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  • ¿Para qué sirven los plurinominales?

    2018-08-05 08:33:50 | El Pionero

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    A pesar de no ser muy populares, los legisladores de representación proporcional corrigen distorsiones del sistema electoral de mayoría.


        

    En México, los diputados elegidos por el principio de representación proporcional no son muy populares. Muchas personas piensan que, al ser elegidos por listas presentadas por los partidos, los diputados llamados coloquialmente “plurinominales” no representan a los electores porque, se dice, nadie vota por ellos directamente. No faltan quienes proponen su disminución drástica y hasta su desaparición.

     

    La mala opinión sobre los “plurinominales” está más cargada de prejuicios que de una comprensión realista. Primero, es falso que no representen a los ciudadanos, ya que su elección depende de que obtengan una votación popular suficiente, al igual que los diputados elegidos por otras vías. Segundo, el método de representación proporcional es tanto o más democrático como el método de mayoría. Tan es así, que la mayor parte de los países de Europa (la región democrática por excelencia), así como de los países de América Latina, se rige por el sistema electoral proporcional. En realidad, el sistema de mayoría relativa (en inglés se le conoce como plurality vote) es característico de los países anglosajones y de los que forman o formaron parte de la Commonwealth británica (destacadamente, Estados Unidos, Canadá, Australia e India).

     

    Los sistemas electorales de mayoría tienen el propósito de dar a los parlamentarios un vínculo de representación más visible con la población de una determinada demarcación territorial (distrito). Pero tienen dos efectos colaterales que suelen distorsionar la representación política: en cada distrito electoral, el que gana se lleva todo, aun cuando la votación puede estar muy dividida; y en el conjunto de distritos se produce una sobrerrepresentación del partido que obtenga mayor votación, ya que casi siempre el porcentaje de escaños obtenidos es más grande que su porcentaje de votación. En los sistemas mayoritarios es frecuente que un partido que reciba, por ejemplo, 40 por ciento de los votos, gane 60 por ciento o más de los escaños, y que algunos partidos con 10 por ciento o 15 por ciento de los sufragios no ganen prácticamente nada. El sistema mayoritario facilita la formación de mayorías parlamentarias sobrerrepresentadas y excluye a las minorías.

     

    El sistema proporcional busca representar equitativamente a las diversas opciones políticas que conviven en la sociedad. El porcentaje de votos se traduce en proporción semejante de escaños. La mayoría y las minorías quedan representadas en el Legislativo según su peso electoral. El inconveniente de este sistema es que la representación es menos personal que el que, teóricamente, propicia el sistema mayoritario. Como los electores votan por listas de candidatos, pueden no conocer a todos los que resultarán electos. En el fondo, la elección por listas de representación proporcional implica un voto más por el partido y su programa que por las personas en cuanto tales, y en esa medida, tiende a fortalecer al sistema de partidos, pilar indispensable de las democracias modernas.

     

    Con el afán de combinar lo mejor de ambos métodos de elección, algunos países han adoptado el sistema electoral mixto: una parte de los representantes se elige en distritos de mayoría y otra por listas de representación proporcional. Con esa combinación se corrigen o se atenúan los inconvenientes de uno y otro métodos de traducción de votos en escaños. El modelo electoral mixto, nacido en la Alemania Federal de la posguerra, en las últimas décadas se ha extendido a unos pocos países: México, Italia, Nueva Zelanda, Rusia y Bolivia, entre otros.

     

    Afortunadamente, México posee un sistema electoral mixto, tanto en las cámaras del Congreso de la Unión como en los congresos locales. Gracias a ello, la presencia de los partidos en las cámaras tiene cierta correspondencia con los respectivos porcentajes de votación. Podemos ilustrar el efecto compensador de la representación proporcional, según los resultados de las elecciones de diputados federales de 2012, 2015 y 2018. Veamos en cada caso la votación y la representación del partido ganador. En 2012, el PRI obtuvo 33.6% de los votos y un total de 207 diputados, 41.4% de los 500 escaños en la Cámara. Suponiendo que no existieran los diputados plurinominales, con esa misma votación el PRI habría obtenido 158 escaños de mayoría, equivalentes a 52.7% de las 300 diputaciones elegidas por ese principio. ¡Mayoría absoluta en la Cámara, con la tercera parte de los votos populares! En 2015, otra vez el PRI fue el partido más votado. Con 32.6% de los votos, obtuvo en total 203 escaños, 40.6% de 500; si no hubiese habido plurinominales, los 155 distritos de mayoría relativa que ganó le habrían dado el 51.7% de la Cámara.

     

    En 2018, los efectos de la combinación de mayoría relativa y representación proporcional fueron algo diferentes. La coalición de Morena, PT y PES, con 43.5% de los votos, ganó 218 escaños de mayoría y un total de 307 diputaciones, 61.4% de 500. Esto fue así porque Morena cedió al PT y al PES la mitad de las candidaturas, de las cuales 112 resultaron ganadoras (no obstante que estos dos partidos, juntos, apenas recibieron 6.3% de los votos). Evidentemente, fueron los votos de Morena los que le dieron a la coalición la mayor parte de los triunfos. Pero, al dividir entre tres partidos los escaños ganados, Morena no vio limitada su asignación de representación proporcional por el tope de 8% de sobrerrepresentación establecida en la ley. La combinación de votos y candidaturas para la coalición de Morena-PT-PES le resultó excepcionalmente favorable. Aun así, de no haber existido las diputaciones plurinominales, la sobrerrepresentación de esta coalición habría resultado aún mayor: contaría con 72% de una Cámara de 300 diputados.

     

    Puede concluirse que el sistema electoral mayoritario puro produce un efecto de distribución que distorsiona la representatividad democrática, y que el sistema mixto lo corrige o lo modera.

    Por: Jaime Rivera Velázquez/Consejero del INE

     

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    Elba Esther Gordillo y las noticias

    2018-08-19 15:35:10 | El Pionero

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    Al gobierno saliente le clava una estaca más. Tras las pifias de la PGR y el SAT, lo único que puede hacer es guardar silencio.


        

    Las expectativas crecen. Periodistas y colegas, tal vez también muchos maestros, se pregunten qué dirá mañana Elba Esther Gordillo. Columnas políticas y mensajes en las redes sociales especulan acerca de su retorno. Unos la ven de nuevo manejando los hilos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, asunto que provoca temor en los dirigentes formales e ilusiones en los antiguos líderes, quienes fueron sus vicarios fieles. Los gobiernos —el saliente y el entrante— muestran cautela; el secretario de Educación Pública, Otto Granados Roldán, no ha hecho declaración alguna y el futuro jefe de la SEP, Esteban Moctezuma Barragán, decidió esperar a mañana.

     

    Todos nos preguntamos qué dirá y qué quiere EEG, jugamos a las adivinanzas. Pero hay hechos que vale la pena destacar porque apuntan a perspectivas encontradas. Héctor Aguilar Camín, en su columna del jueves, planteó un asunto que me parece incontrovertible. “Su salida de la prisión (de EEG) anuncia ya un regreso al ciclo siniestro en el que las batallas sindicales del magisterio son más noticia que la educación” (Milenio 16/08/2018). Ciclos de larga duración. Por desgracia, las notas sobre educación en la prensa y los medios son escasas y rara vez van a lo sustantivo. La novedad es que en la semana (tal vez lapsos más largos) la señora Gordillo será el centro y dudo que alguien lo pueda evitar. Parece evidente que ella quiere regresar, mi pregunta es si el gobierno, el próximo, no el presente, se lo permitirá.

     

    Vamos por partes. El nerviosismo de Juan Díaz de la Torre está más que justificado. Su arribo al poder, aunque cubierto en los estatutos, fue ilegítimo; el secretario de Gobernación lo ungió la madrugada del 27 de febrero de 2013. Luego modificó los estatutos, retornó a la antigua denominación de Comité Ejecutivo Nacional y secretario general del SNTE. Su sueño, al igual que el de todo líder sindical mexicano, era constituir un cacicazgo. Dudo que lo logre. Él se irá a más tardar el año que entra, conjeturo.

     

    Quienes fueron desplazados del control de la maquinaria por JDT y su grupo se frotan las manos y hacen algo más. Constituyeron una asociación civil, Maestros por México, que alega que la señora Gordillo sigue siendo la presidente legal y legítima del SNTE (Excélsior, 15/08/2018). Dirige ese grupo gente que disfrutó de las mieses del poder cuando la señora Gordillo reinaba. Aunque los tratará con la punta del pie, les dio poder, riqueza, hasta les pagaba cruceros para ellos y sus familias. Tienen motivos irresistibles para apoyarla, aunque ya no controlan la estructura sindical y sospecho que su influencia entre los maestros es menguada.

     

    Al gobierno saliente le clava una estaca más. Tras las pifias de la PGR y el SAT, lo único que puede hacer es guardar silencio. Sospecho que esperan que la señora Gordillo lance andanadas de facundia vengativa.

     

    Aventuro que el futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador no permitirá que la señora Gordillo se repatrie en el SNTE; tampoco que progrese el nuevo sindicato que Maestros por México (que es su verdadera tirada) quiere construirle. Si permite que ella retome un papel de relevancia, opacará cualquier palabra que diga o acción que emprenda Esteban Moctezuma; ella fijará la agenda. Incluso, tal vez hasta le gane a AMLO alguno que otro encabezado.

     

    Más allá de que mañana se presente como víctima y reclame fueros, coligo que la carrera política de la señora Gordillo llegó a su fin. Tal vez recupere las cuentas que el gobierno le congeló, pero discurro que para AMLO es más importante gobernar en la educación que perdonar a la señora Gordillo. Buscará frenarla y parar las diatribas que le lanza la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Digo, si quiere ejercer el poder.

    Por Carlos Ornelas/Catedrático de la UAM

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