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Dar el avión

2018-08-25 14:45:27 | El Pionero

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La promesa de AMLO de vender el avión presidencial, que señala como signo del dispendio presupuestal, tiene en el horizonte una ráfaga de vientos que ponen en riesgo su camino.


    La periodista Yuriria Sierra

¡El avión! ¡El avión! Ahí va el avión presidencial y la primera oferta. Lástima que quien la hace tiene dudosa reputación, sin embargo, a bote pronto la propuesta llama, como esos ofertones de madrugada en la web de las aerolíneas: 125 millones de dólares, algo así como dos mil 364 millones 187 mil 500 pesos. Uy, una entradita de dinero de ensueño para cualquiera en plan de austeridad. El punto es que Gustavo Jiménez-Pons, el ofertante y dueño de una empresa de aviación ejecutiva, tiene un historial más bien penoso: en el pasado ha sido acusado de abuso de confianza, usurpación de profesión (no, no se hizo pasar por piloto) y fraude. Hasta le tienen documentadas tres distintas identidades: para unos ha sido Gustavo Jiménez-Pons Mejía, para otros Gustavo Javier Jiménez-Pons Mejía, y algunos más lo conocen como Javier Gustavo Jiménez-Pons Mejía, y en los tres casos hay antecedentes penales. Hasta ingresos al reclusorio se leen en su pasado. Vaya letras chiquitas las que carga este personaje que alguna vez quiso ser candidato a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Yo que usted, presidente electo, mejor me esperaba a las ofertas de madrugada. No vaya a ser usted el madrugado.

 

El destino del Avión Presidencial José María Morelos y Pavón tiene un programa de ruta con turbulencias. El costo que AMLO pregona, siete mil millones de dólares, el que según no tiene ni Obama, en realidad no es cierto. Porque no le han informado que la compra de la aeronave tiene seguro que cubre la paridad del dólar. No son más de tres mil millones de pesos en total. Fueron 218.7 millones de dólares a un tipo de cambio de 13.5 pesos por dólar, o sea, dos mil 952 millones de pesos. Y el costo es un todo incluido: ya con ingeniería, instalación de sistemas, adecuaciones de estructura, equipamiento de cabina, certificaciones y hasta un paquete de refacciones, por si las moscas.

 

Sin embargo, ni la claridad en cuanto al precio ha impedido las turbulencias. La promesa de AMLO de vender este avión, que señala como signo del dispendio presupuestal, tiene en el horizonte una ráfaga de vientos que ponen en riesgo su camino. Y es que, de venderse, las pérdidas reales son las siguientes, según expertos de la Ascend Flightglobal Consultancy, una de las mayores empresas de valuación para compra y venta de aviones: 1) si se va a una aerolínea comercial, su depreciación sería de 58% del precio neto, esto son unos 128 millones de dólares. No, no es camino; 2) Si se mantiene en la operación privada, como lo plantea la oferta de Jiménez-Pons, su valor se reduciría en 30%, unos 65 millones de dólares. En ambos casos, sí sería necesario que saquen los tanques de oxígeno, porque no habría ahorro alguno, más bien una despresurización en la idea de austeridad.

 

Aunque habrá entusiasmado mucho al presidente electo la oferta recibida en su casa de transición, habrá que recordarle que la compra del Morelos y Pavón sí fue una ganga: tuvo 42% de descuento, porque un avión de esas características, sin detalles de ingeniería y el resto de cualidades que incluyó el paquete, era de alrededor de 200 millones de dólares. Ofertón. Y si, para AMLO y para muchos, ese avión es sinónimo de derroche, importa recalcar que su compra se dio por los kilómetros recorridos por Benito Juárez, digo, por el Benito Juárez, el pasado avión que hoy está en el hangar presidencial a manera de segunda opción tras 28 años y alrededor de tres mil vuelos; pero también se avaló la transacción en un contexto en que la seguridad de los funcionarios de Estado atravesaba una pésima racha: el entonces secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, acababa de morir en un accidente aéreo en Chalco, Estado de México; el segundo titular de Gobernación que perdía la vida en un accidente de este tipo, el primero fue Juan Camilo Mouriño.

 

López Obrador les dio el avión a sus seguidores con la promesa de venta del Morelos y Pavón. Jiménez-Pons ahora le da el avión con su oferta. Por lo pronto, al iniciar el sexenio, el avión estará condenado a permanecer en el hangar, a la espera de una alternativa real y viable para su futuro, una oferta de madrugada o el inicio de otra administración con planes menos nebulosos para él.

 

Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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Las caídas de Morena

2019-04-14 18:26:02 | El Pionero

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El gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.


    

Inicia la Semana Santa en la que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Al que le ha tocado llevar la cruz de sus declaraciones es al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien después de decir que la refinería Dos Bocas no iba a ser construida o que habría tenencia generalizada en todo el país fue castigado con el látigo de su desprecio por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien le enmendó la plana y lo desmintió.

No ha sido el único, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, casi fue crucificado cuando dijo que no se había encontrado evidencia de corrupción en lo que sería el NAIM, lo cual fue corregido también por el mandatario.

Los empresarios han padecido un verdadero calvario después de la cancelación del NAIM y de los contradictorios mensajes que se envían en las conferencias mañaneras del mandatario, en las que se genera todo menos certeza y el viacrucis continúa para miles de mexicanos que no observan una disminución en los índices de violencia.

Ni hablar de caídas, se han registrado varias y de todo tipo: la cancelación de las estancias infantiles, dejar sin empleo a miles de personas en el gobierno federal, no pagarles a los médicos de los hospitales públicos y la de haberle exigido disculpas al gobierno español y al Vaticano por los agravios de la Conquista. La más reciente caída fue la del subsecretario de Turismo, Simón Levy, quien de plano se bajó de la Cuarta Transformación.

También se ha representado muy bien el papel de Poncio Pilatos, pues el gobierno federal se ha lavado las manos de las huelgas que han ido surgiendo a lo largo del país en empresas y universidades.

Las traiciones también se dan entre los discípulos de López Obrador.

Aunque los morenistas se reúnen para compartir el pan y el vino, bajo la mesa se están dando con todo en el gobierno, Congreso y partidos.

 ¿Quién se venderá por unas monedas?

Eso sí, el gobierno federal ha sido piadoso y ha puesto (varias veces) la otra mejilla ante las bravuconadas del presidente estadunidense Donald Trump. Además, debe reconocerse que el mandatario tabasqueño es experto en resurrecciones. Resucitó a Manuel Bartlett, a Napoleón Gómez Urrutia y hasta a Elba Esther Gordillo. Todo mundo los daba por muertos, y hoy están vivitos y coleando.

Lo que no deberá esperarse es que se celebre este Domingo de Ramos en la Cuarta Transformación, porque después de lo que pasó el viernes pasado en la conferencia de prensa, donde el periodista Jorge Ramos encaró al Ejecutivo, quedaron prohibidos los ramos de todo tipo.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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