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Se va, se va, se fue…

2018-09-09 12:47:42 | El Pionero

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El lunes 3 de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto dio un mensaje en Palacio Nacional con motivo de su sexto y último informe de gobierno. Ahora sí, ya cerró las cortinas a pesar de que en estricto sentido su gobierno acaba hasta el 1 de diciembre.


    Vianey Esquinca

Los informes de gobierno siguen siendo la fiesta del Presidente, no importa que ya no sean frente al Congreso o que el formato haya cambiado. Es su día y el Ejecutivo dice y hace lo que quiere. Si quiere dibujar un mundo de caramelo en el que haya avances, desarrollo y estabilidad, lo va a hacer.

 

Debe, sin embargo, reconocerse el trabajo de los asesores que se encargan de hacer el documento. Eso de encontrar buenas noticias hasta por debajo de la tierra, buscar las palabras y frases adecuadas para convertir lo medianamente bueno en excelente o lo pésimo en algo no tan malo tiene su chiste. 

 

Reconocer como un logro que no hubiera un año sin que el país enfrentara algún embate de la naturaleza, poniendo como ejemplos a los huracanes Ingrid y Manuel o los temblores de septiembre de 2017, muestran que este gobierno no tuvo o nunca quiso tener memoria, porque fue justamente en esos casos donde se demostró la incapacidad de respuesta rápida del gobierno y/o la incapacidad de darle seguimiento a la ayuda para las víctimas.

 

O hablar de la infraestructura social construida, dejando de lado temas como el Paso Exprés de Cuernavaca o la aún fallida obra del tren interurbano México-Toluca, deja claro un problema que siempre tuvo el actual gobierno: lo suyo, lo suyo, lo verdaderamente suyo fue cerrar los ojos ante las crisis, esperando que desaparecieran solas.

 

El informe de Peña Nieto describiendo un país que obligaba a los mexicanos a preguntarse ¿de qué lugar estará hablando?, no es exclusivo de él, lo han hecho todos los mandatarios y seguramente lo hará en su momento Andrés Manuel López Obrador.

 

Además, como siempre sucede, hizo acompañar este 6º informe con spots y entrevistas con distintos medios de comunicación. Al escucharlo decir que él no perdió las elecciones porque no era el candidato, que la candidatura de José Antonio Meade no funcionó, o que de lo que se arrepiente es de haber puesto a su esposa Angélica Rivera a defender el caso de la Casa Blanca (y no el hecho mismo que implicaba conflicto de intereses y corrupción), uno no puede si no pensar: “pobre, morirá sin saber que fue adoptado”.

 

Morirán sin saber las placas del camión que atropelló al PRI, pensando que la gente es ingrata y que no reconoció el enorme trabajo y esfuerzo que se hizo durante seis años. El Presidente y su partido seguirán pensando que fue el desencanto internacional en las instituciones, en el que México fatídicamente se vio envuelto, lo que los arrastró a la derrota.

 

Morirán creyendo que ya se perdieron los valores y por eso la gente no reconoció nunca el valor de la amistad y las diferencias de él con sus cercanos. El Ejecutivo pensará, realmente, hasta el último día de su vida que realmente en su gobierno combatió la corrupción como nunca nadie más lo había hecho. Ternuritas.

 

El presidente Peña Nieto claudicó desde la derrota del 1 de julio. Dejó de ser el centro de la atención, lo cual por cierto no debe molestarle en lo absoluto. No ser cuestionado o criticado debe darle un gran respiro. Ya le pasó la batuta de la presión a López Obrador, quien, por cierto, está en el proceso de entender que ya no es candidato, sino presidente electo. Que como contendiente podía “corazonear” a quien se le pegara la gana, pero como presidente ya no puede darse el lujo de decirle “corazoncitos” a las reporteras que cubren la fuente, minimizando o infantilizando su trabajo.

Víaney Esquinca/La inmaculada percepción

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Horda de salvajes

2018-11-11 17:32:52 | El Pionero

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“No somos suicidas ni somos hordas de salvajes…”, dijo contundente el senador Ricardo Monreal luego que su iniciativa para eliminar las comisiones bancarias a los usuarios, provocara una estrepitosa caída en la Bolsa Mexicana de Valores y, por supuesto, en las acciones de varios bancos.


    

“Explicación no pedida, acusación manifiesta”, pensarán algunos lectores, porque efectivamente los adjetivos que estaban en el aire eran los de ignorantes, insensibles, arrogantes, o hasta pentontos, pero nadie les había acusado de suicidas o salvajes. Si fue el subconsciente traicionero o un intento de desmarcarse de cualquier mal pensamiento no se sabe, pero no deja de ser curioso las palabras que utilizó el legislador morenista para explicar lo que no eran.

Por supuesto ningún ciudadano podría rechazar la propuesta que los bancos eliminen las comisiones, ¿a quién le gusta pagar extra por revisar su saldo o utilizar los cajeros?, como tampoco nadie estaría en contra de que eliminen el IVA o los impuestos; o que la luz y la electricidad sean gratuitas, pero hasta con el más mínimo sentido común se sabe que eso no es posible, al menos no en un país capitalista.

Una cosa, pues, es regular las comisiones, homologarlas a lo que se paga en otros países o incluso quitar algunas, y otra cosa es hacer de una ocurrencia una iniciativa generando que los de por sí ya nerviosos mercados tengan un ataque de ansiedad.

Pero entonces ¿qué se aprendió del pasado jueves negro, además que los legisladores no se consideran una horda de salvajes? 1. Que después de lo del aeropuerto, la bolsa está en un mírame y no me toques. Saben que si el gobierno electo fue capaz de cancelar el aeropuerto de Texcoco con un impacto de miles de millones de pesos, pueden hacer lo que quieran. Por eso, como diría el buen Tizoc: cuando el tecolote canta, el indio muere; cuando Morena habla, la bolsa cae.

2. Que los morenistas deben recordar que a veces más vale callar y pasar por tonto, que abrir la boca y demostrarlo; 3. Que el equipo de transición económico, encabezado por Carlos Urzúa, se ha convertido en el bombero de moda. Un día le recuerda al PT que las reservas internacionales son del Banco de México y no, no, no son una cuenta corriente que puede ser utilizada para otra cosa que no sea blindar la economía, y al otro tiene que enmendarle la plana a sus compañeros, recordándoles que con los fundamentales no se juega. ¿Y si ofrece un taller llamado: “Las finanzas nacionales no son finanzas personales”?

4. Que el enemigo de un morenista es otro morenista. Yeidckol Polevnsky, presidenta del CEN de Morena, tuvo que salir al quite para decir que los senadores se fueron por la libre, que no es una propuesta de partido y que debieron haber consultado. Ante ello, Monreal contraatacó señalando que ellos eran un Senado autónomo (ternurita). Ésos sí son berrinches, no los de Mitre. Se deja claro, además, que Andrés Manuel López Obrador va a tener mucho trabajo tratando de armonizar egos y protagonismos.

5. Se ha criticado al diputado dormilón de Morena, Manuel Huerta Martínez de aprovechar las sesiones para echarse sus pestañitas. Sin embargo, ya más de un inversionista quisiera que otros legisladores hicieran lo mismo. Al menos así, son inofensivos.

Muchos ciudadanos y empresarios ya están rogando al cielo que llegue el 1 de diciembre. Les urge que López Obrador sea Presidente porque quieren comprobar que, efectivamente y como lo prometió, será el mejor presidente de México. Por lo pronto, desde el punto de vista económico, como gobierno electo ha sido el peor.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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