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Querido y temido (recuento de lo inédito)

2018-07-07 08:36:02 | El Pionero

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Lo que hace una semana era ambiciosa promesa, el domingo se convirtió en obligada plataforma: Una cuarta transformación de México que equipararía el sexenio de Andrés Manuel López Obrador con la épica de Juárez, Hidalgo y Madero.


    

Con la inédita validación democrática de 30 millones de votos, procedentes del 53% de quienes fueron a las urnas, el país comenzó a protagonizar momentos inéditos.

 

Dos horas después de cerradas las casillas, llegó el reconocimiento al triunfo de López Obrador por sus competidores, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez Calderón, cuyas bajas votaciones —16, 22 y 5 por ciento— acrecentaron la dimensión de la victoria del futuro gobernante.

 

Y es que, a diferencia de lo sucedido en las cinco presidenciales anteriores (1988, 1994, 2000, 2006 y 2012), esta vez, a juzgar por los números, nunca hubo riña en la competencia.

 

Se trata, eso sí, de una elección que dio paso al contundente cierre de ciclo, el de los últimos 30 años, el mismo periodo en que PRI, PAN y PRD (y su antecedente) disputaron el poder en lo que hasta el primero de julio llamábamos el sistema tripartidista mexicano.

 

Porque, en un hecho sin antecedentes, esas tres fuerzas fueron minimizadas ante la representación que alcanzó el bloque de Morena, PES y PT, cuyos diputados y senadores podrán acompañar a López Obrador con una holgada mayoría, la misma que les hizo tanta falta a las gestiones de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña.

 

Tan sólo en el Senado, los partidos afines al futuro Presidente sumarán 70 escaños (55 de Morena, nueve del PES y seis del PT), mientras los partidos del Frente tendrán 38 (23 del PAN, ocho del PRD y siete de Movimiento Ciudadano).

 

Más disminuida aún será la representación del PRI y sus aliados, con 20 senadores: 13 priistas, cinco del PVEM y dos de Nueva Alianza.

 

La dramática recomposición del tablero partidista y parlamentario coloca a los opositores tradicionales en una situación de riesgo y vulnerabilidad en varios sentidos.

 

De entrada, los ajustes de cuentas, propios de las derrotas, que ya se viven en las dirigencias del PAN, de Damián Zepeda, y del PRI, de René Juárez, mientras el PRD podría fragmentarse todavía más ante la posibilidad de que algunos de sus componentes sean subsumidos por Morena, obligando al resto a sujetarse al panismo y a MC.

 

Pero esos ajustes partidistas serán todavía más tortuosos cuando sus políticos confirmen, en el día con día, el abaratamiento de la oferta opositora ante un Presidente con el Congreso a su favor y un apoyo ciudadano construido en los últimos 15 años.

 

Hay un tercer elemento que complicará la recomposición del PAN y del PRI, particularmente cuando haya concluido el gobierno de Enrique Peña, y que está relacionado con el mandato que catapultó a Morena y a su líder.

 

Nos referimos al desgaste de esa mancuerna que López Obrador etiquetó desde 2006 como el PRIAN y que, según su narrativa política, habría cobijado los privilegios de “la mafia del poder” bajo la batuta de los expresidentes Salinas, Fox y Calderón, así como de políticos consumados, como Manlio Fabio Beltrones y Diego Fernández de Cevallos.  

 

La votación del 37% que, sumada, consiguieron PRI y PAN y sus respectivos aliados, es significativamente menor al 53% del bloque obradorista, aun cuando fue la primera competencia presidencial de Morena.  

 

De manera que la paliza electoral de López Obrador al PRIAN es numérica, pero también ha sido en el plano de la legitimidad, al haber cuestionado los mecanismos políticos que durante las últimas tres décadas compartieron esos partidos: Desde las llamadas “concertacesiones”, con las que supuestamente “se repartieron” gubernaturas, hasta el Pacto por México, que incubó las reformas del presidente Peña, pasando por los arreglos legislativos, presupuestales y de gobernabilidad a nivel federal y estatal.

 

¿Eso quiere decir que los arreglos entre las cúpulas partidistas van a pasar a mejor vida?

 

Por supuesto que no. Si de algo sabe, y mucho, López Obrador y los hombres que lo acompañan —Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Alfonso Durazo— es de negociaciones. 

 

El cambio que viene para la clase política y gobernante que conformó la etapa del PRIAN radica en el hecho de que esos imprescindibles acuerdos ahora se harán desde una débil correlación de fuerzas para los partidos, sus legisladores y mandatarios estatales.

