×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • #ImaginemosCosasChingonas

    2018-06-24 10:54:40 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Éxtasis, esperanza y alegría fueron los sentimientos que la Selección Nacional provocó entre los mexicanos al ganarle 2-1 a Corea del Sur en el Mundial. Fueron 90 minutos y cacho en los que se paralizó el país. Por hora y media, no hubo otro idioma que el del futbol. No campañas, no espotiza, no promesas ni candidatos.


        

    El futbol no es tan distinto a la política: Existe el juego sucio, los cracks, los payasos o los que nadie entiende por qué fueron seleccionados. Incluso hay similitudes entre los políticos y algunas figuras del deporte de la patada.

     

    Andrés Manuel López Obrador, abanderado de Juntos Haremos Historia, es  como Juan Carlos Osorio, entrenador de la Selección Nacional. Después de las elecciones del 2012 nadie creía realmente que tenía alguna oportunidad, todo mundo criticaba sus acciones y muchos pedían que ya se retirara. Sin embargo, está dando la sorpresa en el actual proceso electoral. A nadie le gustan los movimientos y cambios constantes que el morenista hace, pero al menos, de acuerdo con las encuestas, le ha dado resultado.

     

    Por su parte, Ricardo Anaya, candidato de la alianza Por México al Frente, es como Miguel Layún: Siempre tirando a gol, pero mandando la pelota por arriba de la portería. En cada debate presidencial colocó la pelota, hizo tiro de esquina, chilena, tijera e incluso, a bote pronto, pero ni así anotó. Incluso con el tema de Manuel Barreiro y su hermano, más de uno pensó que lo que sí metió fue un autogol.

     

    José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos Por México, es como la Selección Peruana. Después de muchos años finalmente llegó a la contienda electoral, fue el último abanderado en calificar, pero le costó mucho trabajo salir del tercer lugar y podría, incluso, ser descalificado el primero de julio. Eso sí, como a los peruanos, seguramente muchos le van a llorar, pero le faltó más empuje y tiempo.

     

    Jaime Rodríguez Calderón debería buscar su alineación en la Selección Coreana. El juego sucio y los golpes bajos son lo suyo. Incluso el árbitro electoral, el Instituto Nacional Electoral, ya lo ha sancionado, pero resulta que El Bronco es el crack del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y todo le perdonan.

     

    Margarita Zavala quedó como Néstor Araujo. Ya estaba invitada al partido, ya la habían incluido en las boletas, pero de última hora no se pudo recuperar de la maquinaria partidista, que le pasó encima, y se autodescartó para jugar la grande.

     

    Pero los candidatos presidenciales no son los únicos que juegan. Cuauhtémoc Cárdenas es como Rafael Márquez. Realmente no juega, pero lo mantienen en el equipo porque es un líder moral. Lo meten de cuando en cuando para dar ánimos o hacer pronunciamientos, pero nadie espera realmente que meta goles.

     

    Diego Fernández de Cevallos podría ser comparado con el astro argentino Diego Armando Maradona: Es protagonista, da consejos, les habla al oído a los jugadores, todo mundo quiere una foto con él y lo invitan a los programas para entrevistarlo, él quisiera seguir pegándole al balón en la cancha, pero realmente ya no juega. 

     

    A unos días del juego mayor, la fiesta democrática del 1º de julio, más de un candidato espera tener entre los suyos a un Javier Hernández Chicharito que pueda salvarlos con el gol de la victoria, o que estuviera un Guillermo Ochoa parándole las anotaciones. Sin embargo, a unos días de las elecciones, se ve poco probable que las cosas cambien, aunque habrá algunos optimistas que, inspirados en los resultados de la Selección Nacional, se digan entre ellos: #ImaginemosCosasChingonas.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

     

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    ¿Cuál quieres escuchar primero?

    2018-07-15 11:07:43 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El miércoles 11 de julio, el virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo una reunión con quienes serán los legisladores federales en el próximo Congreso. Ahí les leyó la cartilla y les planteó la docena de reformas de ley que, respetuosamente a fuerzas, deberán discutir y en su caso aprobar. Esto se suma a las propuestas que había venido haciendo después de ganar la elección.


        

    Pero como suele pasar, todas las medidas que cambian el statu quo implican noticias buenas y malas. ¿Cuál quiere escuchar primero el amable lector?

     

    La buena: Dentro de su plan de austeridad, ningún funcionario de los tres Poderes de la Unión podrá ganar más de lo que percibe el Presidente de la República, esto es alrededor de 260 mil pesos mensuales. La mala: Es muy probable que los mejores cuadros del gobierno, al no ver ningún incentivo de trabajar de lunes a domingo, sin horarios específicos de entrada y de salida y con enormes responsabilidades, se vayan a la iniciativa privada donde, seguramente, ganarán muchos más. Los que se queden, o saben que tendrán un hueso o podrían buscar “complementos” de su sueldo en otros lados. La peor: Difícilmente, aceptarán bajarse el sueldo los jueces o ministros, por lo que se vendría una lluvia de amparos. El problema no debería haber sido el sueldo, sino la forma en que lo devengaban.

     

    La buena: Se reducirá la burocracia, eliminándose subsecretarías, direcciones, delegaciones en los estados y otros organismos. La mala: Se quedarán sin empleo cientos de personas.

     

    La buena: Habrá una descentralización de las dependencias del gobierno federal, lo que garantiza atención en distintas zonas del país. La mala: ¿Qué culpa tienen las familias de los funcionarios y trabajadores que van a tener que cambiarse? O las propias ciudades como Mérida, Chetumal, Ciudad del Carmen o León, por mencionar algunas, que verán trastocada su propia tranquilidad, ¿van a darle apoyo a todas las familias que se van a cambiar?, ¿de dónde saldrán los recursos? 

     

    La buena: Se va aumentar el salario mínimo. La mala: Sólo en la zona fronteriza del norte del país.

     

    La buena: Le quitará la pensión a los expresidentes. La mala: No se ha hablado de los pequeños ejércitos que cuidan no sólo a los expresidentes, sino también a toda su familia, ni tampoco en la reducción del personal de apoyo administrativo que también es pagado con dinero público.

     

    La buena: Se discutirán a conciencia los 10 decretos de reserva de agua que firmó el presidente Enrique Peña Nieto. La mala: López Obrador ya los calificó a priori como “privatización del agua”, aun cuando organizaciones sociales, académicos y expertos señalaron que no se privatizaba, sino al contrario, se protegía.

     

    La buena: Se establecerá el mecanismo de consulta para la revocación del mandato y se eliminarán trabas en los referéndum populares. La mala: ¿Se pondrá a referéndum los derechos ya ganados?, ¿se utilizará la democracia participativa sólo en casos que le convenga al gobierno?

     

    Hay otras medidas que son buenas sin ningún pero, como la eliminación del fuero para todos los funcionarios, incluyendo al Presidente de la República. Al fin se acabará la impunidad. Hay también otras malas que no tienen nada bueno, como es la modificación o revocación de leyes de la Reforma Educativa.

     

    Habrá quien diga que para resolver los grandes males del país, tiene que haber grandes sacrificios, pero habría que cuidar que los sacrificados no sean las personas que ni la deben ni la temen, y que sólo quieren hacer su trabajo en paz.

     

    Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn