×

Voto razonado: no a la improvisación

2018-06-03 19:31:27 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

Está de moda pedir el voto razonado, ese que pide no sentir indignación o enojo, aquél que solicita recordar las atrocidades del pasado; uno que reclama no permitir que el populismo llegue al poder u otro que exige que el continuismo no se apropié del país por otros 6 años.


    

Pero hay un voto razonado que difícilmente los partidos políticos piden, y es el demandar a la gente que no vote por improvisados. Y no lo van a pedir porque todos los institutos políticos han sumado a sus filas actores, actrices, cantantes, deportistas o personas sin ninguna experiencia, pero sí con mucha popularidad.

 

Los partidos políticos dirán que todos tienen derecho a ser votados, que es un derecho sagrado y constitucional que no puede eliminarse, y tienen razón, el problema es que aquí se trata de elegir a las personas que desde el Congreso o la administración pública definirán el futuro del país.

 

En cualquier trabajo se solicitan requisitos mínimos de experiencia y preparación, ¿por qué para ser funcionario público o legislador sólo se requiere ser mexicano y tener cierta edad? Imagínese por un momento, amable lector, que el Congreso o el gobierno fuera una institución privada, ¿contrataría a los candidatos que están ahorita en campaña?

 

“Muy buenos días, señor Sergio Mayer, vemos que ha aplicado para el cargo de diputado, ¿me podría decir cuál es su experiencia y sus logros más importantes en los trabajos que ha desempeñado?”, “por supuesto, permítame decirle que soy un convencido de los valores, por eso he participado en programas tan exitosos como Papá soltero. Además, siempre he sido un luchador social que busca un cambio en los roles de hombres y mujeres, por eso monté el espectáculo Sólo para mujeres, en el que es el hombre, y no la mujer, el objeto sexual; y son los hombres y no las mujeres quienes sufren de acoso. Por si fuera poco, he promovido la cultura y las artes como lo constata mi involucramiento en proyectos como Garibaldi, donde fui cantante y bailarín”.

 

“Señora Leticia Calderón, me indica el área de Recursos Humanos que quiere ser senadora. ¿Me podría hablar de sus aportaciones a la sociedad?”. “Por supuesto, siempre he estado a favor del empoderamiento de la mujer, por eso protagonicé La Indomable”.

 

“Señor Manuel Negrete, vemos en su solicitud que quiere ser alcalde de Coyoacán, seguramente tiene algo que aportar para el desarrollo de esta institución”. “Claro que sí, yo como nadie he traído alegría al país al obtener el reconocimiento del mejor gol de la historia de las Copas del Mundo”.

 

“Señor Eduardo Capetillo, entendemos que está aplicando para ser alcalde del municipio de Ocoyoacac, en el Estado de México, cuénteme ¿cuáles son sus credenciales?”. “Primero que nada, soy un convencido en el desarrollo personal, por eso es que desde mi juventud impulsé que cada persona logre sus sueños, de ahí mi participación en Alcanzar una estrella”.

 

Y no solo se trata de los actores, actrices o cantantes, sino también de aquéllos que no sólo no tienen ninguna experiencia, sino que tampoco tienen mínimos estudios y que ven en el Congreso una beca de 3 o 6 años.

 

Por eso, el voto razonado es investigar y analizar ¿cuál ha sido el papel de los actores, actrices o cantantes? ¿De aquéllos que apenas tienen primaria o secundaria?, ¿realmente pueden aportar o se convertirán en parte del rebaño fácilmente manejable por las cúpulas, a cambio de tener un sueldo fijo y, por supuesto, hueso?

 

Si los partidos políticos han sido irresponsables en impulsar a persona sin ninguna experiencia, pero con popularidad con tal de ganar votos, los ciudadanos no deben convertirse en sus cómplices.

 

Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn