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  • Voto razonado: no a la improvisación

    2018-06-03 19:31:27 | El Pionero

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    Está de moda pedir el voto razonado, ese que pide no sentir indignación o enojo, aquél que solicita recordar las atrocidades del pasado; uno que reclama no permitir que el populismo llegue al poder u otro que exige que el continuismo no se apropié del país por otros 6 años.


        

    Pero hay un voto razonado que difícilmente los partidos políticos piden, y es el demandar a la gente que no vote por improvisados. Y no lo van a pedir porque todos los institutos políticos han sumado a sus filas actores, actrices, cantantes, deportistas o personas sin ninguna experiencia, pero sí con mucha popularidad.

     

    Los partidos políticos dirán que todos tienen derecho a ser votados, que es un derecho sagrado y constitucional que no puede eliminarse, y tienen razón, el problema es que aquí se trata de elegir a las personas que desde el Congreso o la administración pública definirán el futuro del país.

     

    En cualquier trabajo se solicitan requisitos mínimos de experiencia y preparación, ¿por qué para ser funcionario público o legislador sólo se requiere ser mexicano y tener cierta edad? Imagínese por un momento, amable lector, que el Congreso o el gobierno fuera una institución privada, ¿contrataría a los candidatos que están ahorita en campaña?

     

    “Muy buenos días, señor Sergio Mayer, vemos que ha aplicado para el cargo de diputado, ¿me podría decir cuál es su experiencia y sus logros más importantes en los trabajos que ha desempeñado?”, “por supuesto, permítame decirle que soy un convencido de los valores, por eso he participado en programas tan exitosos como Papá soltero. Además, siempre he sido un luchador social que busca un cambio en los roles de hombres y mujeres, por eso monté el espectáculo Sólo para mujeres, en el que es el hombre, y no la mujer, el objeto sexual; y son los hombres y no las mujeres quienes sufren de acoso. Por si fuera poco, he promovido la cultura y las artes como lo constata mi involucramiento en proyectos como Garibaldi, donde fui cantante y bailarín”.

     

    “Señora Leticia Calderón, me indica el área de Recursos Humanos que quiere ser senadora. ¿Me podría hablar de sus aportaciones a la sociedad?”. “Por supuesto, siempre he estado a favor del empoderamiento de la mujer, por eso protagonicé La Indomable”.

     

    “Señor Manuel Negrete, vemos en su solicitud que quiere ser alcalde de Coyoacán, seguramente tiene algo que aportar para el desarrollo de esta institución”. “Claro que sí, yo como nadie he traído alegría al país al obtener el reconocimiento del mejor gol de la historia de las Copas del Mundo”.

     

    “Señor Eduardo Capetillo, entendemos que está aplicando para ser alcalde del municipio de Ocoyoacac, en el Estado de México, cuénteme ¿cuáles son sus credenciales?”. “Primero que nada, soy un convencido en el desarrollo personal, por eso es que desde mi juventud impulsé que cada persona logre sus sueños, de ahí mi participación en Alcanzar una estrella”.

     

    Y no solo se trata de los actores, actrices o cantantes, sino también de aquéllos que no sólo no tienen ninguna experiencia, sino que tampoco tienen mínimos estudios y que ven en el Congreso una beca de 3 o 6 años.

     

    Por eso, el voto razonado es investigar y analizar ¿cuál ha sido el papel de los actores, actrices o cantantes? ¿De aquéllos que apenas tienen primaria o secundaria?, ¿realmente pueden aportar o se convertirán en parte del rebaño fácilmente manejable por las cúpulas, a cambio de tener un sueldo fijo y, por supuesto, hueso?

     

    Si los partidos políticos han sido irresponsables en impulsar a persona sin ninguna experiencia, pero con popularidad con tal de ganar votos, los ciudadanos no deben convertirse en sus cómplices.

     

    Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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    ¿Para qué sirven los plurinominales?

    2018-08-05 08:33:50 | El Pionero

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    A pesar de no ser muy populares, los legisladores de representación proporcional corrigen distorsiones del sistema electoral de mayoría.


        

    En México, los diputados elegidos por el principio de representación proporcional no son muy populares. Muchas personas piensan que, al ser elegidos por listas presentadas por los partidos, los diputados llamados coloquialmente “plurinominales” no representan a los electores porque, se dice, nadie vota por ellos directamente. No faltan quienes proponen su disminución drástica y hasta su desaparición.

     

    La mala opinión sobre los “plurinominales” está más cargada de prejuicios que de una comprensión realista. Primero, es falso que no representen a los ciudadanos, ya que su elección depende de que obtengan una votación popular suficiente, al igual que los diputados elegidos por otras vías. Segundo, el método de representación proporcional es tanto o más democrático como el método de mayoría. Tan es así, que la mayor parte de los países de Europa (la región democrática por excelencia), así como de los países de América Latina, se rige por el sistema electoral proporcional. En realidad, el sistema de mayoría relativa (en inglés se le conoce como plurality vote) es característico de los países anglosajones y de los que forman o formaron parte de la Commonwealth británica (destacadamente, Estados Unidos, Canadá, Australia e India).

     

    Los sistemas electorales de mayoría tienen el propósito de dar a los parlamentarios un vínculo de representación más visible con la población de una determinada demarcación territorial (distrito). Pero tienen dos efectos colaterales que suelen distorsionar la representación política: en cada distrito electoral, el que gana se lleva todo, aun cuando la votación puede estar muy dividida; y en el conjunto de distritos se produce una sobrerrepresentación del partido que obtenga mayor votación, ya que casi siempre el porcentaje de escaños obtenidos es más grande que su porcentaje de votación. En los sistemas mayoritarios es frecuente que un partido que reciba, por ejemplo, 40 por ciento de los votos, gane 60 por ciento o más de los escaños, y que algunos partidos con 10 por ciento o 15 por ciento de los sufragios no ganen prácticamente nada. El sistema mayoritario facilita la formación de mayorías parlamentarias sobrerrepresentadas y excluye a las minorías.

     

    El sistema proporcional busca representar equitativamente a las diversas opciones políticas que conviven en la sociedad. El porcentaje de votos se traduce en proporción semejante de escaños. La mayoría y las minorías quedan representadas en el Legislativo según su peso electoral. El inconveniente de este sistema es que la representación es menos personal que el que, teóricamente, propicia el sistema mayoritario. Como los electores votan por listas de candidatos, pueden no conocer a todos los que resultarán electos. En el fondo, la elección por listas de representación proporcional implica un voto más por el partido y su programa que por las personas en cuanto tales, y en esa medida, tiende a fortalecer al sistema de partidos, pilar indispensable de las democracias modernas.

     

    Con el afán de combinar lo mejor de ambos métodos de elección, algunos países han adoptado el sistema electoral mixto: una parte de los representantes se elige en distritos de mayoría y otra por listas de representación proporcional. Con esa combinación se corrigen o se atenúan los inconvenientes de uno y otro métodos de traducción de votos en escaños. El modelo electoral mixto, nacido en la Alemania Federal de la posguerra, en las últimas décadas se ha extendido a unos pocos países: México, Italia, Nueva Zelanda, Rusia y Bolivia, entre otros.

     

    Afortunadamente, México posee un sistema electoral mixto, tanto en las cámaras del Congreso de la Unión como en los congresos locales. Gracias a ello, la presencia de los partidos en las cámaras tiene cierta correspondencia con los respectivos porcentajes de votación. Podemos ilustrar el efecto compensador de la representación proporcional, según los resultados de las elecciones de diputados federales de 2012, 2015 y 2018. Veamos en cada caso la votación y la representación del partido ganador. En 2012, el PRI obtuvo 33.6% de los votos y un total de 207 diputados, 41.4% de los 500 escaños en la Cámara. Suponiendo que no existieran los diputados plurinominales, con esa misma votación el PRI habría obtenido 158 escaños de mayoría, equivalentes a 52.7% de las 300 diputaciones elegidas por ese principio. ¡Mayoría absoluta en la Cámara, con la tercera parte de los votos populares! En 2015, otra vez el PRI fue el partido más votado. Con 32.6% de los votos, obtuvo en total 203 escaños, 40.6% de 500; si no hubiese habido plurinominales, los 155 distritos de mayoría relativa que ganó le habrían dado el 51.7% de la Cámara.

     

    En 2018, los efectos de la combinación de mayoría relativa y representación proporcional fueron algo diferentes. La coalición de Morena, PT y PES, con 43.5% de los votos, ganó 218 escaños de mayoría y un total de 307 diputaciones, 61.4% de 500. Esto fue así porque Morena cedió al PT y al PES la mitad de las candidaturas, de las cuales 112 resultaron ganadoras (no obstante que estos dos partidos, juntos, apenas recibieron 6.3% de los votos). Evidentemente, fueron los votos de Morena los que le dieron a la coalición la mayor parte de los triunfos. Pero, al dividir entre tres partidos los escaños ganados, Morena no vio limitada su asignación de representación proporcional por el tope de 8% de sobrerrepresentación establecida en la ley. La combinación de votos y candidaturas para la coalición de Morena-PT-PES le resultó excepcionalmente favorable. Aun así, de no haber existido las diputaciones plurinominales, la sobrerrepresentación de esta coalición habría resultado aún mayor: contaría con 72% de una Cámara de 300 diputados.

     

    Puede concluirse que el sistema electoral mayoritario puro produce un efecto de distribución que distorsiona la representatividad democrática, y que el sistema mixto lo corrige o lo modera.

    Por: Jaime Rivera Velázquez/Consejero del INE

     

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