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  • ¡Qué razón tenía mi madre!

    2018-05-10 06:20:50 | Lizeth Rivas

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    Fue tan acertada en decir que no la comprendería hasta que tuviera a mis hijos. Ahora ya te entiendo, Doña.


        

    Ser madre sin duda es la mejor experiencia para la mayoría de las mujeres que conozco, una extremadamente difícil, cada día, y aunque suene a cliché, hay algo nuevo por aprender y superar. Desde el berrinche hasta la sonrisa borra males, todo es único y maravillosamente caótico. 

    Sin embargo, al convertirme en madre hay una cosita que me ha resultado más difícil que el hecho de no volver a dormir bien y tener que cambiar pañales que no comprendes como alguien tan lindo pueda ser capaz de producir; al ser madre me enfrenté a esa nueva ola "feminista" que clama que quienes decidimos tener hijos somos mujeres sumisas a la sociedad que nos "dicta" que ese es nuestro fin y única labor en la vida. 

    Seguramente enfrentarme a ese pensamiento es una broma del destino, ya que mi yo juvenil creía que ser madre era un acto de egoísmo y vanidad, y es que hace años pensaba que no había cosa más engreída que ir por la vida haciendo mini copias de uno mismo... ¡más rápido cae un hablador que un cojo! Mi crío, al menos físicamente, es la mezcla perfecta entre su papá y yo. Así que, desde mis propias palabras, viejas pero al fin mías, soy una vanidosa, lo acepto, lo soy y jamás fui más feliz y plena. 

    Aún así, tengo muy claro que por ser madre no dejo de ser una mujer que busca realizarse en los ámbitos que deseo, que no deja de ser productiva en su trabajo, en la sociedad, muy por el contrario, ser mamá me hace buscar ser una mejor versión de lo que era, y no sólo por mí, sino también porque creo firmemente que nuestro mundo necesita buenos seres humanos, buenos ciudadanos y que es trabajo de los padres actuales impulsar a nuestros hijos a ser personas sensibles, trabajadoras y soñadoras. Digo, ningún niño nace con los "males de nuestra sociedad" en sus pequeños corazones y mentes, esos los inculcamos los adultos. 

    Entonces, si eres una de esas mujeres que han criticado a otra por ser mamá, por ser una "inconsciente" que trajo a este "repleto" mundo a otro humanito, te pido que midas tus palabras, uno nunca sabe cuándo lo que sale de nuestras bocas sea una lección y se nos regrese.   

    ¡Empatía! Vamos a ser mujeres empáticas entre nosotras, si tú crees que es mejor tener perrihijos, o si quieres bebitos gritones que no te dejen tranquila, o si quieres viajar, o cumplir tus metas laborales, o lo que sea que quieras que te haga sentir feliz y plena ¡adelante, hazlo! al final de cuentas de ninguna forma dejamos de ser mujeres, ni dejamos de lado el querer equidad, que nuestros derechos como género se respetan, se cumplan... si lo vemos bien, luchar por todo eso también lo hacemos pensando en nuestros hijos y su futuro. 

    ¡Qué razón tenía mi madre! No hay amor más grande que el que se le tiene a un hijo, desde que te enteras de su existencia, hasta el día que vez su carita por primera vez; amor que se hace cada minuto más inmenso, pero también no hay dolor como ese. La Doña me dijo antes de que viniera "la bendición" al mundo que con él nacerían todos los miedos habidos y por haber, pero se compensan con el amor que tu hijo tendrá por ti, cuánta razón tuviste mamita, ahora si te entiendo y te amo más que nunca. 

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    Agua y ajo

    2018-09-23 16:12:10 | El Pionero

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    Hoy Morena en el Congreso se siente la última coca en el desierto, el papas y refresco grande, el quítate que ahí te voy, la divina garza, el rey del mambo.


        

    Su mayoría les ha dado poderes que nunca pensaron tener. Tienen la piel más gruesa y resistente a cualquier crítica que se haga sobre su trabajo. El 4 de septiembre, de forma inédita y por demás escandalosa, los senadores fueron capaces de caer en violaciones parlamentarias y en el ridículo con tal de darle la ansiada licencia a Manuel Velasco, gobernador-senador-gobernador interino y próximo senador de Chiapas. Aunque despertó los más intensos reproches, los morenistas decidieron aplicar la de: “Agua(ntarse) y ajo(derse)” y seguir como si nada.

    También tienen el don de multiplicarse. Iniciaron la Legislatura con 191 diputados, pero entre el chapulineo de legisladores del PT y el PES, más el pago de la licencia de Velasco con la voluntad de cinco diputados del verde (¡qué baratooo!), Morena llegó a la mayoría absoluta con 256 diputados (que el sabio pueblo no les dio en las urnas).

    Se han vuelto muy pragmáticos. El 20 de septiembre se avaló un acuerdo de la Mesa Directiva en el Senado para reducir los tiempos de tribuna. A pesar del pataleo del PAN y del PRI, Morena le aplicó la de “agua y ajo”. Seguramente pensaron: “¿Para qué le dan más tiempo a los senadores de discutir, si de cualquier manera les vamos a suministrar la aplanadora?”. Además, así se evitan la fatiga y las horrorosas salidas tarde.

    Los morenistas están cumpliendo lo que ya Ricardo Monreal había adelantado, que primero buscarían consenso, pero que si no lograban acuerdos, aplicarían su mayoría legítima. Eso sí, nunca explicó exactamente cómo sería esa búsqueda de acuerdos, por lo visto es algo como esto: Ring, ring… “Damián, buenas tardes, soy Ricardo. Oye, te anuncio que mañana vamos a presentar un punto de acuerdo para disminuir los tiempos en tribuna, ¿estás de acuerdo?”; “En lo absoluto, estarían coartando la libertad de expresión”; “Ni hablar, conste que te pregunté y busqué convencerte, pero ante tu cerrazón tendremos que utilizar nuestra mayoría legítima”.

    También quieren ser los legisladores más rápidos de todo el continente, quieren todo en un abrir y cerrar de sesiones. No importa si cometen pifias como la del 13 de septiembre cuando aprobaron una iniciativa de ¡2011! para modificar la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos. En su prisa, no quisieron darse cuenta que está desactualizada y que no contempla funcionarios que surgieron en recientes administraciones, entre otros errores que dejan abierta la puerta para la impugnación.

    Y si Morena quiere, Morena puede. El mismo jueves, el Senado aprobó, por unanimidad, el convenio 98 de la OIT, que permite a los trabajadores adherirse a la agrupación gremial que mejor los representa. ¿Quién presentó la propuesta? No podía ser otro que el líder sindical Napoleón Gómez Urrutia. El sector empresarial manifestó su desacuerdo porque no hubo un dictamen de comisiones (porque no hay comisiones) y porque tampoco se dieron las consultas pertinentes. Morena, al que no le interesa congraciarse con nadie, aplicó una vez más la de “agua y ajo”.

    Hoy las frases de batalla de los morenistas son: “Contra la intolerancia hasta alcanzarla”, “la mayoría somos nosotros” y sí, “agua y ajo”.

    De lo que Morena no tiene ningún control es de sí mismo. Las huestes de ese movimiento son impredecibles e incontrolables. La soberbia de hoy puede ser la perdición de mañana de los morenistas.

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

     

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