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#VotoPcD18

2018-05-05 07:47:48 | El Pionero

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Tema olvidado en la agenda; no es el único, pero sí el primero por el que fueron cuestionados directamente los candidatos a la Presidencia. ¿Cómo se puede ofrecer un país horizontal, sin que éste garantice que todos los sectores de su población tengan el escenario apropiado para desarrollarse? Pensar en una sociedad desde todas sus perspectivas es también una obligación de cada candidato, si a lo que aspira es a gobernar para todos.


    

Un ejemplo: ¿Qué ofrecen los candidatos en materia de personas con discapacidad? Para resolver esta incógnita, Katia D’Artigues y Bárbara Anderson, a través de su asociación Yo También, A.C., enviaron a cada candidato varias preguntas, las mismas para todos, con la intención de conocer su visión respecto a este tema, más allá de lo que escriben en sus respectivas plataformas: ¿Cuál es la principal problemática en torno a la discapacidad? ¿Está su campaña abierta para PcD? ¿Sus eventos y reuniones son accesibles para personas con discapacidad motriz en entradas y cuentan con baños accesibles? ¿Tienen servicios de intérpretes de Lengua de Señas Mexicana? ¿Ha hecho alguna publicación de sus propuestas en macrotipos, braille y lectura fácil? ¿Hay en su equipo de campaña alguna persona con discapacidad (PcD)? ¿Incorporaría en su futuro gabinete a alguna PcD? ¿Contempla algún plan para impulsar que las PcD tengan trabajos, carreras y comiencen sus propios negocios sin discriminación? ¿Cuál es su relación más cercana con una PcD? ¿Cómo lo ha vivido y cuáles son las barreras a las que se ha enfrentado o visto que se enfrentan?, son algunas de las preguntas que les fueron hechas a los candidatos. Contestaron cuatro de cinco. Jaime Rodríguez Calderón no respondió el cuestionario. De los que sí, notamos que los cuatro tienen un diagnóstico, unos más completos que otros, pero que no hacen congruencia con las acciones que, desde ya, están tomando para revertir la carencia de accesos y oportunidades de las PcD.

 

“El principal problema es que no hay una política de Estado, con medidas efectivas de inclusión, que garantice los derechos de las personas con discapacidad...”, respondió Ricardo Anaya; “La principal problemática respecto a la inclusión de las personas con discapacidad en el país es la prevalencia de barreras que impiden o limitan el acceso con equidad a los derechos humanos fundamentales por parte de un porcentaje significativo de este grupo social, barreras que no sólo son de carácter físico o de acceso a la información y la libre comunicación, sino también producto de actitudes y prejuicios que discriminan a las personas con discapacidad...”, asegura José Antonio Meade; “Vivir con alguna discapacidad representa enormes dificultades y obstáculos: Desde las barreras físicas hasta las culturales e institucionales, las cuales impiden el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad, tal y como lo establece la Constitución...”, dice Andrés Manuel López Obrador; “La falta de inclusión, el estigma, la increíble desinformación con respecto a la discapacidad refleja la falta de cultura al respecto. Asimismo, la poca perspectiva de derechos que existe sobre las personas con discapacidad...”, afirma Margarita Zavala.

 

Sin embargo, ¿de qué sirve que tengan claridad, algunos más que otros, si no le dan salida a las soluciones desde ahora que están en campaña? Anaya, AMLO y Meade tienen a dos, sólo a dos, PcD dentro de su equipo de trabajo. Margarita asegura que en su equipo también hay, pero no dice cuántas ni qué hacen. Los cuatro prometen que, de ganar la elección, podrían incluir a PcD en puestos de alto nivel. Promesa, como las otras tantas que han hecho a lo largo de la campaña. Este dato es relevante porque, por ejemplo, al inicio, los spots en televisión de los candidatos sólo estaban subtitulados, no había intérprete de lengua de señas. Ahora ya todos lo tienen, pero lo resolvieron por las críticas, no por convicción, de lo contrario desde un inicio lo habrían hecho. Hoy, los candidatos confiesan que procuran que sus eventos tengan intérprete, que sean accesibles, que haya comunicación en braille; pero todos trabajan sobre la marcha.

 

Gran iniciativa la de Katia y Bárbara, porque servirá para tener el tema en agenda y para recordar a los candidatos en campaña, y a quien resulte ganador, cuáles fueron sus promesas. Mismas que no podrán atenderse a menos que demuestren un compromiso real, que vaya más allá del diagnóstico, sino que también llegue a la práctica. Y es que éste es uno de los varios temas ausentes en la campaña. Ya hablaremos del resto.

 

ADDENDUM: Nos cuentan que el primer debate por la gubernatura de Yucatán fue concluyente, ya que Mauricio Vila Dosal, candidato de Acción Nacional, demostró su experiencia y obtuvo una buena ventaja. Desmintió, con cuatro contundentes pruebas, las acusaciones de Joaquín Díaz Mena, el candidato de Morena. Por ahora lleva algunos puntos de ventaja en las encuestas y logró plantear efectivamente sus propuestas.

Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

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En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

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