×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • Minuto 41, final del partido y descanso

    2018-05-09 14:18:37 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Me gustó la analogía futbolística que hizo José Antonio Meade en Tercer grado. Si comparamos la campaña con un juego de futbol estaríamos en el minuto 41 del primer tiempo. Faltan todavía cuatro minutos y todo el segundo tiempo.


        

    Es una verdad a medias porque la campaña real no comenzó el primer día de abril, sino mucho antes, tanto que Meade aceptó que él llevaba ya cuatro meses en campaña mientras que López Obrador 18 años, pero en esa lógica de tiempo se basa la nueva estrategia de Meade que va de la mano con la llegada de René Juárez al PRI, con el reconocimiento de que el priismo es imprescindible para su campaña (porque la ausencia del partido estaba vaciándola de contenido) y en un cambio notable, y positivo, más que en el discurso de Meade, en su forma de expresarse, de debatir, de presentarse ante el electorado. Una cosa es comparecer como secretario de Hacienda ante la Cámara de Diputados y otra es generar emociones y convicciones en una campaña electoral. Meade sabe que hay mucho por cambiar y que si bien cree estar en el minuto 41, en realidad está tratando de remontar un marcador adverso y ante rivales durísimos. Hay un punto adicional en este relanzamiento: Meade puede ganar o perder, pero lo que no puede ocurrir es que en el camino el PRI desaparezca. Ésa es la convicción de sus nuevos dirigentes: fortalecer la campaña presidencial haciendo fuerte a su partido desde abajo, no desde arriba, porque lo que estaba ocurriendo era que la campaña de Meade no levantaba, entre otras razones, porque la base electoral estaba desarticulada y deprimida, con fugas a todos lados, y esa situación a su vez debilitaba la campaña presidencial. Cuando los priistas hablan de realinear la campaña y el partido, están hablando de que quieren ganar la Presidencia, pero también quieren tratar de ganar todos los otros puestos de elección popular posibles. Porque la campaña presidencial concluye el primero de julio. La vida política del país continúa. El que cree que esto ya casi terminó (y es que la campaña ha durado 18 años, como dijo Meade) es Andrés Manuel López Obrador. Lo vi con Javier Alatorre en Hechos, despreocupado, como siempre, realizando un largo monólogo donde las preguntas importan poco, porque pocas veces las responde, pero con la convicción de que ya ganó. No es una mera expresión propagandística, aunque funcione en ese sentido, es una convicción. Por eso siente que se puede soltar mucho más y decir lo que siempre ha dicho tratando de disimularlo. De la plática con Javier me llamaron la atención varias cosas, primero la insistencia en la rectoría del Estado en la economía, la intención de volver a instaurar los precios de garantía en el campo, de consumir lo que producimos, de dejar de importar gasolinas para construir refinerías, me pareció escuchar en Andrés Manuel las propuestas de quienes fueron, como él mismo dijo hace años en una entrevista, los “últimos presidentes de la revolución”, Luis Echeverría y José López Portillo. El programa es muy parecido y revive en la campaña el enfrentamiento que se dio al término en 1982 entre nacionalistas y liberales, que se reeditó, mucho más públicamente en 1988. En esos años Andrés Manuel dejó el PRI, ahora vuelve con esas mismas banderas. Por eso su discurso, el que escuchamos durante tantos años, le termina siendo tan familiar, tan cercano a tantos. Escuchando al López Obrador de los últimos días estoy convencido de que lo que está diciendo es lo que intentará hacer. Incluso, en esta lógica del tiempo futbolístico, él cree que está ya en los minutos finales, que el resultado está decidido y por eso el exceso de rudeza con ciertos adversarios, sobre todo empresariales. Es una forma de elevar las apuestas y mantener la presión defensiva. En 2006 jugó defendiendo, encerrándose en su área y perdió, ahora quiere defender en su campo, aumentar la presión contra todo el que se acerque al balón y ganar. El que parece creer que está en el descanso es Ricardo Anaya. No entiendo su campaña. Anaya ganó el debate. Levantó expectativas. Generó todo el ciclo de opiniones sobre el voto útil, se estableció en el segundo lugar…y desapareció. Claro que Ricardo ha estado en algunos foros, que ha hecho recorridos, ha insistido en el gobierno de coalición, pero se ha perdido, ha bajado su intensidad, pareciera que su equipo está confundido sobre ir por el voto útil y, por ende, buscar acuerdos y enfocar sus baterías sobre López Obrador, o continuar deslindándose tanto del priismo como de Morena, con la seria posibilidad de que muchos priistas optaran por el voto útil, pero por López Obrador. Lo cierto es que con la toma de posición que hicieron Meade y el PRI, lo que le queda a Anaya es lanzarse a una campaña que retome la esencia del PAN (que es el verdadero articulador del Frente), pero que no lo aleje demasiado de las bases del PRD y MC. Es tan complejo como el dilema que tenía Meade de elegir entre la independencia y el PRI. Por lo pronto, le urge dejar el vestidor y volver a jugar. Para ganar hay que estar en la cancha. Jorge Fernández Menéndez/Razones

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    ¿Por qué se fue, por qué partió?

    2018-05-20 09:46:41 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    “¿Por qué se fue, por qué partió, por qué el señor nos las quitó?”, es lo que se preguntan los seguidores de la excandidata presidencial Margarita Zavala.


        

    Aunque la otrora panista dio a conocer su verdá: La inequidad en la contienda electoral la orilló a tomar esa decisión, el imaginario colectivo tuvo sus propias teorías.

     

    1. Estaba en quiebra, ya no le alcanzaba el dinero. Una campaña presidencial requiere de mucho dinero, el cual se obtiene del financiamiento público, de los propios recursos o el de los simpatizantes. Zavala renunció al dinero público para costear su campaña, así que sólo le quedaban dos opciones: Romper el cochinito o pasar la charola a sus amigos millonarios. Pero, el horno no está para bollos. ¿Realmente alguien invertiría en una candidata que sólo tiene un promedio de 3 puntos de preferencia electoral?

     

    2. Renunció antes del debate porque no quería ser una vez más la gran perdedora o la protagonista de los memes en redes sociales. En el primer debate, la exprimera dama supo que esto de la contienda electoral no era “enchílame otra”, que se requiere preparación y experiencia. En definitiva, ella no es lo que se llama una maestra de la oratoria, mostró deficiencias dialécticas que, afortunadamente y con entrenamiento, se pueden pulir.

     

    Un segundo debate, que tiene además un componente técnico, hubiera podido ser terrible para ella. Nadie la va a extrañar en el debate, y ella aplicó la de Juan Gabriel ¿pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema?

     

    3. Al no tener forma de ganar ni avanzar, Margarita declinaría por José Antonio Meade o Ricardo Anaya. Aunque la expanista ha dicho que no, que para nada, que eso no está en sus planes, también reconoció que en política nada está dicho y que incluso podría regresar al PAN. Así que todo puede suceder. Ya renunció a un partido, se hizo candidata independiente y dejó la contienda presidencial. Mañana puede aparecer en otra campaña política o en el concurso de señorita primavera.

     

    Pero tampoco se puede descartar que se guarde para después de las elecciones, que sus tres puntos se conviertan en un partido político o que pueda ser una voz prudente y sensata después de las elecciones, donde seguramente habrá más que un plato roto.

     

    La gran pregunta es si hizo bien Margarita en renunciar a la campaña electoral. La respuesta es sí, porque esa era la única opción de no perder la Presidencia (si no estás en la contienda, no la puedes perder); porque logró que le pasara lo que a los difuntos: Casi todos hablaron bien de ella y hasta dijeron que la extrañarían; porque, finalmente, consiguió que mucha gente se enterara que era candidata —aunque un poco tarde—; porque, por primera vez, logró ser nota de ocho columnas y sus cinco minutos de fama se extendieron a una semana completa, en la que fue tema de conversación, trendic topic en redes sociales y la candidata más deseada para obtener sus declaraciones.

     

    También porque ya no era necesario el desgaste que estaba teniendo. Más vale decir aquí corrió que aquí quedó (políticamente hablando), flaca, ojerosa, cansada y sin ilusiones y con un muy bajo capital político.

     

    ¿Hizo mal? La respuesta también es sí, porque, aunque no quiso presumir de ello, era la única mujer en la contienda presidencial; porque de plano el único independiente que queda es El Bronco y porque mostró improvisación. ¿De verdad no sabía a lo que se enfrentaría? ¿No leyó las letras chiquitas del contrato?

     

    Margarita Zavala, además, tuvo un error de cálculo. Decidió dar su anuncio en un medio de comunicación, en medio de una entrevista grupal, perdiendo la oportunidad de dar un mensaje poderoso, profundo y más (mucho más) pensado.

     

     Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn