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  • ¡Auxilio!

    2018-09-29 18:31:32 | El Pionero

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    En el 911 no hay respuestas que nos auxilien. Quien atiende parece estar más confundido, incluso, que quien vive el momento desafortunado.


        

    Imagine que va en un taxi, de pronto, el conductor le advierte que no siente sus brazos; agrega que poco a poco pierde sensibilidad en sus piernas. Se detienen, con el riesgo que implica hacerlo, sobre el segundo piso del Periférico, pero más vale la precaución. A menos de que se sea médico o se tenga alguna capacitación en cuestión de manejo de emergencias, para al menos intuir qué sucede, no hay de otra. Y es que, ¿qué porcentaje de la población está preparado para una situación como ésta? Qué otra cosa se puede hacer sino llamar al 911, el número de auxilio que desde hace al menos un año se nos ha presumido como parte de la nueva era en atención ciudadana.

    Entonces, hace uso de la app en su celular, comienza la comunicación con una agente que, inferimos, sabe perfectamente cómo responder según la circunstancia. Pero no es así: Sólo preguntas y más preguntas que no llevan a ningún lado. Solicitud de referencias que el común de los ciudadanos muchas veces desconoce.

    Las emergencias no se toman la molestia de presentarse en momentos y lugares oportunos. Nada. No hay respuestas que nos auxilien. No se escucha nada ligeramente eficaz del otro lado del teléfono. Quien atiende parece estar más confundido, incluso, que quien vive el momento desafortunado. Al parecer, ambos lados de la bocina necesitan ayuda: Alguien para su emergencia y alguien más para saber cómo actuar ante ella, a pesar de que debería ser su trabajo.

    Esto se lee en la página del 911 en el portal del gobierno de la CDMX: “El 9-1-1 está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año y tiene la función de la georreferenciación para detectar el origen de las llamadas de auxilio y poder dirigir a las y los ciudadanos a los centros más cercanos...”.

    Vaya mentira, pues aquella llamada se originó desde la app en un dispositivo móvil y quien respondió no tenía idea del lugar desde el cual se marcó. La emergencia no pasó a más, pero la ayuda llegó por otras vías, no gracias al servicio dado por el 911 que, en teoría, cambiaría la vida de los habitantes de este país, en materia de atención ciudadana.

    Lo anterior me sucedió ayer camino al noticiero de Imagen Noticias. Al contar mi experiencia, otros compañeros me compartieron sucesos similares: La mamá de una muy querida amiga se golpeó mientras se bañaba, el 911 tardó en reaccionar y pasaron varios minutos antes de que alguien tomara la llamada. Minutos que pudieron ser la diferencia entre una anécdota y un momento que lamentar.

    Otro compañero quiso alertar de un accidente, su misión quedó a medias porque tampoco recibió respuesta, al menos no con la inmediatez con la que éstas deben resolverse.

    Revisando en notas periodísticas, encuentro testimonios similares: “Nos dimos cuenta de que era un asalto y que los ladrones huyeron con la camioneta y el auto les servía de escudo (...) Empezamos a marcar al 911, a todos se nos cortaba la llamada o simplemente no contestaron...”, narra un joven llamado Jorge a El Universal, en noviembre de 2017. Los hechos ocurrieron al norte de la Ciudad de México.

    Un par de meses antes, pero en Monclova, Coahuila: “El número 911 no ha sido lo que esperaban los habitantes de la región centro, pues de la misma forma que con el 066, se han detectado fallas sensibles que anulan la teoría de un Sistema de Emergencias. Ciudadanos que han marcado a este número señalan que simplemente no contestan, o bien, contesta una grabación....”, reportó El Siglo de Torreón.

    Apenas en junio pasado, el gobierno federal informó que el 911 registró 31 millones 429 mil 407 llamadas en los primeros tres meses de 2017. Detalló que sólo 10% de las llamadas es de emergencias reales. Si bien, en esta cifra tiene mucho que ver la cultura cívica, esto no tendría que repercutir en la operación del sistema. Cifras como éstas ocurren en otros países del mundo y ello significa una mala ejecución de los procedimientos.

    Un análisis de Causa en Común, calculó que el presupuesto durante el año pasado para cada Centro de Atención de Emergencias (CAE) en los estados fue de casi más de 82 mil millones de pesos.

    El de la CDMX fue el que más recibió, poco más de dos mil millones 800 mil pesos, la mayor parte de los recursos va para salarios, después para el mantenimiento de la telecomunicación con la que operan.

    Cuénteme usted, ¿qué experiencias ha tenido con el 911? Pienso que tendrán que ser más las buenas, para justificar tamaño presupuesto.

    Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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    La boda de la demagogia, en ‘¡Hola!’

    2018-10-06 09:17:22 | El Pionero

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    Jamás imaginaría a Benito Juárez en la portada de la revista ¡Hola!


        

    Nuestro presidente electo, que dice seguir los pasos del liberal de Guelatao, ocupa ese lugar y se defiende con el argumento de que fue en un evento social y privado, no un acto de gobierno.

    Tiene razón en que se trató de un acto social, pero privado no: fue deliberadamente hecho público en el principal hebdomadario del corazón y la cursilería mundial.

    Él fue el principal testigo del novio, su más cercano colaborador, César Yáñez.

    ¿Un republicano en la portada de la revista del rey?

    Es cierto, como dice Andrés Manuel López Obrador, que no fue una acción de gobierno. Pero ese no es el punto.

    Lo que importa es el descubrimiento, bajo un cielo de diecinueve mil rosas blancas, del lado frívolo y derrochador de los que llegarán a gobernarnos en menos de dos meses.

    Nos dijeron que se debían a los pobres.

    Que al fin llegarían los pobres a Palacio Nacional.

    Juraron que no eran frívolos como los que se van.

    Al pueblo le dicen que el país está en bancarrota, y se despachan con una fiesta digna de jeques árabes o del sultán de Brunei.

    Apenas ganaron las elecciones y ya se comportan como la minoría que dicen combatir.

    Ya llegaron, y al fin comparten espacio en ¡Hola! con Amal Clooney (esposa de George), que “apareció con un vestido midi rojo que recordó a alguno de los looks favoritos de Mergan Markle”.

    También están a unas pocas páginas de Ivanka Trump, “una princesa más en la cumbre real. Máxima, Mary y Victoria toman Nueva York con flores: he aprendido mucho de Su Majestad (Máxima) y espero aprender mucho más, dijo la hija del Presidente”.

    Se ve muy bien la pareja de la Cuarta Transformación mexicana junto a “Rania de Jordania, (que) felicita a sus princesas: sus hijas Iman y Salma. Cada una de ustedes llena mi corazón de alegría. ¡Mi amor por las dos es único!”.

    El próximo Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de México, al fin está cerca de Alejandra de Hannover, que se convirtió al catolicismo, lo que “la excluye de la línea de sucesión al trono británico”.

    Por encima de todos ellos, en la portada, está el distinguido vocero del movimiento que enarbola la promesa de “primero los pobres”, delante de Fernando Fuitz-James Stuart y Sofía Palazuelos, que tienen “todo listo en el Palacio de Liria para la gran boda de la Casa de Alba”.

    Ahí, “el secreto mejor guardado del enlace es si la novia llevará la tiara ducal o la de Emperatriz Eugenia, dos joyas de gran valor histórico para los Alba”.

    Con esos se codean en las revistas del jet set nuestros héroes de la austeridad republicana, de la Cuarta Transformación, de primero los pobres, de sin el pueblo nada.

    Por supuesto que Yáñez tenía derecho a una boda así, y a aparecer junto a la realeza mundial. Es asunto suyo, de su feliz pareja y de su popular testigo.

    Lo que tenemos derecho a decir, respetuosamente, es que son unos incongruentes.

    Que no es auténtico el halo de santidad laica que se construyen con su retórica populista.

    Se puede pedir que, si no es mucha molestia, a partir de ahora, fuera máscaras y moderen su lenguaje.

    Dejen de referirse a quienes piensan distinto a ellos, como “blanquito”, “camajanes”, “aprendiz de carterista”, “cínico”, “desvergonzado”, “farsante”, “fifí”, “fresa”, “mapachada de angora”, “monarca de moronga azul”, “ñoño”, “oportunista”, “obnubilado”, “pequeño faraón”, “pirrurris”, “reaccionario de abolengo”, “riquín”, “risa postiza”, “señoritingo”, “sepulcro blanqueado”, “simulador”, “neoporfiristas”, “ternuritas”…

    Todos esos adjetivos los usó en su momento nuestro presidente electo, hoy en la portada de ¡Hola! junto a su colaborador, vestido de impecable frac.

    Olvidemos eso, que es insulto y demagogia, y deseémosle a todo el equipo de la Cuarta Transformación que gobierne bien, sin hipocresías.

    Hay que recordarles que es falsa la superioridad moral que pretenden tener sobre los demás.

    Y los amigos de López Obrador en los medios, por favor no le echen la culpa a la novia.

    Dice Guadalupe Loaeza en Reforma: “queremos suponer que la novia fue la culpable de llevarse de corbata al novio, es decir, que fue Dulce la que fantaseó hasta el infinito con tener la ceremonia más espectacular de todo el estado de Puebla”.

    “Volvamos a Lady Langosta. Seguramente ella logró su objetivo de lucirse con sus amigas, con las que siempre compitió por presumir su poder y riqueza y, en esta ocasión, sin duda les ganó”.

    Si hay algún particular que no tiene nada qué reprochársele, pues no es personaje público ni ha presumido nunca pobreza franciscana, es la ciudadana de Huamantla que se casó el sábado.

    Culparla a ella, ponerle apodos, para quitarle reflectores a César Yánez, es cobardía y es machismo.

    El novio no fue llevado a empujones al altar, ni a la fiesta, ni lo vistieron de frac a la fuerza y de sorpresa lo hicieron posar para¡Hola!

    Tiene 55 años.

    Por Pablo Hiriart/La otra opinión

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