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Que gobierne la ley y no el capricho…

2018-09-16 08:49:49 | El Pionero

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Cuenta la historia que desde el más allá, los grandes héroes de la independencia escucharon que en México se estaba gestando la Cuarta Transformación. Curiosos regresaron para ver con sus propios ojos lo que se escuchaba tan esperanzador.


    

En el Zócalo ya los esperaba una comisión. “Muy buenas tardes, señores, hemos escuchado con asombro que viene en camino una nueva transformación. Con las ganas que tengo de volver a enarbolar el estandarte y gritar: “Viva la Independencia, viva la Virgen de Guadalupe, muera el mal gobierno”, señaló emocionado Miguel Hidalgo y Costilla.

“Uy, eso no se va a poder”, lo paró en seco Alfonso Romo, futuro titular de la Oficina de la Presidencia. “¿Por qué no?”, “Porque estamos viendo que el de Peña no fue tan, tan mal gobierno, no hay crisis política, no tenemos una crisis financiera, no nos está pasando lo que desgraciadamente está sucediendo en Argentina”.

“Bueno, podemos cambiar nuestra arenga, con tal de que se escuche un nuevo grito en Dolores”. “Uy, tampoco. Nuestra propuesta es dar el grito en Santa Lucía”. “¿Por qué no darlo en Dolores si ahí dio inicio la Primera Transformación, es histórico”. “Desconocemos los motivos por los que se escogió ese lugar, si se trataba de beneficiar al estado de Guanajuato o alguien más, pero lo que podríamos hacer es una consulta popular”; “Pero ya no hay tiempo”; “No importa el tiempo que lleve, porque no podemos tomar decisiones a la ligera, el pueblo de México es sabio e inteligente y debemos consultarlo”.

“Suponemos que en esta Cuarta Transformación la educación será esencial, que se eduque al hijo del labrador y del barrendero como al del más rico”, apuntó José María Morelos y Pavón. “Ya dijimos que va a cumplir el compromiso de campaña de echar abajo la Reforma Educativa y no va a quedar ni una coma de la reforma”, dijo molesto Mario Delgado, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados.

“Pero ¿de qué habla joven ilustre? La patria es una flor que hay que alimentar con justicia, libertad y, sobre todo, fe en Dios”, señaló inspirado Mariano Matamoros; “Bueno, la patria puede alimentarse de lo que quiera, siempre que lo compre con sus recursos y quepa en un Tupperware”, apuntó Martí Batres, presidente del Senado.

Tratando de calmar los ánimos, Agustín de Iturbide comenzó a decir: “Queremos, sí, que gobierne la ley y no el capricho…”, pero fue interrumpido bruscamente por Ricardo Monreal, líder de los senadores de Morena; “Momento, el Congreso es autónomo y no seguimos ningún capricho del glorioso Presidente electo. Como esto ya se está saliendo de control, vamos a pedir que sean llevados al juzgado cívico”.

“Por favor, respete a Hidalgo”, gritó Josefa Ortiz de Domínguez. “Ahhh, ya nos lo imaginábamos, lo que quieren es tener su año de Hidalgo, pero aquí no vamos tolerar la corrupción ni a los españoletes”, gritó la senadora Yeidckol Polevnsky.

Al ver a la policía preventiva llegar, la Corregidora dijo desconsolada: “Tantos soldados para custodiar a una pobre mujer, pero yo con mi sangre les formaré un patrimonio a mis hijos”. “Siempre queda la opción de unirse a Morena y quedará perdonada”, dijo Monreal. “El Indulto es para los criminales, no para los defensores de la patria”, respondió indignado Miguel Hidalgo. “Quedó perfectamente explicado que Napoleón Gómez Urrutia y Elba Esther Gordillo eran inocentes, así que no venga con acusaciones”.

Al darse cuenta que no eran bienvenidos en la Cuarta Transformación, Juan Aldama dijo: “Hemos perdidos, señores, aquí no hay más recursos que regresarnos por donde vinimos”, y así acabó la incursión de los héroes independentistas en el México de hoy.

Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

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En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

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