×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO

  • ¿Para qué sirven los plurinominales?

    2018-08-05 08:33:50 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    A pesar de no ser muy populares, los legisladores de representación proporcional corrigen distorsiones del sistema electoral de mayoría.


        

    En México, los diputados elegidos por el principio de representación proporcional no son muy populares. Muchas personas piensan que, al ser elegidos por listas presentadas por los partidos, los diputados llamados coloquialmente “plurinominales” no representan a los electores porque, se dice, nadie vota por ellos directamente. No faltan quienes proponen su disminución drástica y hasta su desaparición.

     

    La mala opinión sobre los “plurinominales” está más cargada de prejuicios que de una comprensión realista. Primero, es falso que no representen a los ciudadanos, ya que su elección depende de que obtengan una votación popular suficiente, al igual que los diputados elegidos por otras vías. Segundo, el método de representación proporcional es tanto o más democrático como el método de mayoría. Tan es así, que la mayor parte de los países de Europa (la región democrática por excelencia), así como de los países de América Latina, se rige por el sistema electoral proporcional. En realidad, el sistema de mayoría relativa (en inglés se le conoce como plurality vote) es característico de los países anglosajones y de los que forman o formaron parte de la Commonwealth británica (destacadamente, Estados Unidos, Canadá, Australia e India).

     

    Los sistemas electorales de mayoría tienen el propósito de dar a los parlamentarios un vínculo de representación más visible con la población de una determinada demarcación territorial (distrito). Pero tienen dos efectos colaterales que suelen distorsionar la representación política: en cada distrito electoral, el que gana se lleva todo, aun cuando la votación puede estar muy dividida; y en el conjunto de distritos se produce una sobrerrepresentación del partido que obtenga mayor votación, ya que casi siempre el porcentaje de escaños obtenidos es más grande que su porcentaje de votación. En los sistemas mayoritarios es frecuente que un partido que reciba, por ejemplo, 40 por ciento de los votos, gane 60 por ciento o más de los escaños, y que algunos partidos con 10 por ciento o 15 por ciento de los sufragios no ganen prácticamente nada. El sistema mayoritario facilita la formación de mayorías parlamentarias sobrerrepresentadas y excluye a las minorías.

     

    El sistema proporcional busca representar equitativamente a las diversas opciones políticas que conviven en la sociedad. El porcentaje de votos se traduce en proporción semejante de escaños. La mayoría y las minorías quedan representadas en el Legislativo según su peso electoral. El inconveniente de este sistema es que la representación es menos personal que el que, teóricamente, propicia el sistema mayoritario. Como los electores votan por listas de candidatos, pueden no conocer a todos los que resultarán electos. En el fondo, la elección por listas de representación proporcional implica un voto más por el partido y su programa que por las personas en cuanto tales, y en esa medida, tiende a fortalecer al sistema de partidos, pilar indispensable de las democracias modernas.

     

    Con el afán de combinar lo mejor de ambos métodos de elección, algunos países han adoptado el sistema electoral mixto: una parte de los representantes se elige en distritos de mayoría y otra por listas de representación proporcional. Con esa combinación se corrigen o se atenúan los inconvenientes de uno y otro métodos de traducción de votos en escaños. El modelo electoral mixto, nacido en la Alemania Federal de la posguerra, en las últimas décadas se ha extendido a unos pocos países: México, Italia, Nueva Zelanda, Rusia y Bolivia, entre otros.

     

    Afortunadamente, México posee un sistema electoral mixto, tanto en las cámaras del Congreso de la Unión como en los congresos locales. Gracias a ello, la presencia de los partidos en las cámaras tiene cierta correspondencia con los respectivos porcentajes de votación. Podemos ilustrar el efecto compensador de la representación proporcional, según los resultados de las elecciones de diputados federales de 2012, 2015 y 2018. Veamos en cada caso la votación y la representación del partido ganador. En 2012, el PRI obtuvo 33.6% de los votos y un total de 207 diputados, 41.4% de los 500 escaños en la Cámara. Suponiendo que no existieran los diputados plurinominales, con esa misma votación el PRI habría obtenido 158 escaños de mayoría, equivalentes a 52.7% de las 300 diputaciones elegidas por ese principio. ¡Mayoría absoluta en la Cámara, con la tercera parte de los votos populares! En 2015, otra vez el PRI fue el partido más votado. Con 32.6% de los votos, obtuvo en total 203 escaños, 40.6% de 500; si no hubiese habido plurinominales, los 155 distritos de mayoría relativa que ganó le habrían dado el 51.7% de la Cámara.

     

    En 2018, los efectos de la combinación de mayoría relativa y representación proporcional fueron algo diferentes. La coalición de Morena, PT y PES, con 43.5% de los votos, ganó 218 escaños de mayoría y un total de 307 diputaciones, 61.4% de 500. Esto fue así porque Morena cedió al PT y al PES la mitad de las candidaturas, de las cuales 112 resultaron ganadoras (no obstante que estos dos partidos, juntos, apenas recibieron 6.3% de los votos). Evidentemente, fueron los votos de Morena los que le dieron a la coalición la mayor parte de los triunfos. Pero, al dividir entre tres partidos los escaños ganados, Morena no vio limitada su asignación de representación proporcional por el tope de 8% de sobrerrepresentación establecida en la ley. La combinación de votos y candidaturas para la coalición de Morena-PT-PES le resultó excepcionalmente favorable. Aun así, de no haber existido las diputaciones plurinominales, la sobrerrepresentación de esta coalición habría resultado aún mayor: contaría con 72% de una Cámara de 300 diputados.

     

    Puede concluirse que el sistema electoral mayoritario puro produce un efecto de distribución que distorsiona la representatividad democrática, y que el sistema mixto lo corrige o lo modera.

    Por: Jaime Rivera Velázquez/Consejero del INE

     

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    La boda de la demagogia, en ‘¡Hola!’

    2018-10-06 09:17:22 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Jamás imaginaría a Benito Juárez en la portada de la revista ¡Hola!


        

    Nuestro presidente electo, que dice seguir los pasos del liberal de Guelatao, ocupa ese lugar y se defiende con el argumento de que fue en un evento social y privado, no un acto de gobierno.

    Tiene razón en que se trató de un acto social, pero privado no: fue deliberadamente hecho público en el principal hebdomadario del corazón y la cursilería mundial.

    Él fue el principal testigo del novio, su más cercano colaborador, César Yáñez.

    ¿Un republicano en la portada de la revista del rey?

    Es cierto, como dice Andrés Manuel López Obrador, que no fue una acción de gobierno. Pero ese no es el punto.

    Lo que importa es el descubrimiento, bajo un cielo de diecinueve mil rosas blancas, del lado frívolo y derrochador de los que llegarán a gobernarnos en menos de dos meses.

    Nos dijeron que se debían a los pobres.

    Que al fin llegarían los pobres a Palacio Nacional.

    Juraron que no eran frívolos como los que se van.

    Al pueblo le dicen que el país está en bancarrota, y se despachan con una fiesta digna de jeques árabes o del sultán de Brunei.

    Apenas ganaron las elecciones y ya se comportan como la minoría que dicen combatir.

    Ya llegaron, y al fin comparten espacio en ¡Hola! con Amal Clooney (esposa de George), que “apareció con un vestido midi rojo que recordó a alguno de los looks favoritos de Mergan Markle”.

    También están a unas pocas páginas de Ivanka Trump, “una princesa más en la cumbre real. Máxima, Mary y Victoria toman Nueva York con flores: he aprendido mucho de Su Majestad (Máxima) y espero aprender mucho más, dijo la hija del Presidente”.

    Se ve muy bien la pareja de la Cuarta Transformación mexicana junto a “Rania de Jordania, (que) felicita a sus princesas: sus hijas Iman y Salma. Cada una de ustedes llena mi corazón de alegría. ¡Mi amor por las dos es único!”.

    El próximo Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de México, al fin está cerca de Alejandra de Hannover, que se convirtió al catolicismo, lo que “la excluye de la línea de sucesión al trono británico”.

    Por encima de todos ellos, en la portada, está el distinguido vocero del movimiento que enarbola la promesa de “primero los pobres”, delante de Fernando Fuitz-James Stuart y Sofía Palazuelos, que tienen “todo listo en el Palacio de Liria para la gran boda de la Casa de Alba”.

    Ahí, “el secreto mejor guardado del enlace es si la novia llevará la tiara ducal o la de Emperatriz Eugenia, dos joyas de gran valor histórico para los Alba”.

    Con esos se codean en las revistas del jet set nuestros héroes de la austeridad republicana, de la Cuarta Transformación, de primero los pobres, de sin el pueblo nada.

    Por supuesto que Yáñez tenía derecho a una boda así, y a aparecer junto a la realeza mundial. Es asunto suyo, de su feliz pareja y de su popular testigo.

    Lo que tenemos derecho a decir, respetuosamente, es que son unos incongruentes.

    Que no es auténtico el halo de santidad laica que se construyen con su retórica populista.

    Se puede pedir que, si no es mucha molestia, a partir de ahora, fuera máscaras y moderen su lenguaje.

    Dejen de referirse a quienes piensan distinto a ellos, como “blanquito”, “camajanes”, “aprendiz de carterista”, “cínico”, “desvergonzado”, “farsante”, “fifí”, “fresa”, “mapachada de angora”, “monarca de moronga azul”, “ñoño”, “oportunista”, “obnubilado”, “pequeño faraón”, “pirrurris”, “reaccionario de abolengo”, “riquín”, “risa postiza”, “señoritingo”, “sepulcro blanqueado”, “simulador”, “neoporfiristas”, “ternuritas”…

    Todos esos adjetivos los usó en su momento nuestro presidente electo, hoy en la portada de ¡Hola! junto a su colaborador, vestido de impecable frac.

    Olvidemos eso, que es insulto y demagogia, y deseémosle a todo el equipo de la Cuarta Transformación que gobierne bien, sin hipocresías.

    Hay que recordarles que es falsa la superioridad moral que pretenden tener sobre los demás.

    Y los amigos de López Obrador en los medios, por favor no le echen la culpa a la novia.

    Dice Guadalupe Loaeza en Reforma: “queremos suponer que la novia fue la culpable de llevarse de corbata al novio, es decir, que fue Dulce la que fantaseó hasta el infinito con tener la ceremonia más espectacular de todo el estado de Puebla”.

    “Volvamos a Lady Langosta. Seguramente ella logró su objetivo de lucirse con sus amigas, con las que siempre compitió por presumir su poder y riqueza y, en esta ocasión, sin duda les ganó”.

    Si hay algún particular que no tiene nada qué reprochársele, pues no es personaje público ni ha presumido nunca pobreza franciscana, es la ciudadana de Huamantla que se casó el sábado.

    Culparla a ella, ponerle apodos, para quitarle reflectores a César Yánez, es cobardía y es machismo.

    El novio no fue llevado a empujones al altar, ni a la fiesta, ni lo vistieron de frac a la fuerza y de sorpresa lo hicieron posar para¡Hola!

    Tiene 55 años.

    Por Pablo Hiriart/La otra opinión

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn