×

Los 21 días que conmovieron a México

2018-12-22 19:26:39 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

El lapso que lleva la llamada Cuarta Transformación es una montaña rusa. El ambiente es tenso, difícil, incierto. Estamos polarizados. Chairos vs. fifís. “Nosotros los pobres” vs. “Ustedes los ricos”. Buenos y malos. Unos aprueban a López Obrador, haga lo que haga. Otros lo ven todo mal. No le conceden una.


    

Son los 21 días que conmovieron a México.

Se han registrado decisiones controvertidas, incomprensibles, polémicas, como la cancelación del aeropuerto en Texcoco. Un costoso capricho.

Pero también han provocado inconformidad los despidos masivos en el sector público, la derogación de la Reforma Educativa, las consultas amañadas, la aprobación de los superdelegados.

El pleito con el Poder Judicial acaparó titulares. A muchos nos preocupó, más que los salarios de ministros, jueces y magistrados, la división de Poderes. El Judicial es el único que ha hecho contrapeso.

Taibo II, el ministro carnal, la militarización de la seguridad pública, vía la Guardia Nacional, completan la pirámide de inconformidades.

El gobierno va de prisa. Tiene más riesgos de tropezarse. Se multiplican las protestas por la decisión de echar, por lo menos, a dos mil personas en el SAT. El iceberg de la tragedia humana que se viene en el sector público por “austeridad republicana”.

La tijera no sólo corta los privilegios de la “burocracia dorada”, a los “buenos para nada”, sino que también cercena los planes de los empleados de confianza, medios y menores, que han visto mermados sus ingresos. La baja en los salarios también les ha pegado durísimo.

“Le has fallado al pueblo que confió en ti”, decía una de las mantas de los despedidos del Servicio de Administración Tributaria. En otra se leía: “¡Así no, Andrés Manuel!”.

¿Y qué decir de los recortes al campo, a la cultura, al medio ambiente? Iban por las universidades públicas, pero ante la amenaza de movilización de los estudiantes, dieron marcha atrás.

El Palacio de San Lázaro amaneció sitiado ayer por 50 organizaciones de campesinos que reclaman les sean repuestos al campo los 20 mil millones que les fueron recortados en el presupuesto 2019. Allí, en el campo, seis de cada diez personas son pobres. Los campesinos fueron llevados hasta San Lázaro, entre otros, por el diputado, Ismael Hernández Deras, dirigente nacional de la Confederación Nacional Campesina (CNC), quien personalmente se ocupó de los candados para que algunos entraran.

Los inconformes, antorchistas del PRI, no dejaron ni entrar ni salir a nadie durante horas. Los que estaban dentro quedaron secuestrados por varias horas.

La diputada externa de Morena, Tatiana Clouthier, envió  un SOS, vía Twitter. “No sé si para bien o para mal, estamos secuestrados en el Congreso. Lo que no está bien, y @SPCCDMX debería hacer algo, pues encadenaron puertas y es peligroso”, decía su mensaje. Gerardo Fernández Noroña asegura que, aunque “digan misa”, ellos nunca hicieron algo parecido. Ahora sí que fake news.

Este reportero, que durante años cubrió Cámara de Diputados, se quedó atrapado en San Lázaro en varias ocasiones, por manifestaciones como la de ayer. No se podía entrar ni salir.

Al cierre de esta columna, llevaban ocho horas encerrados diputados, empleados, prensa. Los campesinos decían que de allí no se movían hasta que le repongan los recursos al campo.

El peor error de la Cuarta Transformación, para muchos, ha sido la cancelación del NAIM. El argumento más sólido para abandonar la megaobra es la corrupción. Dicen que los terrenos aledaños eran botín de los especuladores. Compro barato, vendo carísimo. Pero si ésa era la razón, se les pudo haber expropiado, investigado, sancionado. Pero no había por qué cancelar una obra  que para el futuro de México es indispensable.

Ahora se va a deshacer lo que se hizo. Peor: se van a tirar a la basura 100 mil millones de pesos —la conservadora cifra es de Jiménez Espriú—, si no es que más.

Lo ocurrido lo define bien Bloomberg en un artículo lleno de citas de expertos: “Es una victoria política de López Obrador, pero los mexicanos son los perdedores”.

También hay noticias buenas, muy buenas: el aumento al salario mínimo en forma consensuada con empresarios y obreros: 16% a nivel nacional (a 102.68 pesos) y al doble en la frontera. Es la mejor.

El combate a privilegios y abusos de los poderosos es de aplaudir. La atención a pobres y olvidados más. La eliminación de las pensiones a expresidentes (no las necesitan) es de aplaudir. La disciplina fiscal, también.

Los gobernadores de oposición se organizan ante la sordera de la Secretaría de Hacienda. Nomás no los recibe. Hay quejas por todos lados: el desplegado de la Asociación de los Gobernadores del PAN convocando al diálogo por el presupuesto. No quieren que se elimine el Ramo 23. Dicen que el gasto en los estados está orientado a los planes de Andrés Manuel López Obrador y que dejan de lado necesidades locales.

Los superdelegados les siguen haciendo ruido. Los consideran “incubadoras” de candidatos de Morena. Algunos hasta sienten pasos. “No nos hagan extrañar a Peña”, dijo ayer Javier Corral, gobernador de Chihuahua.

Más pronto cae un hablador que un cojo. Circuló en redes sociales un video, grabado en tiempos de Peña, en el que aparece Mario Delgado con un discurso denunciando “el año de Hidalgo” (chingue a su madre el que deje algo). 

Dice el coordinador de los diputados de Morena: “La corrupción y los negocios están desatados. El gobierno de Peña hasta los terrenos del Ejército quiere vender para un desarrollo comercial y habitacional de lujo”. Hablaba del terreno del campo militar 1F, cuya “urbanización” ahora es apoyada por AMLO para financiar las instalaciones de la polémica Guardia Nacional. ¡Gulp!

Por Francisco Garfias/Arsenal

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Yo no fui, fue el ex

2019-05-19 19:05:39 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Errar es de humanos, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía, y en ese sentido los políticos pecan de humanidad. Culpar a los gobiernos anteriores de los problemas que enfrenta una autoridad es un derecho consagrado en la Constitución Universal de los Políticos de todo el mundo y como tal, todos echan mano de ese recurso.


    

Sin embargo, a diferencia de otros derechos, éste sí tiene fecha de caducidad porque tarde o temprano la gente dejará de comprar el argumento de que todas las desgracias que están cayendo en el país, estado o ciudad se deben al pasado. Pues, precisamente, se votó por un cambio, no para seguir igual.

¿Cuánto le dura a un gobernante la facultad de echar mano de este viejo recurso? Depende de varios factores: Si el gobernante en turno emana del mismo partido que el anterior, evidentemente se ve más limitado a culpar a sus antecesores, aun cuando sean de corrientes distintas. Sin embargo, si resulta que son de institutos políticos distintos ¡Eureka! La cosa se pone buena. También influye la credibilidad del político que usa este derecho para explicar su propia incapacidad de resolver las cosas. Si Peña Nieto, cuya imagen se deterioró rápidamente, hubiera insistido en culpar a Calderón de sus males, se lo hubieran comido vivo. López Obrador, sin embargo, cinco meses después de haber tomado el cargo, se da vuelo de culpar no sólo al gobierno anterior, sino también a todos, casi casi desde Plutarco Elías Calles y la gente piensa que es así.

Pero ojo, que López Obrador lo pueda hacer no significa que todos tengan su misma suerte. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México por ejemplo, quiso aplicar el mismo discurso cuando estalló la contingencia ambiental señalando que la anterior administración no había dejado protocolos de actuación ante las diabólicas PM2.5 y el resultado fue una carcajada generalizada.

Y es que Claudia Sheinbaum llegó de la mano y con la bendición del tabasqueño, pero no tiene ni su carisma ni su blindaje, ella sí le tiene que talachear porque la gente le recuerda que ella fue secretaria de Medio Ambiente, experta en estos temas.

Un tercer elemento es el uso reiterado y exagerado que se da para culpar a otros. Resulta creíble decir que la inseguridad y la violencia que se vive en el país es culpa de las malas decisiones y estrategias de los gobiernos pasados que alborotaron el panal sin ningún Plan B, pero culpar al neoliberalismo de las malas notas de las calificadoras internacionales hacia Pemex por las decisiones que está tomando la actual administración federal, raya en el abuso. Sería tanto como que el Gobierno de la Ciudad de México dijera que tampoco le dejaron protocolos para que el Popocatépetl no explotara o el manual para que las lluvias no se retrasaran, o que el cambio climático tiene la culpa de todos los incendios, sin reconocer que hubo un recorte en el presupuesto de la dependencia que estaba para evitar esas conflagraciones. Finalmente, un punto para saber cuánto tiempo de vigencia tendrá el derecho a culpar a otros, es lo que se prometió en campaña. Si como, por ejemplo Vicente Fox dijo que terminaría con el conflicto de los zapatistas en Chiapas en 15 minutos, y evidentemente no lo logró, el tiempo se recorta.

Es justo en este punto donde más tropiezan los gobernantes. Todos prometen cambios inmediatos, cosa que evidentemente no pueden cumplir. Es bien sabido que cuando en una crisis un político sonríe es que ya encontró a quién echarle la culpa y en México, los políticos son muy sonrientes. La falta de autocrítica y la repartición de culpas es memorable.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn