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¿Votos cruzados? (O sálvese quien pueda)

2018-05-26 17:30:39 | El Pionero

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Con las experiencias de los años 2000, 2006 y 2012, PRI, PAN, PRD y sus aliados le apostaron a fórmulas probadas: pactos electorales y operaciones partidistas. Ésa será nuestra ventaja, solían decir: tenemos estructura, trabajo territorial y votos cruzados.


    

Pero a cinco semanas del desenlace, esas apuestas partidistas suenan rebasadas por la ola anímica a favor de Andrés Manuel López Obrador.

 

Porque más allá de la fidelidad de las encuestas, el candidato de Morena consiguió construir un clima de triunfo.

 

Y ese ánimo de victoria logró su mejor momento después del debate del domingo.

 

Como bien lo había reconocido Lorenzo Meyer, una de las escasas voces críticas de los intelectuales afines a Morena, su candidato les quedó a deber en el primer debate.

 

Entonces, según diversos balances, Ricardo Anaya, del Frente PAN-PRD-MC, mostró sus ventajas escénicas.

 

De manera que, cuando este domingo, AMLO asignó al frentista una celebrada etiqueta —“Ricky Riquín Canayín”— y actuó su temor de perder la cartera, ofreció a sus seguidores la esperada revancha.

 

Lo sucedido, a partir de entonces, en términos de comunicación, tanto en redes sociales como en el cotidiano wasapeo de memes, nos remitía, a las clásicas y viejas premisas de la guerra.

 

Inevitable no recordar el clásico De la guerra, de Carl von Clausewitz al describir que el mejor general es aquel que infunde en su ejército la certeza de la victoria.

 

¿Pueden competir, Anaya y José Antonio Meade, en los 34 días que le restan a la contienda, con ese ánimo de triunfo que parece cobijar, a nivel local, a los candidatos a gobernador, alcaldes, senadores y diputados más mediocres e incluso, con antecedentes corruptos?

 

Y es que, al cierre de la competencia, el diagnóstico del voto del odio comienza a ser sepultado por el ánimo ganador, el ambiente de pitorreo hacia los candidatos, supuestamente, derrotados de antemano.

 

¿Voto de castigo? Pero si López Obrador ya aclaró que con su gobierno habrá borrón y cuenta nueva y, a diferencia de otros tiempos, ahora se toma el cuidado cotidiano de elogiar la promesa del presidente Peña de que se respetará el resultado.

 

Nadie entre sus colaboradores contradice esa confianza del candidato hacia el gobierno. Pero, al mismo tiempo, nadie duda de su advertencia cuando señala que “la mafia del poder” puede intentar un fraude.

 

A estas alturas, tampoco hay reclamos a la falta de consistencia de quien promete que el suyo será el triunfo del pueblo.

 

Así, esta semana, en su deliberada tarea por convencer a los empresarios de que su gobierno no sería un peligro para sus inversiones, el candidato se negó a dar por vigente la promesa de cancelar la Reforma Energética, una bandera que en 2008 y en 2013 le permitió activar protestas contra el gobierno.

 

Ante ese líder político capaz de desactivar el voto del odio y antigubernamental para dar paso a la idea del pueblo triunfador, sus competidores pierden margen de maniobra para diseñar alternativas anímicamente poderosas.

 

¿Puede hacerlo la estrategia de contraste del candidato Meade, centrada hoy en los presuntos delincuentes que desde ya habrían sido perdonados por AMLO?

 

Parece remoto que el abanderado del PRI, heredero de la tecnocracia que se inició con el sexenio de Carlos Salinas, pueda convencer a los indecisos de que Nestora Salgado y Napoléon Gómez Urrutia son delincuentes, y no víctimas del pueblo agraviado, como López Obrador los presenta.

 

El discurso oficial priista, sin embargo, sigue apostándole a la llamada maquinaria electoral, a la operación de tierra. No obstante, hasta ahora, el PRI se encuentra rezagado en las nueve elecciones para gobernador.

 

Hay quienes desde el gobierno federal hablan todavía de la posibilidad de que Meade sea salvado por el milagroso “voto cruzado” que operarían, explican, algunos gobernadores del PAN y del PRD que, así, le darían la espalda al candidato del Frente.

 

Se trata de una quimera, en un momento en el que esos gobernadores tienen problemas para retener el apoyo hacia sus candidatos locales, como es el caso de Veracruz y Puebla, donde la ola obradorista ha comenzado a poner en riesgo a los probados operadores electorales de 2016.

 

Nos referimos al gobernador Miguel Ángel Yunes y al exgobernador Rafael Moreno Valle, quienes ahora saben que ya no es viable el “voto cruzado” a favor de Miguel Yunes hijo y de su esposa Martha Erika Alonso, respectivamente, sin importar el resultado presidencial.

 

La nueva estrategia de Ricardo Anaya, focalizada en recuperar la paz, sólo tendría futuro si los portadores del logo del Frente asumieran que son parte de éste y se despojaran de la ilusión del voto cruzado, que no es más que un “sálvese quien pueda”.

 

¿Pueden los panistas, perredistas y emecistas revertir todavía la falta de cohesión en torno a su presidenciable, a quien algunos liderazgos y mandatarios estatales pensaban dejar morir solo?

 

López Obrador ha cambiado las reglas del juego: o están con él o se hunden.

 

Y, ante ese desafío, cruzar los votos es como hacer chonguitos.

 

Ivonne Melgar/Retrovisor

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Hay que ser marranos, pero no trompudos

2019-07-14 09:46:34 | El Pionero

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El lunes pasado, 21 diputados locales de Baja California aprobaron la ampliación de 2 a 5 años del periodo de la gubernatura de Jaime Bonilla, gobernador electo emanado de Morena, ¿por qué cometieron semejante marranada?, se preguntará el respetable, a lo que los legisladores podrán responder “¿por qué no? Lo hicimos porque podemos”.


    

Esta decisión tiene todos los agravantes, la sesión se hizo un lunes en la noche, cual delincuentes que esperan la obscuridad para hacer de las suyas.

Se llamó de última hora a una sesión extraordinaria para dar la puñalada trapera. Morena lo hizo con la complacencia de un Congreso de mayoría panista. Fuera de todo razonamiento y sensatez, tuvo el apoyo de todos los partidos políticos y cuando algo no es lógico, es metálico, y debió ser muuuuuy metálico.

Fue lamentable la forma en que se vendió la oposición, aunque ya no debería sorprender a nadie. Aberrante el papel de Morena por haber promovido la ampliación y ridícula e indignante la defensa que hizo su presidenta nacional, Yeidckol Polevnsky, señalando que es algo que la ciudadanía de Baja California estaba pidiendo, y que la gente ya está harta de tanta elección. Ufff, sí, fuchi, guácala con esos procesos electorales. Eso de andar haciendo cola para votar por un candidato es de lo peor, ojalá hubiera candidatos eternos en el cargo para evitar la fatiga de ir a votar y terminar con el dedo embarrado de tinta.

Bonilla llegó a la buena, pero se quiere quedar a la mala. Morena en Baja California se convirtió en lo que tanto criticaba, superando con creces al Partido Revolucionario Institucional.

Qué bueno que el presidente Andrés Manuel López Obrador lo pensó dos veces y después de buscar un tibio deslinde, que en nada abonaba a su imagen, dijo este viernes que si se lo hubieran consultado y se hubiera aprobado algo así, se le caería la cara de vergüenza. Ojalá les pasara tantita a sus legisladores, a Bonilla y a Polevnsky. Buena falta les hace.

El mandatario también señaló que, si se lo hubieran consultado, hubiera dicho que no; que lástima que no le preguntaron, que pena que la presidenta del partido que él creó, así como los gobernantes que ganaron, utilizando como plataforma a Morena, se vayan por la libre y no tengan la más mínima delicadeza de avisarle al Ejecutivo o darle por lo menos una pista. Andan muy sueltas esas criaturitas del señor y es bien sabido que, cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta.

Pero, evidentemente, los 21 legisladores no sólo le quisieron ver la cara al Presidente o a los bajacalifornianos, sino que también lo hicieron con los propios presidentes de los partidos nacionales. PRI y PAN, al menos, calificaron de aberrante esta decisión y adelantaron que pondrían controversias constitucionales. Incluso la propia diputada Tatiana Clouthier, de Morena, pidió que se ratificara lo ocurrido.

Hubo algunos liderazgos que alzaron la voz, Cuauhtémoc Cárdenas señaló que es un fuerte insulto a la inteligencia, que los 21 diputados (y Yeidckol) quieran hacer creer a todo mundo que han actuado por el bien de sus representados. El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, de plano se pronunció por la desaparición de poderes en Baja California. 

¿Por qué tanta preocupación si, como algunas inocentes palomitas piensan, el Congreso de Baja California es autónomo? Básicamente, porque la marranería suele ser contagiosa y una vez que les enseñaron el camino, otros Congresos locales podrían hacer lo mismo.

Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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