×

Para López Obrador

2018-06-29 06:29:55 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Conoces todo México, todo su territorio, su riqueza y sus dolores. Todas sus luces y sombras. Tu tercer intento, Andrés Manuel. Este domingo vas a tu tercera cita con las urnas y ese destino que vislumbras desde hace décadas.


    

Muy probablemente, el domingo nos vayamos a dormir con la noticia de que aquello que las encuestas pronosticaron se hizo realidad. Tal vez, cuando despertemos el 2 de julio tengamos la certeza de que serás el próximo Presidente de México. Al fin, dirán quienes te apoyaron y quienes no, aunque por razones distintas. Tal vez sólo Cuauhtémoc Cárdenas había escrito una historia como la tuya: tres candidaturas. Aunque tú supiste qué y cómo hacer, qué cambiar, qué ceder, qué decir, qué callar, qué apostar, qué revisar para asegurar un movimiento finalmente enfocado en la victoria. Si ganas será por tu perseverancia, sin duda, pero también por tu resiliencia, tu capacidad para cambiar.

 

Y justo por eso, Andrés Manuel, por tu discurso y las expectativas que has generado, sabrás que, si ganas, la tuya será la Presidencia más vigilada de la historia moderna de México. Te construiste sobre los errores del sistema, los señalaste con ojo clínico; la lucha contra éstos la hiciste tu bandera. No puedes permitir que estos vicios aparezcan, se asomen siquiera, en un gobierno que se anunció como el que acabará con la corrupción. Porque hiciste de este combate la llave maestra para resolver todos los problemas del país. Si ganas, tienes mucho que demostrar, porque de no hacerlo, de no crear un ambiente alejado del dispendio en la función pública, verás en quienes te apoyaron cómo se rompe la ilusión alimentada por ese repudio a la clase política del país, y sus ofensivos derroches, prepotencias y desplantes. Porque crear ese ambiente incorruptible, Andrés Manuel, será el mejor argumento para encontrarte con quienes no votaron por ti. Tu discurso de antenoche en el Estadio Azteca dejó claro que ya te ves cerca de Los Pinos, donde anuncias que no vivirás. Reiteraste tus propuestas, hablaste del respeto que darás a la crítica y al disenso (como debe hacerlo siempre un líder que se dice de izquierda). Y aunque junto a ti vimos al presidente del partido ultraconservador del país, deberás, si ganas, honrar esas líneas que tú mismo pronunciaste: “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Un México del siglo XXI no espera un evangelio como parte de las políticas públicas. Los ojos estarán sobre ti y tu equipo desde el momento en que se anuncie tu posible triunfo. Un paso en falso será demoledor. Y que esa conciencia sea el muro de contención para ti y tus colaboradores; se esperará de ti la autocrítica que no hemos visto en los últimos gobiernos; y sí, también el castigo a quienes, aunque sean tus más antiguos compañeros, compadres o aliados, deban recibir en caso de corromperse al amparo de tu triunfo. Deberás ir más lejos que Benito Juárez; para tus amigos, también, la ley a secas. Sin la “gracia” que les otorgaba el gran héroe de tu historia.

 

Pero, sobre todo, deberás ser (y sí, lo dijiste hace dos noches) el presidente de todos los mexicanos. No sólo de aquellos que te adoran. Si logras la reconciliación de una sociedad polarizada, pero además pavimentas los prometidos caminos para la equidad y la justicia, habrás ganado ése, tu siempre añorado lugar en “el lado correcto de la historia”.

 

Sin embargo, Andrés Manuel, también está la otra posibilidad que hay en toda democracia. En el lejano, pero no inexistente caso de que pierdas, deberás demostrar que ésta, tu tercera campaña, se edificó bajo un principio de responsabilidad política distinto a las dos anteriores. Nada te daría un lugar como verdadero demócrata como el reconocimiento de una eventual derrota. Sin tigres ni diablos. Intentar la narración de una historia ya repetida, que se aferre a la lucha por el poder, sería decirnos a todos, seguidores tuyos o no, que estos últimos doce años pasaron en vano, que tu discurso sobre abatir la pobreza, la corrupción, la inseguridad, no eran sino pretextos para alimentar una ambición meramente personal.

 

Los más grandes líderes de la historia mundial son aquellos que han logrado ponerse por encima de sí mismos, de su grupo y de su circunstancia. Aquellos que, conocedores del pasado, logran una fuga hacia el futuro sin nunca, jamás, perder de vista el presente con su enorme complejidad y multiplicidad de dimensiones.

 

ADDENDUM. “Verás, Oz es un Gran Mago y puede adoptar la forma que desee, de modo que algunos dicen que parece un pájaro, otros afirman que es como un elefante y los demás que tiene la forma de un gato. Para otros es un hermoso duende o cualquier otra cosa... Pero ningún ser viviente podría decir quién es el verdadero Oz cuando adopta su forma natural”. Lyman Frank Baum, en El maravilloso mago de Oz.

 

Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Militarización, seguridad pública sin máscara

2018-11-18 16:24:20 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Dos anuncios trascendentes esta semana disponen dejar de andarse por las ramas y chocar con la cruenta realidad. Como la opción menos “inconveniente”, López Obrador reveló su plan de seguridad, que tiene el valor de dejar de disimular la militarización de la seguridad pública como tendencia creciente de los últimos gobiernos. Si bien el paso al frente fue orillado por el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al desechar la Ley de Seguridad Interior como un fraude constitucional con que se pretendía regular la presencia de los militares en las calles en la persecución del delito, el momento es ese del carnaval, cuando el anfitrión pide ¡fuera máscaras!


    

¡Esto es lo que hay!, dice Alfonso Durazo. Dejar de representar algo que no sucederá tiene la ventaja de conocer los verdaderos objetivos del próximo gobierno: teme, sobre todo, que la violencia lo rebase y la inseguridad lo lleva a retirar la idea del regreso paulatino de los militares —como López Obrador ofreció en campaña—, aunque no haya evidencia de que su presencia reduzca la violencia. Por el contrario, la nueva estrategia profundizaría la militarización, pero ahora ya sin la promesa de que el combate al delito regrese algún día al ámbito civil.

 

Su oferta de pacificar al país apuesta por la fuerza como la opción menos mala ante la “descomposición” y la ineficacia de las policías para “garantizar la seguridad”, para las cuales, sin embargo, no hay ni una línea de futuro.

 

La justificación es la misma de gobiernos anteriores para involucrar a los militares en la seguridad pública, pero, a diferencia de ellos, sin la careta de la “excepcionalidad” hasta el relevo por policías capacitados y profesionales. Dicho de otro modo, la creación de un mando castrense que integre a policías militares y civiles implica el reconocimiento del fracaso de autoridades federales y estatales de reformar las policías, incluso, a la principal corporación de la PFP, que quedaría subsumida bajo el paraguas de una nueva Guardia Nacional.

 

Éste sería un paso más en la misma dirección de los gobiernos anteriores de consolidar el peso fundamental de las Fuerzas Armadas en el combate al crimen, aunque ahora, incluso, con la cobertura de una reforma constitucional que legalice su actuación de facto o evite disfraces legales para esconder su función. ¿Cuál diferencia con el anterior modelo de seguridad?

 

Pero la clarificación del planteamiento no podría explicarse sin el papel de la Corte que, como contrapeso institucional, estableció los términos del debate sobre la responsabilidad de la seguridad en el juicio de inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Interior.

 

Aunque es difícil de creer en las coincidencias en política, su declaración de invalidez obliga a López Obrador a buscar la reforma constitucional para su plan de seguridad, como condición para superar el mandato de la Corte de que la seguridad pública esté en manos de civiles, salvo cuando, expresamente, haya una declaración de guerra o de suspensión de garantías, como precisó el ministro José Ramón Cossío.

 

El fallo también es un apercibimiento de los riesgos de la permanencia del Ejército para los derechos humanos, e incompatible con la democracia.

 

El fallo deja en manos del nuevo gobierno, y de Morena en el Congreso, la responsabilidad de abrir a los militares las fronteras del poder civil, ya no como una situación transitoria, sino como parte de una profunda remodelación de las instituciones de seguridad y procuración de Justicia. Al mismo tiempo que un varapalo al gobierno y a la anterior legislatura por tratar de burlar a la Constitución con la aprobación y promulgación de la Ley de Seguridad Interior tramposa.

 

Tanto el fallo como los términos del plan ponen las cartas en la mesa sobre la discusión del modelo de seguridad. Ya no se trata de medidas que constituyen una excepción de la regla ante una situación extraordinaria, como justificó Calderón la salida de los soldados de los cuarteles y prorrogó Peña Nieto, con los mismos malos resultados que su antecesor, para contener la violencia o reducir el crimen, sino de una definición política que afectará, en la forma y en el fondo, los límites de los derechos de la democracia.

Por: José Buendía Hegewisch

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn