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Bueno, pero no se enoje

2018-10-21 08:04:03 | El Pionero

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Al equipo financiero del presidente electo se le debe ir el sueño cada vez que escucha las promesas de su jefe.


    

Los miembros del futuro gabinete de Andrés Manuel López Obrador deberían tomar té de pasiflora, hacerse unos masajitos relajantes y respirar profundamente: “aire malo para fuera, tequila bueno para dentro; aire malo para fuera, tequila bueno para dentro”.

 

A últimas fechas se ven nerviosos e irascibles en sus presentaciones públicas o entrevistas. Por supuesto, esta columna no tiene ningún interés en juzgarlos. Al contrario, entiende que debe ser muy difícil defender lo indefendible. Por ejemplo, tratar de justificar una consulta sin pies ni cabeza y sin el mínimo rigor metodológico para endilgarle “al pueblo” la decisión de construir o no el NAIM. Es una tarea titánica tener que aguantar las preguntas malintencionadas de los reporteros queriendo saber si habrá encuesta o no adicional a la consulta, de saber si ya tienen plan B en caso de que salgan resultados distintos o cómo van a pagarle a los empresarios que ya invirtieron en Texcoco.

 

A cualquiera pondría de malas que mientras se da el discurso de austeridad y se critica la ostentación y la frivolidad, uno de los más cercanos colaboradores del presidente electo aparezca en una revista requetefifí.

 

Claro que es un arduo trabajo tratar de eliminar todo rastro de la administración de Enrique Peña Nieto y, sobre todo, saber que a partir del 1 de diciembre a ellos les tocará recibir con los brazos abiertos y visas de trabajo a miles de migrantes de Centroamérica y a detener la entrada de armas que vienen de Estados Unidos.

 

¿Y qué decir del equipo financiero del presidente electo? Se le debe ir el sueño cada vez que escucha las promesas de su jefe o las declaraciones de la próxima secretaria de Energía, Rocío Nahle, señalando que están valorando si se suprime el IEPS sobre la gasolina y petróleo, que implicaría tener menos de 250 mil millones de pesos. 

 

Al equipo de transición se le debe llenar la cara de vergüenza cuando, a pesar de que López Obrador ya marcó cómo debe ser el comportamiento de sus funcionarios, aparece el diputado Cipriano Charrez, quien borracho estuvo involucrado en un accidente en el que murió una persona. O tener que aguantar una y otra vez las pifias tuiteras del flamante presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Sergio Mayer, o las siestas interminables del diputado Manuel Huerta.

 

Frustrante que los foros de pacificación sirvieran de todo menos para pacificar los ánimos. Claro que es un trabajo de tiempo completo buscar el ángulo positivo a las malas noticias; como que no es que los foros se hayan cancelado porque no sirvieron, sino porque ya tenían toda la información que requerían.

 

Debe ser exasperante llegar a una mina charoleando y ¡no ser reconocido como futuro secretario de Comunicaciones y Transportes! Por una fulana que seguro no lee los periódicos, ni se entera de que el gobierno electo ya está en funciones. Lo bueno es que ya llegará el 1 de diciembre y hay un Dios que todo ve y recuerda.

 

¿Quién traería una sonrisa si escucha que la calificadora Fitch Ratings redujo la perspectiva de estable a negativa a Pemex por futuros cambios potenciales en la estrategia comercial que podrían acelerar el debilitamiento de la compañía?

 

Por eso que aquí los entendemos, no debe ser fácil dejar el calor de las campañas y convertirse en gobierno, en el que además se tienen las más altas expectativas. No obstante, los integrantes del gobierno de López Obrador apenas están iniciando, deben dejar la intolerancia y la exasperación para cuando vayan por el año 3.

Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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México jugó como nunca, pero perdió como siempre

2019-06-09 16:34:36 | El Pionero

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La Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) van a reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).


    

Después de días de tener el Jesús en la boca ante la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos que llegaran a Estados Unidos, el viernes pasado, poco después de las 19:30, llegaron los dos tuis más esperados, el del presidente estadunidense y el del canciller mexicano Marcelo Ebrard anunciando que se había llegado a un acuerdo.

En México, acostumbrados a tener pocas noticias buenas, se sacó tequila y mezcal para celebrar, hubo quien propuso ir al Ángel y hasta aquél que candidateó a Ebrard como presidente para 2024 o de perdida director técnico de la Selección Nacional.

La emoción desbordó a algunos: Dame una M, M; dame una A, A, dame una R, R…. ¿Qué dice? ¡Marcelo!, ¡Más fuerte!, ¡Marcelo!, Tres veces: ¡Marcelo, Marcelo, Marcelo! A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Marcelo, Marcelo, ¡ra, ra, ra!

Por si no fuera eso ya suficientemente exagerado, hubo quien (¡válgame Dios!) cambió el Himno Nacional para cantar en Twitter: ¡Para ti, @m_ebrard, las guirnaldas de oliva! ¡Un recuerdo para ellos de gloria! ¡Un laurel para ti, @Martha_Barcena de victoria!

Fue tratado como héroe nacional que regresaba de la misión más difícil que le había tocado enfrentar. Y ¿cómo no? Si tuvo que lidiar con transbordos en aviones, reuniones exhaustivas con Think thanks (piensa, gracias para los cuates) o con el Wodrow Wilson Institute (y no con el Woodrow Wilson Center) y sobre todo, las morningeras. Eso no es todo, se enfrentó a ¡unos inoportunos cacahuates! que fueron colocados estratégicamente en la servilleta de uno de sus colaboradores seguramente por la mafia del poder estadunidense. Definitivamente, Marcelo ‘el carnal’ Ebrard se la rifó como los grandes. 

Pero con la celebración, siempre llega la cruda realidad, esa que hace recordar que Dios existe y tiene formas infinitas de hacernos pagar por los pecados. Fue cuando el gobierno de Estados Unidos emitió una nota de prensa en la que explicaba los acuerdos alcanzados. El primero, que ya se había adelantado, que México desplegaría a la Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) para reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).

También que aceptaba que los migrantes que cruzarán a Estados Unidos buscando asilo político fueran enviados rápidamente a México donde esperarían la resolución de su petición. Mientras, se les daría trabajo, acceso a salud y educación. (O sea, ¿cuánto tarda el proceso de asilo?). Cualquier parecido con lo que es un “tercer país seguro” es mera coincidencia.

Y si el mareo, las ganas de vomitar y el dolor de cabeza no fueran suficientes, el sábado Trump publicó en su cuenta de Twitter que México había accedido a comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas a sus agricultores. ¡¿Whaat!?

Ante esto, las preguntas que surgen son: realmente ¿se negoció o únicamente se aceptaron condiciones? ¿fue negociación o el pago a una extorsión?

Y lo peor, ¿el señor Trump ya le tomó la medida al gobierno mexicano? ¿después de los 90 días en que se revisen la implementación de estos acuerdos, vendrá una nueva amenaza y Marcelo, Marcelo ra, ra, ra irá a aceptar otras condiciones?

Por supuesto que el gobierno mexicano podrá decir, parafraseando a Enrique Peña Nieto, “y aquí pregunto, ¿ustedes qué hubieran hecho?”, era decidir entre aceptar las condiciones o una crisis que no se puede permitir.

De cualquier manera, al leer las letras chiquitas del “gran triunfo de la unidad mexicana” queda un sabor amargo de boca, con el mismo sentimiento de cuando México pierde ante otros países en el futbol… de que jugamos como nunca, pero perdimos como siempre.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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