×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO

  • ¿Por qué se fue, por qué partió?

    2018-05-20 09:46:41 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    “¿Por qué se fue, por qué partió, por qué el señor nos las quitó?”, es lo que se preguntan los seguidores de la excandidata presidencial Margarita Zavala.


        

    Aunque la otrora panista dio a conocer su verdá: La inequidad en la contienda electoral la orilló a tomar esa decisión, el imaginario colectivo tuvo sus propias teorías.

     

    1. Estaba en quiebra, ya no le alcanzaba el dinero. Una campaña presidencial requiere de mucho dinero, el cual se obtiene del financiamiento público, de los propios recursos o el de los simpatizantes. Zavala renunció al dinero público para costear su campaña, así que sólo le quedaban dos opciones: Romper el cochinito o pasar la charola a sus amigos millonarios. Pero, el horno no está para bollos. ¿Realmente alguien invertiría en una candidata que sólo tiene un promedio de 3 puntos de preferencia electoral?

     

    2. Renunció antes del debate porque no quería ser una vez más la gran perdedora o la protagonista de los memes en redes sociales. En el primer debate, la exprimera dama supo que esto de la contienda electoral no era “enchílame otra”, que se requiere preparación y experiencia. En definitiva, ella no es lo que se llama una maestra de la oratoria, mostró deficiencias dialécticas que, afortunadamente y con entrenamiento, se pueden pulir.

     

    Un segundo debate, que tiene además un componente técnico, hubiera podido ser terrible para ella. Nadie la va a extrañar en el debate, y ella aplicó la de Juan Gabriel ¿pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema?

     

    3. Al no tener forma de ganar ni avanzar, Margarita declinaría por José Antonio Meade o Ricardo Anaya. Aunque la expanista ha dicho que no, que para nada, que eso no está en sus planes, también reconoció que en política nada está dicho y que incluso podría regresar al PAN. Así que todo puede suceder. Ya renunció a un partido, se hizo candidata independiente y dejó la contienda presidencial. Mañana puede aparecer en otra campaña política o en el concurso de señorita primavera.

     

    Pero tampoco se puede descartar que se guarde para después de las elecciones, que sus tres puntos se conviertan en un partido político o que pueda ser una voz prudente y sensata después de las elecciones, donde seguramente habrá más que un plato roto.

     

    La gran pregunta es si hizo bien Margarita en renunciar a la campaña electoral. La respuesta es sí, porque esa era la única opción de no perder la Presidencia (si no estás en la contienda, no la puedes perder); porque logró que le pasara lo que a los difuntos: Casi todos hablaron bien de ella y hasta dijeron que la extrañarían; porque, finalmente, consiguió que mucha gente se enterara que era candidata —aunque un poco tarde—; porque, por primera vez, logró ser nota de ocho columnas y sus cinco minutos de fama se extendieron a una semana completa, en la que fue tema de conversación, trendic topic en redes sociales y la candidata más deseada para obtener sus declaraciones.

     

    También porque ya no era necesario el desgaste que estaba teniendo. Más vale decir aquí corrió que aquí quedó (políticamente hablando), flaca, ojerosa, cansada y sin ilusiones y con un muy bajo capital político.

     

    ¿Hizo mal? La respuesta también es sí, porque, aunque no quiso presumir de ello, era la única mujer en la contienda presidencial; porque de plano el único independiente que queda es El Bronco y porque mostró improvisación. ¿De verdad no sabía a lo que se enfrentaría? ¿No leyó las letras chiquitas del contrato?

     

    Margarita Zavala, además, tuvo un error de cálculo. Decidió dar su anuncio en un medio de comunicación, en medio de una entrevista grupal, perdiendo la oportunidad de dar un mensaje poderoso, profundo y más (mucho más) pensado.

     

     Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    La boda de la demagogia, en ‘¡Hola!’

    2018-10-06 09:17:22 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Jamás imaginaría a Benito Juárez en la portada de la revista ¡Hola!


        

    Nuestro presidente electo, que dice seguir los pasos del liberal de Guelatao, ocupa ese lugar y se defiende con el argumento de que fue en un evento social y privado, no un acto de gobierno.

    Tiene razón en que se trató de un acto social, pero privado no: fue deliberadamente hecho público en el principal hebdomadario del corazón y la cursilería mundial.

    Él fue el principal testigo del novio, su más cercano colaborador, César Yáñez.

    ¿Un republicano en la portada de la revista del rey?

    Es cierto, como dice Andrés Manuel López Obrador, que no fue una acción de gobierno. Pero ese no es el punto.

    Lo que importa es el descubrimiento, bajo un cielo de diecinueve mil rosas blancas, del lado frívolo y derrochador de los que llegarán a gobernarnos en menos de dos meses.

    Nos dijeron que se debían a los pobres.

    Que al fin llegarían los pobres a Palacio Nacional.

    Juraron que no eran frívolos como los que se van.

    Al pueblo le dicen que el país está en bancarrota, y se despachan con una fiesta digna de jeques árabes o del sultán de Brunei.

    Apenas ganaron las elecciones y ya se comportan como la minoría que dicen combatir.

    Ya llegaron, y al fin comparten espacio en ¡Hola! con Amal Clooney (esposa de George), que “apareció con un vestido midi rojo que recordó a alguno de los looks favoritos de Mergan Markle”.

    También están a unas pocas páginas de Ivanka Trump, “una princesa más en la cumbre real. Máxima, Mary y Victoria toman Nueva York con flores: he aprendido mucho de Su Majestad (Máxima) y espero aprender mucho más, dijo la hija del Presidente”.

    Se ve muy bien la pareja de la Cuarta Transformación mexicana junto a “Rania de Jordania, (que) felicita a sus princesas: sus hijas Iman y Salma. Cada una de ustedes llena mi corazón de alegría. ¡Mi amor por las dos es único!”.

    El próximo Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de México, al fin está cerca de Alejandra de Hannover, que se convirtió al catolicismo, lo que “la excluye de la línea de sucesión al trono británico”.

    Por encima de todos ellos, en la portada, está el distinguido vocero del movimiento que enarbola la promesa de “primero los pobres”, delante de Fernando Fuitz-James Stuart y Sofía Palazuelos, que tienen “todo listo en el Palacio de Liria para la gran boda de la Casa de Alba”.

    Ahí, “el secreto mejor guardado del enlace es si la novia llevará la tiara ducal o la de Emperatriz Eugenia, dos joyas de gran valor histórico para los Alba”.

    Con esos se codean en las revistas del jet set nuestros héroes de la austeridad republicana, de la Cuarta Transformación, de primero los pobres, de sin el pueblo nada.

    Por supuesto que Yáñez tenía derecho a una boda así, y a aparecer junto a la realeza mundial. Es asunto suyo, de su feliz pareja y de su popular testigo.

    Lo que tenemos derecho a decir, respetuosamente, es que son unos incongruentes.

    Que no es auténtico el halo de santidad laica que se construyen con su retórica populista.

    Se puede pedir que, si no es mucha molestia, a partir de ahora, fuera máscaras y moderen su lenguaje.

    Dejen de referirse a quienes piensan distinto a ellos, como “blanquito”, “camajanes”, “aprendiz de carterista”, “cínico”, “desvergonzado”, “farsante”, “fifí”, “fresa”, “mapachada de angora”, “monarca de moronga azul”, “ñoño”, “oportunista”, “obnubilado”, “pequeño faraón”, “pirrurris”, “reaccionario de abolengo”, “riquín”, “risa postiza”, “señoritingo”, “sepulcro blanqueado”, “simulador”, “neoporfiristas”, “ternuritas”…

    Todos esos adjetivos los usó en su momento nuestro presidente electo, hoy en la portada de ¡Hola! junto a su colaborador, vestido de impecable frac.

    Olvidemos eso, que es insulto y demagogia, y deseémosle a todo el equipo de la Cuarta Transformación que gobierne bien, sin hipocresías.

    Hay que recordarles que es falsa la superioridad moral que pretenden tener sobre los demás.

    Y los amigos de López Obrador en los medios, por favor no le echen la culpa a la novia.

    Dice Guadalupe Loaeza en Reforma: “queremos suponer que la novia fue la culpable de llevarse de corbata al novio, es decir, que fue Dulce la que fantaseó hasta el infinito con tener la ceremonia más espectacular de todo el estado de Puebla”.

    “Volvamos a Lady Langosta. Seguramente ella logró su objetivo de lucirse con sus amigas, con las que siempre compitió por presumir su poder y riqueza y, en esta ocasión, sin duda les ganó”.

    Si hay algún particular que no tiene nada qué reprochársele, pues no es personaje público ni ha presumido nunca pobreza franciscana, es la ciudadana de Huamantla que se casó el sábado.

    Culparla a ella, ponerle apodos, para quitarle reflectores a César Yánez, es cobardía y es machismo.

    El novio no fue llevado a empujones al altar, ni a la fiesta, ni lo vistieron de frac a la fuerza y de sorpresa lo hicieron posar para¡Hola!

    Tiene 55 años.

    Por Pablo Hiriart/La otra opinión

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn