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Fracaso fronterizo

2018-07-28 08:26:17 | El Pionero

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El ICE precisó que al menos 431 niños están en Estados Unidos solos, sin un familiar ni nadie que responda por ellos, pues sus padres, a quienes debían ser entregados, fueron deportados.


    

Ni una sola palabra. Han pasado casi 24 horas de que venció el plazo de reunificación de familias y Donald Trump no ha emitido mensaje alguno a través de su vocería preferida, Twitter. Acaso sólo culpó, otra vez, a los demócratas de ser quienes quieren abrir las fronteras y, con ello, ayudar a que “criminales” entren a Estados Unidos. Pero el hecho es mucho más grave de lo que quisiéramos. Hay niños cuyo destino es incierto, más que cuando fueron detenidos y separados de sus padres en la frontera.

 

Eran dos mil 551 menores quienes debían ser devueltos a sus padres. Sólo mil 800 son casos cerrados. Pero de ellos, sólo mil 442 están de nuevo con sus familias; 378 fueron liberados en lo que consideran “condiciones apropiadas”, es decir, dados a algún familiar o por haber alcanzado, en encierro, su mayoría de edad.

 

El incumplimiento del plazo dado por un juez es grave, pero el asunto se torna aún peor cuando el gobierno estadunidense informa que 711 de los menores detenidos son inelegibles para reunificación. En detalle, o su intento de, aseguran que algunos son hijos de padres con antecedentes penales, otros están a la espera de que el ICE resuelva su estatus legal. Además, precisó que al menos 431 niños están en EU solos, sin un familiar ni nadie que responda por ellos, pues sus padres, a quienes debían ser entregados, fueron deportados.

 

¿Cómo es posible? La Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, que ha seguido con rigor este proceso, documentó casos de padres migrantes que aseguran haber sido engañados para que firmaran documentos en los que aceptaban su deportación.

 

Según sus registros, a algunos les dieron menos de un minuto para firmar papeles en inglés (que poco o nada entendían), sin asesoría y en condiciones de hacinamiento; a otros les “explicaron” lo que firmaban: Les decían que con los documentos sus hijos podrían permanecer en Estados Unidos, pero no les precisaban que con ello, ya no podrían verlos; otros migrantes afirmaron que les prometieron aceptar su solicitud de asilo, pero tampoco les detallaron que mientras se resolvía esto en el juzgado, no podrían estar cerca de sus hijos. Así, miles de padres renunciaron, sin saber, que no volverían a abrazar a sus hijos otra vez.

 

La gravedad de estos tratos no es nueva. El Departamento de Salud informó hace un par de meses que habían perdido el rastro de casi mil 500 niños migrantes. No saben si fueron entregados a sus familias o si permanecen en el país.

 

Estos menores no fueron detenidos a consecuencia de la política Tolerancia Cero, son aquellos que cruzaron solos la frontera en 2017 y que fueron entregados a un patrocinador, es decir, a alguien que se haría cargo de ellos mientras se resolvía su estatus migratorio o era regresado a su familia.

 

La gravedad es la misma: ¿Cómo puede el gobierno del país más poderoso del mundo perder registro de personas elegidas por ellos para entregarles a menores?

 

Según especialistas, hay tres caminos posibles tras el incumplimiento del gobierno de Trump: Podría ser acusado de desacato, podrían extenderle el plazo para la reunificación o podrían mantener la prohibición para que deporte y separe familias.

 

Sin embargo, el panorama no luce alentador, porque, aunque las autoridades cuenten con más días, lo que resalta aquí son las condiciones en que los niños y sus padres son detenidos.

 

Niños narran que esperan hasta ocho horas por un vaso de agua, que no pueden ir al baño si no es en grupo, que no pueden tocar a otros niños. Está el caso de un bebé que sufrió un derrame cerebral porque estando en detención no recibió la atención médica que requería.

 

Ése es el camino que ofrece hoy Estados Unidos para quienes cruzan la frontera. Más allá del muro, del trabajo bilateral que debe hacerse para hacer de la migración una opción menos recurrente para buscar un mejor futuro, lo que se subraya en esta crisis es la profunda deshumanización. Basta con recordar la imagen de pequeños dentro de aquellas infames jaulas.

Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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Yo no fui, fue el ex

2019-05-19 19:05:39 | El Pionero

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Errar es de humanos, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía, y en ese sentido los políticos pecan de humanidad. Culpar a los gobiernos anteriores de los problemas que enfrenta una autoridad es un derecho consagrado en la Constitución Universal de los Políticos de todo el mundo y como tal, todos echan mano de ese recurso.


    

Sin embargo, a diferencia de otros derechos, éste sí tiene fecha de caducidad porque tarde o temprano la gente dejará de comprar el argumento de que todas las desgracias que están cayendo en el país, estado o ciudad se deben al pasado. Pues, precisamente, se votó por un cambio, no para seguir igual.

¿Cuánto le dura a un gobernante la facultad de echar mano de este viejo recurso? Depende de varios factores: Si el gobernante en turno emana del mismo partido que el anterior, evidentemente se ve más limitado a culpar a sus antecesores, aun cuando sean de corrientes distintas. Sin embargo, si resulta que son de institutos políticos distintos ¡Eureka! La cosa se pone buena. También influye la credibilidad del político que usa este derecho para explicar su propia incapacidad de resolver las cosas. Si Peña Nieto, cuya imagen se deterioró rápidamente, hubiera insistido en culpar a Calderón de sus males, se lo hubieran comido vivo. López Obrador, sin embargo, cinco meses después de haber tomado el cargo, se da vuelo de culpar no sólo al gobierno anterior, sino también a todos, casi casi desde Plutarco Elías Calles y la gente piensa que es así.

Pero ojo, que López Obrador lo pueda hacer no significa que todos tengan su misma suerte. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México por ejemplo, quiso aplicar el mismo discurso cuando estalló la contingencia ambiental señalando que la anterior administración no había dejado protocolos de actuación ante las diabólicas PM2.5 y el resultado fue una carcajada generalizada.

Y es que Claudia Sheinbaum llegó de la mano y con la bendición del tabasqueño, pero no tiene ni su carisma ni su blindaje, ella sí le tiene que talachear porque la gente le recuerda que ella fue secretaria de Medio Ambiente, experta en estos temas.

Un tercer elemento es el uso reiterado y exagerado que se da para culpar a otros. Resulta creíble decir que la inseguridad y la violencia que se vive en el país es culpa de las malas decisiones y estrategias de los gobiernos pasados que alborotaron el panal sin ningún Plan B, pero culpar al neoliberalismo de las malas notas de las calificadoras internacionales hacia Pemex por las decisiones que está tomando la actual administración federal, raya en el abuso. Sería tanto como que el Gobierno de la Ciudad de México dijera que tampoco le dejaron protocolos para que el Popocatépetl no explotara o el manual para que las lluvias no se retrasaran, o que el cambio climático tiene la culpa de todos los incendios, sin reconocer que hubo un recorte en el presupuesto de la dependencia que estaba para evitar esas conflagraciones. Finalmente, un punto para saber cuánto tiempo de vigencia tendrá el derecho a culpar a otros, es lo que se prometió en campaña. Si como, por ejemplo Vicente Fox dijo que terminaría con el conflicto de los zapatistas en Chiapas en 15 minutos, y evidentemente no lo logró, el tiempo se recorta.

Es justo en este punto donde más tropiezan los gobernantes. Todos prometen cambios inmediatos, cosa que evidentemente no pueden cumplir. Es bien sabido que cuando en una crisis un político sonríe es que ya encontró a quién echarle la culpa y en México, los políticos son muy sonrientes. La falta de autocrítica y la repartición de culpas es memorable.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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