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#ImaginemosCosasChingonas

2018-06-24 10:54:40 | El Pionero

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Éxtasis, esperanza y alegría fueron los sentimientos que la Selección Nacional provocó entre los mexicanos al ganarle 2-1 a Corea del Sur en el Mundial. Fueron 90 minutos y cacho en los que se paralizó el país. Por hora y media, no hubo otro idioma que el del futbol. No campañas, no espotiza, no promesas ni candidatos.


    

El futbol no es tan distinto a la política: Existe el juego sucio, los cracks, los payasos o los que nadie entiende por qué fueron seleccionados. Incluso hay similitudes entre los políticos y algunas figuras del deporte de la patada.

 

Andrés Manuel López Obrador, abanderado de Juntos Haremos Historia, es  como Juan Carlos Osorio, entrenador de la Selección Nacional. Después de las elecciones del 2012 nadie creía realmente que tenía alguna oportunidad, todo mundo criticaba sus acciones y muchos pedían que ya se retirara. Sin embargo, está dando la sorpresa en el actual proceso electoral. A nadie le gustan los movimientos y cambios constantes que el morenista hace, pero al menos, de acuerdo con las encuestas, le ha dado resultado.

 

Por su parte, Ricardo Anaya, candidato de la alianza Por México al Frente, es como Miguel Layún: Siempre tirando a gol, pero mandando la pelota por arriba de la portería. En cada debate presidencial colocó la pelota, hizo tiro de esquina, chilena, tijera e incluso, a bote pronto, pero ni así anotó. Incluso con el tema de Manuel Barreiro y su hermano, más de uno pensó que lo que sí metió fue un autogol.

 

José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos Por México, es como la Selección Peruana. Después de muchos años finalmente llegó a la contienda electoral, fue el último abanderado en calificar, pero le costó mucho trabajo salir del tercer lugar y podría, incluso, ser descalificado el primero de julio. Eso sí, como a los peruanos, seguramente muchos le van a llorar, pero le faltó más empuje y tiempo.

 

Jaime Rodríguez Calderón debería buscar su alineación en la Selección Coreana. El juego sucio y los golpes bajos son lo suyo. Incluso el árbitro electoral, el Instituto Nacional Electoral, ya lo ha sancionado, pero resulta que El Bronco es el crack del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y todo le perdonan.

 

Margarita Zavala quedó como Néstor Araujo. Ya estaba invitada al partido, ya la habían incluido en las boletas, pero de última hora no se pudo recuperar de la maquinaria partidista, que le pasó encima, y se autodescartó para jugar la grande.

 

Pero los candidatos presidenciales no son los únicos que juegan. Cuauhtémoc Cárdenas es como Rafael Márquez. Realmente no juega, pero lo mantienen en el equipo porque es un líder moral. Lo meten de cuando en cuando para dar ánimos o hacer pronunciamientos, pero nadie espera realmente que meta goles.

 

Diego Fernández de Cevallos podría ser comparado con el astro argentino Diego Armando Maradona: Es protagonista, da consejos, les habla al oído a los jugadores, todo mundo quiere una foto con él y lo invitan a los programas para entrevistarlo, él quisiera seguir pegándole al balón en la cancha, pero realmente ya no juega. 

 

A unos días del juego mayor, la fiesta democrática del 1º de julio, más de un candidato espera tener entre los suyos a un Javier Hernández Chicharito que pueda salvarlos con el gol de la victoria, o que estuviera un Guillermo Ochoa parándole las anotaciones. Sin embargo, a unos días de las elecciones, se ve poco probable que las cosas cambien, aunque habrá algunos optimistas que, inspirados en los resultados de la Selección Nacional, se digan entre ellos: #ImaginemosCosasChingonas.

 

Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

 

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México jugó como nunca, pero perdió como siempre

2019-06-09 16:34:36 | El Pionero

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La Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) van a reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).


    

Después de días de tener el Jesús en la boca ante la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos que llegaran a Estados Unidos, el viernes pasado, poco después de las 19:30, llegaron los dos tuis más esperados, el del presidente estadunidense y el del canciller mexicano Marcelo Ebrard anunciando que se había llegado a un acuerdo.

En México, acostumbrados a tener pocas noticias buenas, se sacó tequila y mezcal para celebrar, hubo quien propuso ir al Ángel y hasta aquél que candidateó a Ebrard como presidente para 2024 o de perdida director técnico de la Selección Nacional.

La emoción desbordó a algunos: Dame una M, M; dame una A, A, dame una R, R…. ¿Qué dice? ¡Marcelo!, ¡Más fuerte!, ¡Marcelo!, Tres veces: ¡Marcelo, Marcelo, Marcelo! A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Marcelo, Marcelo, ¡ra, ra, ra!

Por si no fuera eso ya suficientemente exagerado, hubo quien (¡válgame Dios!) cambió el Himno Nacional para cantar en Twitter: ¡Para ti, @m_ebrard, las guirnaldas de oliva! ¡Un recuerdo para ellos de gloria! ¡Un laurel para ti, @Martha_Barcena de victoria!

Fue tratado como héroe nacional que regresaba de la misión más difícil que le había tocado enfrentar. Y ¿cómo no? Si tuvo que lidiar con transbordos en aviones, reuniones exhaustivas con Think thanks (piensa, gracias para los cuates) o con el Wodrow Wilson Institute (y no con el Woodrow Wilson Center) y sobre todo, las morningeras. Eso no es todo, se enfrentó a ¡unos inoportunos cacahuates! que fueron colocados estratégicamente en la servilleta de uno de sus colaboradores seguramente por la mafia del poder estadunidense. Definitivamente, Marcelo ‘el carnal’ Ebrard se la rifó como los grandes. 

Pero con la celebración, siempre llega la cruda realidad, esa que hace recordar que Dios existe y tiene formas infinitas de hacernos pagar por los pecados. Fue cuando el gobierno de Estados Unidos emitió una nota de prensa en la que explicaba los acuerdos alcanzados. El primero, que ya se había adelantado, que México desplegaría a la Guardia Nacional (sí, esos que acabarían con la inseguridad) para reforzar la frontera sur (un tapón que llaman).

También que aceptaba que los migrantes que cruzarán a Estados Unidos buscando asilo político fueran enviados rápidamente a México donde esperarían la resolución de su petición. Mientras, se les daría trabajo, acceso a salud y educación. (O sea, ¿cuánto tarda el proceso de asilo?). Cualquier parecido con lo que es un “tercer país seguro” es mera coincidencia.

Y si el mareo, las ganas de vomitar y el dolor de cabeza no fueran suficientes, el sábado Trump publicó en su cuenta de Twitter que México había accedido a comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas a sus agricultores. ¡¿Whaat!?

Ante esto, las preguntas que surgen son: realmente ¿se negoció o únicamente se aceptaron condiciones? ¿fue negociación o el pago a una extorsión?

Y lo peor, ¿el señor Trump ya le tomó la medida al gobierno mexicano? ¿después de los 90 días en que se revisen la implementación de estos acuerdos, vendrá una nueva amenaza y Marcelo, Marcelo ra, ra, ra irá a aceptar otras condiciones?

Por supuesto que el gobierno mexicano podrá decir, parafraseando a Enrique Peña Nieto, “y aquí pregunto, ¿ustedes qué hubieran hecho?”, era decidir entre aceptar las condiciones o una crisis que no se puede permitir.

De cualquier manera, al leer las letras chiquitas del “gran triunfo de la unidad mexicana” queda un sabor amargo de boca, con el mismo sentimiento de cuando México pierde ante otros países en el futbol… de que jugamos como nunca, pero perdimos como siempre.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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