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  • Los italianos en Jalisco

    2018-06-16 16:17:05 | El Pionero

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    Según lo escrito en el expediente de los italianos, ¿nadie sabe quién es don Ángel? ¿Es imposible dar con su paradero? ¿No hay posibilidad de conocer sus movimientos?


        

    La historia es atroz. La contamos ayer en Imagen Noticias, gracias al trabajo de Marinellys Tremamunno, corresponsal de Grupo Imagen en Italia. Habla Claudio Falletti, abogado de la familia de Antonio y Raffaele Russo y Vincenzo Cimmino, los tres italianos desaparecidos en el estado de Jalisco el 31 de enero pasado: “A través de los oficios de la investigación y de los interrogatorios de las audiencias que se llevaron a cabo en México, en febrero, un nombre quedó en evidencia y este nombre es un tal don Ángel (...) don Ángel siempre fue presentado como una figura abstracta, se podría creer que fuese un nombre para dar la culpa a alguien, pero en realidad no es así, porque del expediente de la investigación se evidencia que don Ángel existe realmente…”. ¿Y quién es don Ángel? “Un señor moreno, chaparro, fornido, de una edad aproximada de 45 a 50 años...”, así lo describe uno de los imputados en la carpeta de investigación 12320/2018 de la Fiscalía de Jalisco. “La Fiscalía mexicana jamás ha conectado las desapariciones de las tres personas, es decir, siempre ha separado la posición de Antonio Russo y Vincenzo Cimmino de aquella de Raffaele Russo. En realidad, los imputados que han sido interrogados han declarado que los tres fueron entregados a la misma persona y que los tres se encuentran, se encontrarían en el mismo lugar…”, según lo investigado por la corresponsal de Imagen.

     

    ¿Y qué fue lo qué pasó? “Uno de los policías narra que su comandante les dio la orden, a las 19 horas, de acudir a la calle Juárez, cerca de una gasolinera que se encuentra a la entrada del pueblo. Ahí les dio una segunda orden, dirigirse a la gasolinera y comprobar si había una camioneta blanca con dos personas de nacionalidad italiana a bordo. Según el relato del policía, tardaron diez minutos en localizar el vehículo saliendo de la gasolinera. Confirmaron a su comandante que se trataba de los italianos. Una nueva orden: escoltarlos a donde empieza la carretera Tecalitlán a Jilotlán, a la altura de un contenedor de basura a la salida de Jilotlán. Salió la caravana, dos policías al frente, el vehículo de los italianos y detrás de ellos la camioneta del comandante y un policía más. Cuando llegaron ahí ya los esperaba una camioneta cerrada de color vino marca Mazda, ahí el oficial escuchó a su comandante llamar a un señor por el nombre de don Ángel...”, según se anotó en el expediente. A partir de ahí, don Ángel se convirtió en personaje esencial en la investigación. Él, la figura central en el paradero de los italianos. ¿Cómo es posible que la familia no sepa nada más que lo difundido en redes? “Tenemos el derecho de saber. Yo tengo un niño de cuatro años y medio, como ya he dicho en tantas entrevistas, el niño me pide hacer una videollamada al papá (...) les ruego se hiciera en este gobierno, ahora se ha confirmado y nos deben ayudar. Tenemos el derecho de ser ayudados...”, habla Silvana Esposito, esposa de Raffaele Russo y madre de Antonio Russo en una de las varias entrevistas que ha dado a los medios de comunicación.

     

    Lo que ocurre, perdón, pero me recuerda mucho a lo que sabemos del caso Ayotzinapa, ciudadanos entregados al crimen organizado por las autoridades rebasadas en sus capacidades. Según lo escrito en el expediente de los italianos, ¿nadie sabe quién es don Ángel? ¿Es imposible dar con su paradero? ¿No hay posibilidad de conocer sus movimientos? Tres ciudadanos italianos le fueron entregados; han pasado casi cinco meses sin que sepamos nada de ellos, ¿en verdad las autoridades están imposibilitadas para conocer las operaciones de grupos criminales de ciertas regiones del país? Tanto en el caso de los 43 estudiantes, por su magnitud, como en el caso de los italianos, por los recursos que su familia ha invertido en su búsqueda, podemos darnos una idea de la manera en que actúa el crimen organizado. ¿Cuántos casos como estos desconocemos? Hace unos días vimos a un alcalde huir, literalmente, antes de la elección. El de Nadadores, Coahuila, encontrado en Tijuana. Antes de él, hemos contado a más de 114 políticos asesinados desde septiembre. ¿Qué dice eso de nuestro país? ¿Cómo podemos simular tranquilidad? ¿Cómo podemos estar en una campaña electoral que dista mucho de hablar, de plantear respuestas a estos problemas?

     

    Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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    ¿Cuál quieres escuchar primero?

    2018-07-15 11:07:43 | El Pionero

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    El miércoles 11 de julio, el virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo una reunión con quienes serán los legisladores federales en el próximo Congreso. Ahí les leyó la cartilla y les planteó la docena de reformas de ley que, respetuosamente a fuerzas, deberán discutir y en su caso aprobar. Esto se suma a las propuestas que había venido haciendo después de ganar la elección.


        

    Pero como suele pasar, todas las medidas que cambian el statu quo implican noticias buenas y malas. ¿Cuál quiere escuchar primero el amable lector?

     

    La buena: Dentro de su plan de austeridad, ningún funcionario de los tres Poderes de la Unión podrá ganar más de lo que percibe el Presidente de la República, esto es alrededor de 260 mil pesos mensuales. La mala: Es muy probable que los mejores cuadros del gobierno, al no ver ningún incentivo de trabajar de lunes a domingo, sin horarios específicos de entrada y de salida y con enormes responsabilidades, se vayan a la iniciativa privada donde, seguramente, ganarán muchos más. Los que se queden, o saben que tendrán un hueso o podrían buscar “complementos” de su sueldo en otros lados. La peor: Difícilmente, aceptarán bajarse el sueldo los jueces o ministros, por lo que se vendría una lluvia de amparos. El problema no debería haber sido el sueldo, sino la forma en que lo devengaban.

     

    La buena: Se reducirá la burocracia, eliminándose subsecretarías, direcciones, delegaciones en los estados y otros organismos. La mala: Se quedarán sin empleo cientos de personas.

     

    La buena: Habrá una descentralización de las dependencias del gobierno federal, lo que garantiza atención en distintas zonas del país. La mala: ¿Qué culpa tienen las familias de los funcionarios y trabajadores que van a tener que cambiarse? O las propias ciudades como Mérida, Chetumal, Ciudad del Carmen o León, por mencionar algunas, que verán trastocada su propia tranquilidad, ¿van a darle apoyo a todas las familias que se van a cambiar?, ¿de dónde saldrán los recursos? 

     

    La buena: Se va aumentar el salario mínimo. La mala: Sólo en la zona fronteriza del norte del país.

     

    La buena: Le quitará la pensión a los expresidentes. La mala: No se ha hablado de los pequeños ejércitos que cuidan no sólo a los expresidentes, sino también a toda su familia, ni tampoco en la reducción del personal de apoyo administrativo que también es pagado con dinero público.

     

    La buena: Se discutirán a conciencia los 10 decretos de reserva de agua que firmó el presidente Enrique Peña Nieto. La mala: López Obrador ya los calificó a priori como “privatización del agua”, aun cuando organizaciones sociales, académicos y expertos señalaron que no se privatizaba, sino al contrario, se protegía.

     

    La buena: Se establecerá el mecanismo de consulta para la revocación del mandato y se eliminarán trabas en los referéndum populares. La mala: ¿Se pondrá a referéndum los derechos ya ganados?, ¿se utilizará la democracia participativa sólo en casos que le convenga al gobierno?

     

    Hay otras medidas que son buenas sin ningún pero, como la eliminación del fuero para todos los funcionarios, incluyendo al Presidente de la República. Al fin se acabará la impunidad. Hay también otras malas que no tienen nada bueno, como es la modificación o revocación de leyes de la Reforma Educativa.

     

    Habrá quien diga que para resolver los grandes males del país, tiene que haber grandes sacrificios, pero habría que cuidar que los sacrificados no sean las personas que ni la deben ni la temen, y que sólo quieren hacer su trabajo en paz.

     

    Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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