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94 muertos y mil renuncias

2018-05-12 18:12:21 | El Pionero

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¿Qué pasa en una campaña electoral si nadie quiere ser parte de ella? ¿Cómo puede el Estado dar garantía en un proceso tan violentado? ¿Cómo les dice a los habitantes de las localidades afectadas que pueden salir a votar sin temor alguno?


    

Ya son noventa y cuatro. Ayer fue ejecutado el candidato de Morena a la alcaldía de Apaseo el Alto, Guanajuato. Un día antes, en pleno Día de las Madres, le tocó a un candidato del PRI. Y así, si revisamos los últimos ocho meses, contamos noventa y cuatro asesinatos de aspirantes, militantes o funcionarios de los partidos. La campaña electoral más sangrienta, tal vez, desde el episodio de Luis Donaldo Colosio, en 1994. La mayoría de los asesinatos ha sido de aspirantes a una alcaldía en regiones con alta presencia del narcotráfico. ¿Qué mensaje quieren dar los operadores de esta ola de violencia?

 

Este diario publicó ayer en primera plana: “Alrededor de mil candidatos a cargos públicos, tanto locales como federales, se han bajado de la actual contienda electoral por miedo al crimen organizado, obligados por sus partidos o debido a cuestiones personales...”. En detalle: 341 aspirantes a nivel federal han presentado su renuncia a la candidatura, dato del INE; a nivel local, otros 660, ya sea como aspirantes a una alcaldía o un lugar en los congresos estatales. ¿Nos parece normal? ¿No es esto más que una coincidencia?

 

Oaxaca es el estado más afectado (306), le sigue el Estado de México (225), Chihuahua (80), Guerrero (24). A nivel federal, 39 bajas rumbo al Senado; 186 que tenían la mira en San Lázaro. El Partido Verde es el más afectado respecto a estas sustituciones, con 105; le sigue el PT, con 57; Nueva Alianza con 42. La coalición Por México al Frente cuenta 40 solicitudes; el PES 32. La Coalición Todos por México lleva 21; el PRD 11 y la coalición Juntos Haremos Historia ha presentado 10. Movimiento Ciudadano cuenta nueve; Acción Nacional seis y Morena sólo dos.

 

Lo dijimos hace unos días es este espacio, cuando llegamos a la marca de los 90: ¿Cuántos ciudadanos sentirán miedo de salir a votar en sus comunidades, las mismas en las que han asesinado a un candidato, a un regidor o al representante de un partido? Es claro que las consecuencias de la violencia van más allá de las evidentes. Quienes sean los responsables buscan no sólo la desaparición de un personaje.

 

¿Qué pasa en una campaña electoral si nadie quiere ser parte de ella? ¿Cómo puede el Estado dar garantía en un proceso tan violentado? ¿Cómo les dice a los habitantes de las localidades afectadas que pueden salir a votar sin temor alguno? ¿Cómo se promueve la participación ciudadana y de políticos en activo, si no hay manera de asegurarles un clima de seguridad durante la contienda? ¿Cómo se puede dar aliento a una marcha que constantemente se detiene para contar muertos?

 

A nivel federal, la campaña por la Presidencia sigue. Ninguno de los cinco candidatos parece darse por enterado de lo que sucede. Continúan con su agenda, tan llena de promesas, tan ausente de coyuntura. ¿Qué le estamos diciendo a un país que lo mismo cuenta desaparecidos que políticos asesinados? ¿Cómo se les podrá regresar la paz y tranquilidad a los mexicanos que habitan en municipios donde nadie quiere ser presidente municipal? ¿Cómo podrán sentirse protegidos si no hay quien los defienda? ¿Cómo se abona a un diálogo si no hay quien levante la mano para fungir de representante de la sociedad? ¿Así podemos abrir camino a la gobernabilidad? ¿Así podremos combatir la violencia y bajar sus estadísticas? ¿Tan fuerte es el alcance del crimen organizado?

