador, nos pude conducir en unos cuantos años a la democracia iliberal de la Rusia de Putin o la Hungría de Orbán, donde las reglas de gobierno se adaptan a las necesidades del autócrata, abandonando rápidamente el Estado de derecho en beneficio del caudillo. Este es el riesgo que se corre en la realidad mexicana.

Por Ezra Sabot/El Financiero

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¡Que pase el desgraciado!

2019-03-17 14:42:02 | El Pionero

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Las conferencias mañaneras de Andrés Manuel López Obrador se han convertido en un escenario donde puede pasar de todo, desde el anuncio de un programa estructural como el (no) rescate de Pemex o la guerra al huachicol, hasta el montaje de un espectáculo más parecido a un talk show.


    

Esos programas que fueron y son tan populares, provocan morbo, controversia, intriga y debate. Siempre aparece el denunciante u ofendido que le saca los trapitos al sol o sus pecados al desgraciado, ante un público sorprendido o escandalizado.

Como en todo talk show, no importa si es verdad el drama que se está presentando, si los personajes son reales o son actores, si realmente hay evidencia o la historia proviene del imaginario del ofendido, lo que importa es el rating.

Y la popularidad requiere por supuesto una mente maestra que pueda orquestar todo y hay que reconocerlo, el Presidente es un muy buen productor. Conoce perfectamente el timing, sabe cuándo subir el nivel y lanzar una bomba mediática, cuándo denostar a sus oponentes o simplemente cuándo dejar descansar a la audiencia con conferencias más tranquilitas.

Y de todas las figuras que lo acompañan formando parte del tinglado, hay uno en particular que se lleva las palmas: Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera. Cuando aparece a cuadro, la audiencia sabe que puede esperar un buen espectáculo. Al funcionario le gusta el protagonismo, el aplauso fácil y el reflector. Además, tiene incontinencia verbal-legal y una imaginación que los escritores más avezados le envidian.

En el escenario, pone un rostro serio, preocupado, listo para atacar. Entonces lanza la acusación, se desgarra las vestiduras, presenta gráficas e historias provenientes de la más febril creatividad. Presenta a los desgraciados a una audiencia en donde se mezclan los reporteros serios, y los que son de chocolate, que rayan en el fanatismo, le aplauden, se ríen, apuntan y mueven la cabeza en tono afirmativo.

Santiago Nieto ha protagonizado capítulos como: “El desgraciado viajó a Guatemala y el Salvador a lavar su dinero” y el más reciente episodio del talk show: “una red satánica de empresarios financió un documental diabólico y yo fui testigo”, en el que el funcionario comienza a señalar cómo esos enemigos del sistema se pusieron de acuerdo para financiar el documental seriado conocido como El Populismo en América Latina.

Alarmado habla de transferencias millonarias para producir el que seguramente es uno de los documentales más onerosos del que se tenga registro; porque de acuerdo con las cifras que dio en el talk show, perdón, en la conferencia mañanera, se invirtieron casi 145 millones de pesos en él. No sólo eso, si no que fue un completo fracaso porque no tuvo el más mínimo impacto en las preferencias electorales. No muestra pruebas de sus conclusiones, las slides de un Power Point son suficientes para acusar sin importar las consecuencias. Al diablo con la presunción de inocencia o el debido proceso, los cinco minutos de fama bien valen la pena.

Tal vez ya habrán desaparecido algunos talk shows de la televisión nacional, pero se dio paso a un nuevo formato: las mañaneras, que tienen el mismo estilo, pero en lugar de que haya títulos como “Fui a una fiesta satánica y estoy poseído”, “mi mujer ni muerta me deja en paz” o “Mi hijo se va de pinta por culpa del perreo”, se llaman “Quiso burlarse de mí, reclamando el IVA”, “Hicieron contratos leoninos y no me tocó nada”, “En las estancias infantiles espantan”. “Los diablitos sí existen y se roban la luz en la CFE”.

Por Vianney Esquinca/La Inmaculada percepción

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