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Minuto 41, final del partido y descanso

2018-05-09 14:18:37 | El Pionero

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Me gustó la analogía futbolística que hizo José Antonio Meade en Tercer grado. Si comparamos la campaña con un juego de futbol estaríamos en el minuto 41 del primer tiempo. Faltan todavía cuatro minutos y todo el segundo tiempo.


    

Es una verdad a medias porque la campaña real no comenzó el primer día de abril, sino mucho antes, tanto que Meade aceptó que él llevaba ya cuatro meses en campaña mientras que López Obrador 18 años, pero en esa lógica de tiempo se basa la nueva estrategia de Meade que va de la mano con la llegada de René Juárez al PRI, con el reconocimiento de que el priismo es imprescindible para su campaña (porque la ausencia del partido estaba vaciándola de contenido) y en un cambio notable, y positivo, más que en el discurso de Meade, en su forma de expresarse, de debatir, de presentarse ante el electorado. Una cosa es comparecer como secretario de Hacienda ante la Cámara de Diputados y otra es generar emociones y convicciones en una campaña electoral. Meade sabe que hay mucho por cambiar y que si bien cree estar en el minuto 41, en realidad está tratando de remontar un marcador adverso y ante rivales durísimos. Hay un punto adicional en este relanzamiento: Meade puede ganar o perder, pero lo que no puede ocurrir es que en el camino el PRI desaparezca. Ésa es la convicción de sus nuevos dirigentes: fortalecer la campaña presidencial haciendo fuerte a su partido desde abajo, no desde arriba, porque lo que estaba ocurriendo era que la campaña de Meade no levantaba, entre otras razones, porque la base electoral estaba desarticulada y deprimida, con fugas a todos lados, y esa situación a su vez debilitaba la campaña presidencial. Cuando los priistas hablan de realinear la campaña y el partido, están hablando de que quieren ganar la Presidencia, pero también quieren tratar de ganar todos los otros puestos de elección popular posibles. Porque la campaña presidencial concluye el primero de julio. La vida política del país continúa. El que cree que esto ya casi terminó (y es que la campaña ha durado 18 años, como dijo Meade) es Andrés Manuel López Obrador. Lo vi con Javier Alatorre en Hechos, despreocupado, como siempre, realizando un largo monólogo donde las preguntas importan poco, porque pocas veces las responde, pero con la convicción de que ya ganó. No es una mera expresión propagandística, aunque funcione en ese sentido, es una convicción. Por eso siente que se puede soltar mucho más y decir lo que siempre ha dicho tratando de disimularlo. De la plática con Javier me llamaron la atención varias cosas, primero la insistencia en la rectoría del Estado en la economía, la intención de volver a instaurar los precios de garantía en el campo, de consumir lo que producimos, de dejar de importar gasolinas para construir refinerías, me pareció escuchar en Andrés Manuel las propuestas de quienes fueron, como él mismo dijo hace años en una entrevista, los “últimos presidentes de la revolución”, Luis Echeverría y José López Portillo. El programa es muy parecido y revive en la campaña el enfrentamiento que se dio al término en 1982 entre nacionalistas y liberales, que se reeditó, mucho más públicamente en 1988. En esos años Andrés Manuel dejó el PRI, ahora vuelve con esas mismas banderas. Por eso su discurso, el que escuchamos durante tantos años, le termina siendo tan familiar, tan cercano a tantos. Escuchando al López Obrador de los últimos días estoy convencido de que lo que está diciendo es lo que intentará hacer. Incluso, en esta lógica del tiempo futbolístico, él cree que está ya en los minutos finales, que el resultado está decidido y por eso el exceso de rudeza con ciertos adversarios, sobre todo empresariales. Es una forma de elevar las apuestas y mantener la presión defensiva. En 2006 jugó defendiendo, encerrándose en su área y perdió, ahora quiere defender en su campo, aumentar la presión contra todo el que se acerque al balón y ganar. El que parece creer que está en el descanso es Ricardo Anaya. No entiendo su campaña. Anaya ganó el debate. Levantó expectativas. Generó todo el ciclo de opiniones sobre el voto útil, se estableció en el segundo lugar…y desapareció. Claro que Ricardo ha estado en algunos foros, que ha hecho recorridos, ha insistido en el gobierno de coalición, pero se ha perdido, ha bajado su intensidad, pareciera que su equipo está confundido sobre ir por el voto útil y, por ende, buscar acuerdos y enfocar sus baterías sobre López Obrador, o continuar deslindándose tanto del priismo como de Morena, con la seria posibilidad de que muchos priistas optaran por el voto útil, pero por López Obrador. Lo cierto es que con la toma de posición que hicieron Meade y el PRI, lo que le queda a Anaya es lanzarse a una campaña que retome la esencia del PAN (que es el verdadero articulador del Frente), pero que no lo aleje demasiado de las bases del PRD y MC. Es tan complejo como el dilema que tenía Meade de elegir entre la independencia y el PRI. Por lo pronto, le urge dejar el vestidor y volver a jugar. Para ganar hay que estar en la cancha. Jorge Fernández Menéndez/Razones

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Horda de salvajes

2018-11-11 17:32:52 | El Pionero

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“No somos suicidas ni somos hordas de salvajes…”, dijo contundente el senador Ricardo Monreal luego que su iniciativa para eliminar las comisiones bancarias a los usuarios, provocara una estrepitosa caída en la Bolsa Mexicana de Valores y, por supuesto, en las acciones de varios bancos.


    

“Explicación no pedida, acusación manifiesta”, pensarán algunos lectores, porque efectivamente los adjetivos que estaban en el aire eran los de ignorantes, insensibles, arrogantes, o hasta pentontos, pero nadie les había acusado de suicidas o salvajes. Si fue el subconsciente traicionero o un intento de desmarcarse de cualquier mal pensamiento no se sabe, pero no deja de ser curioso las palabras que utilizó el legislador morenista para explicar lo que no eran.

Por supuesto ningún ciudadano podría rechazar la propuesta que los bancos eliminen las comisiones, ¿a quién le gusta pagar extra por revisar su saldo o utilizar los cajeros?, como tampoco nadie estaría en contra de que eliminen el IVA o los impuestos; o que la luz y la electricidad sean gratuitas, pero hasta con el más mínimo sentido común se sabe que eso no es posible, al menos no en un país capitalista.

Una cosa, pues, es regular las comisiones, homologarlas a lo que se paga en otros países o incluso quitar algunas, y otra cosa es hacer de una ocurrencia una iniciativa generando que los de por sí ya nerviosos mercados tengan un ataque de ansiedad.

Pero entonces ¿qué se aprendió del pasado jueves negro, además que los legisladores no se consideran una horda de salvajes? 1. Que después de lo del aeropuerto, la bolsa está en un mírame y no me toques. Saben que si el gobierno electo fue capaz de cancelar el aeropuerto de Texcoco con un impacto de miles de millones de pesos, pueden hacer lo que quieran. Por eso, como diría el buen Tizoc: cuando el tecolote canta, el indio muere; cuando Morena habla, la bolsa cae.

2. Que los morenistas deben recordar que a veces más vale callar y pasar por tonto, que abrir la boca y demostrarlo; 3. Que el equipo de transición económico, encabezado por Carlos Urzúa, se ha convertido en el bombero de moda. Un día le recuerda al PT que las reservas internacionales son del Banco de México y no, no, no son una cuenta corriente que puede ser utilizada para otra cosa que no sea blindar la economía, y al otro tiene que enmendarle la plana a sus compañeros, recordándoles que con los fundamentales no se juega. ¿Y si ofrece un taller llamado: “Las finanzas nacionales no son finanzas personales”?

4. Que el enemigo de un morenista es otro morenista. Yeidckol Polevnsky, presidenta del CEN de Morena, tuvo que salir al quite para decir que los senadores se fueron por la libre, que no es una propuesta de partido y que debieron haber consultado. Ante ello, Monreal contraatacó señalando que ellos eran un Senado autónomo (ternurita). Ésos sí son berrinches, no los de Mitre. Se deja claro, además, que Andrés Manuel López Obrador va a tener mucho trabajo tratando de armonizar egos y protagonismos.

5. Se ha criticado al diputado dormilón de Morena, Manuel Huerta Martínez de aprovechar las sesiones para echarse sus pestañitas. Sin embargo, ya más de un inversionista quisiera que otros legisladores hicieran lo mismo. Al menos así, son inofensivos.

Muchos ciudadanos y empresarios ya están rogando al cielo que llegue el 1 de diciembre. Les urge que López Obrador sea Presidente porque quieren comprobar que, efectivamente y como lo prometió, será el mejor presidente de México. Por lo pronto, desde el punto de vista económico, como gobierno electo ha sido el peor.

Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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