 

Los panistas, por ejemplo, que en otras décadas dieron cabida a la representación de los intereses empresariales, atestiguan mudos, en estas primeras horas, el inédito cierre de filas de la élite económica a favor del ganador.

 

Mientras la mudanza de los bastiones gremiales a Morena deja al PRI en la peor crisis de representatividad de su historia.

 

Asistimos al cierre de un ciclo, porque así lo determinó la voluntad de las mayorías, al otorgarle amplios márgenes de poder a un líder político que llegará a Los Pinos cobijado en el consejo que Nicolás Maquiavelo concebía como imposible: Ser tan querido como temido.

 

Por Ivonne Melgar/Retrovisor

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Queridos Reyes Magos…

2019-01-06 08:15:54 | El Pionero

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Cuenta la historia que los Reyes Magos llegan a México como todos los años para repartir miles de juguetes para su sorpresa, en cuanto pisan territorio nacional, son abordados por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.


    

“Bienvenidos, migrantes de la caravana de Oriente, siéntanse seguros que aquí no los deportaremos, aunque hayan entrado sin permiso al país”, señala el canciller. “Estimado señor, nosotros venimos de paso”, contestó cortésmente Melchor. “Ah, muy bien, entendemos, pero mientras Estados Unidos resuelve si les da asilo, les podríamos dar una visa de trabajo. ¿Qué saben hacer?”, añade Ebrard.

“Bueno, nosotros sabemos seguir a la estrella de Belén para llegar hasta donde está el Mesías”, responde Baltasar. “No se preocupe, no será necesario seguir ninguna estrella, pueden poner en su Waze Palacio Nacional y llegan directo; pero veo que traen animales muy domesticados. Aquí en el Congreso requerimos de sus talentos para aprobar la creación de la Guardia Nacional”, añadió el también exjefe de gobierno.

“Lo que sí les vamos a pedir atentamente es transitar en paz, porque las caravanas migratorias ya no son tema, y ¿sabe por qué? Porque en cinco días de este gobierno resolvimos el problema”, añade orgullosa Sánchez Cordero. “Respetada señora, de verdad no pretendemos crear ningún problema, somos Reyes Magos y sólo queremos repartir regalos”, responde Gaspar, cada vez más desesperado.

“De entrada, aquí en la Cuarta Transformación no hay lujos ni monarcas, ni tampoco dádivas, podemos tener pensiones, pero eso es otra cosa. Aquí vamos a acabar con la corrupción y si quieren que les permitamos el paso debe dar a conocer su declaración patrimonial y los bienes que poseen”, comenta la exministra.

“Sólo entregamos regalos y nos vamos”, respondieron casi al unísono los Reyes Magos. “Pues, mire, ya que están tan dadivosos, ¿sería mucho pedir que le trajeran 50 mil soldaditos a Alfonso Durazo para su Guardia Nacional?”, cuestiona Ebrard. “Con mucho gusto, ¿soldaditos de plomo?”. “Por supuesto que no, aquí los soldados servirán para hacer la paz y no la guerra, abrazos y no balazos”, responde.

“Además, la verdad es que quisiéramos pedirle muchas cosas para el señor Presidente. Empecemos por un tren, eso lo haría muy feliz”, “Con mucho gusto, pueden escoger: aquí traemos el tren de Peppa Pig, el tren del señor Cara de Papa, hasta un eléctrico metálico con luz”... “Bueno”, responde Ebrard, “más bien es uno que pueda recorrer más de mil 500 kilómetros. Se la ponemos fácil, ya tenemos el permiso de la madre naturaleza, sólo necesitamos que nos quiten de encima al EZLN”.

“Igual quisiéramos una granja para que vivan los animalitos de mi jefe: el ganso que no se cansa, el tigre que no soltaron y los cochinitos, marranos y puercos de la mafia del poder. También le encantan los yo-yos, porque las decisiones las toma él y nadie más. También queremos unas muñecas Lagrimitas Lilí, a la que le cantaban “llora y llora y mueve sus manitas” y las llevan directo al Congreso para los legisladores del PAN y del PRD”, comentan entusiasmados los dos secretarios de Estado.

“¿Algo más que quieran?”, pregunta un ya fastidiado Melchor. “Pues ya que lo comenta le pedimos un favor muy especial, de cuates, ¿será posible que se llevaran a Gerardo Fernández Noroña?, mire que a él le encantan los viajes internacionales”.

En ese momento, los Reyes Magos de Oriente decidieron marcharse lentamente mientras Ebrard y Sánchez Cordero seguían haciendo su cartita con cientos de peticiones más.

Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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