 

El martes comentamos que sólo nueve candidatos, incluidos dos presidenciales, habían solicitado la protección que ofrece el INE a través de la Secretaría de Gobernación; ayer, el instituto informó que la cifra subió a 22, al menos, pero el número sigue dispar si lo comparamos con las renuncias y los muertos.

 

Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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Horda de salvajes

2018-11-11 17:32:52 | El Pionero

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“No somos suicidas ni somos hordas de salvajes…”, dijo contundente el senador Ricardo Monreal luego que su iniciativa para eliminar las comisiones bancarias a los usuarios, provocara una estrepitosa caída en la Bolsa Mexicana de Valores y, por supuesto, en las acciones de varios bancos.


    

“Explicación no pedida, acusación manifiesta”, pensarán algunos lectores, porque efectivamente los adjetivos que estaban en el aire eran los de ignorantes, insensibles, arrogantes, o hasta pentontos, pero nadie les había acusado de suicidas o salvajes. Si fue el subconsciente traicionero o un intento de desmarcarse de cualquier mal pensamiento no se sabe, pero no deja de ser curioso las palabras que utilizó el legislador morenista para explicar lo que no eran.

Por supuesto ningún ciudadano podría rechazar la propuesta que los bancos eliminen las comisiones, ¿a quién le gusta pagar extra por revisar su saldo o utilizar los cajeros?, como tampoco nadie estaría en contra de que eliminen el IVA o los impuestos; o que la luz y la electricidad sean gratuitas, pero hasta con el más mínimo sentido común se sabe que eso no es posible, al menos no en un país capitalista.

Una cosa, pues, es regular las comisiones, homologarlas a lo que se paga en otros países o incluso quitar algunas, y otra cosa es hacer de una ocurrencia una iniciativa generando que los de por sí ya nerviosos mercados tengan un ataque de ansiedad.

Pero entonces ¿qué se aprendió del pasado jueves negro, además que los legisladores no se consideran una horda de salvajes? 1. Que después de lo del aeropuerto, la bolsa está en un mírame y no me toques. Saben que si el gobierno electo fue capaz de cancelar el aeropuerto de Texcoco con un impacto de miles de millones de pesos, pueden hacer lo que quieran. Por eso, como diría el buen Tizoc: cuando el tecolote canta, el indio muere; cuando Morena habla, la bolsa cae.

2. Que los morenistas deben recordar que a veces más vale callar y pasar por tonto, que abrir la boca y demostrarlo; 3. Que el equipo de transición económico, encabezado por Carlos Urzúa, se ha convertido en el bombero de moda. Un día le recuerda al PT que las reservas internacionales son del Banco de México y no, no, no son una cuenta corriente que puede ser utilizada para otra cosa que no sea blindar la economía, y al otro tiene que enmendarle la plana a sus compañeros, recordándoles que con los fundamentales no se juega. ¿Y si ofrece un taller llamado: “Las finanzas nacionales no son finanzas personales”?

4. Que el enemigo de un morenista es otro morenista. Yeidckol Polevnsky, presidenta del CEN de Morena, tuvo que salir al quite para decir que los senadores se fueron por la libre, que no es una propuesta de partido y que debieron haber consultado. Ante ello, Monreal contraatacó señalando que ellos eran un Senado autónomo (ternurita). Ésos sí son berrinches, no los de Mitre. Se deja claro, además, que Andrés Manuel López Obrador va a tener mucho trabajo tratando de armonizar egos y protagonismos.

5. Se ha criticado al diputado dormilón de Morena, Manuel Huerta Martínez de aprovechar las sesiones para echarse sus pestañitas. Sin embargo, ya más de un inversionista quisiera que otros legisladores hicieran lo mismo. Al menos así, son inofensivos.

Muchos ciudadanos y empresarios ya están rogando al cielo que llegue el 1 de diciembre. Les urge que López Obrador sea Presidente porque quieren comprobar que, efectivamente y como lo prometió, será el mejor presidente de México. Por lo pronto, desde el punto de vista económico, como gobierno electo ha sido el peor.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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