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  • Este arroz ¿ya se coció?

    2018-04-29 17:01:45 | El Pionero

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    Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, señaló en la semana a los consejeros de Citibanamex que como iba tan arriba de las encuestas “este arroz ya se coció”, es decir, ya se vio despachando en Palacio Nacional.


        

    Seguramente, los banqueros se miraron unos a otros y, como el chinito, se dijeron entre sí: “Otla vez aloz”, porque le han oído al tabasqueño, desde el 2000, que va a ganar. Sin embargo, en esta ocasión, ante la ventaja que reflejan las encuestas, se entiende el optimismo del tabasqueño. Pero el morenista debe entender que el arroz que no se menea, se quema, y que, a estas alturas de la vida, y después de estar contendiendo por tercera vez, no puede cometer los errores básicos:

     

    1. El arroz no se cuece hasta que se cuece, o lo que es lo mismo, del plato a la boca se cae la sopa. Tan está creído el tabasqueño que ganará en las próximas elecciones que está descuidando lo más elemental: La preparación. Prueba de esto fue su desempeño en el debate del domingo pasado. Aunque eso sí, hay que reconocerle que no mintió cuando dijo que prefería pegar con su hijo estampitas del álbum Panini a prepararse.

     

    No se puede responder a cada pregunta con guiones de spots: “¿Estás a favor o no de la amnistía al narcotráfico? Esa pregunta no la tiene ni Obama”; “¿Por qué acusó a Alfonso Romo de corrupto y ahora es su jefe de gabinete? Yo sólo pido amor y paz”; “¿Pactó con Elba Esther Gordillo? Y por eso le quitaré las pensiones a los expresidentes”.

     

    Ninguna de las preguntas que le hicieron en el debate era particularmente difícil, las hubiera podido responder todas si hubiera sabido cómo. Para su fortuna, todos sus contrincantes se le vinieron encima y entonces, al verse como una víctima, tuvo un respiro; pero, definitivamente, no es nadando de muertito como va a convencer.

     

    2. Cuidado porque siempre hay un prietito en el arroz. López Obrador debe cuidar a sus huestes. Idealmente le debería poner bozal a los más radicales, pero si no puede, por lo menos que los desactive. Se viralizó un video en el que Paco Taibo II le propone a Andrés Manuel que: “Si te quieren chantajear (los empresarios), Andrés, exprópialos. Chinguen su madre. Exprópialos”.

     

    Están viendo y no ven que los empresarios están con el Jesús en la boca por las declaraciones de El Peje como para ahora amenazarlos con expropiarlos. Por ello, seguramente la campaña del exjefe de Gobierno pensó: “No me ayudes, arroz prietito” y Marcelo Ebrard tuvo que salir a enmendarle la plana diciendo que “la propiedad será respetada y el sector privado tendrá respaldo del nuevo gobierno. Nadie será expropiado y menos por sus ideas”.

     

    3. También puede haber mucho arroz para ese pollo. AMLO ha abanderado el mensaje de la austeridad y honestidad como el eje de su campaña. El uso de avionetas privadas, así sean de la época de Pedro Infante, o que sus colaboradores usen relojes Rolex o vayan en primera clase cuando viajan en avión, manda un mensaje de hipocresía. No es que no se lo puedan pagar, no es que se lo hayan robado, es simplemente que parecería que si no es capaz de poner en cintura a su gente en campaña, ¿cómo lo hará cuando llegue al poder?

     

    Faltan todavía casi dos meses eternos de campaña y a López Obrador no se le puede olvidar que hay muchos tipos de arroz: El quemado, el pegado, el ahumado, el salado, el sin sal y el crudo.

     

    AMLO no es ningún novato en eso de las carreras presidenciales, pero hablar no cuece el arroz. La confianza, el autoboicot y los errores tienen consecuencias.

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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    ¿Por qué se fue, por qué partió?

    2018-05-20 09:46:41 | El Pionero

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    “¿Por qué se fue, por qué partió, por qué el señor nos las quitó?”, es lo que se preguntan los seguidores de la excandidata presidencial Margarita Zavala.


        

    Aunque la otrora panista dio a conocer su verdá: La inequidad en la contienda electoral la orilló a tomar esa decisión, el imaginario colectivo tuvo sus propias teorías.

     

    1. Estaba en quiebra, ya no le alcanzaba el dinero. Una campaña presidencial requiere de mucho dinero, el cual se obtiene del financiamiento público, de los propios recursos o el de los simpatizantes. Zavala renunció al dinero público para costear su campaña, así que sólo le quedaban dos opciones: Romper el cochinito o pasar la charola a sus amigos millonarios. Pero, el horno no está para bollos. ¿Realmente alguien invertiría en una candidata que sólo tiene un promedio de 3 puntos de preferencia electoral?

     

    2. Renunció antes del debate porque no quería ser una vez más la gran perdedora o la protagonista de los memes en redes sociales. En el primer debate, la exprimera dama supo que esto de la contienda electoral no era “enchílame otra”, que se requiere preparación y experiencia. En definitiva, ella no es lo que se llama una maestra de la oratoria, mostró deficiencias dialécticas que, afortunadamente y con entrenamiento, se pueden pulir.

     

    Un segundo debate, que tiene además un componente técnico, hubiera podido ser terrible para ella. Nadie la va a extrañar en el debate, y ella aplicó la de Juan Gabriel ¿pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema?

     

    3. Al no tener forma de ganar ni avanzar, Margarita declinaría por José Antonio Meade o Ricardo Anaya. Aunque la expanista ha dicho que no, que para nada, que eso no está en sus planes, también reconoció que en política nada está dicho y que incluso podría regresar al PAN. Así que todo puede suceder. Ya renunció a un partido, se hizo candidata independiente y dejó la contienda presidencial. Mañana puede aparecer en otra campaña política o en el concurso de señorita primavera.

     

    Pero tampoco se puede descartar que se guarde para después de las elecciones, que sus tres puntos se conviertan en un partido político o que pueda ser una voz prudente y sensata después de las elecciones, donde seguramente habrá más que un plato roto.

     

    La gran pregunta es si hizo bien Margarita en renunciar a la campaña electoral. La respuesta es sí, porque esa era la única opción de no perder la Presidencia (si no estás en la contienda, no la puedes perder); porque logró que le pasara lo que a los difuntos: Casi todos hablaron bien de ella y hasta dijeron que la extrañarían; porque, finalmente, consiguió que mucha gente se enterara que era candidata —aunque un poco tarde—; porque, por primera vez, logró ser nota de ocho columnas y sus cinco minutos de fama se extendieron a una semana completa, en la que fue tema de conversación, trendic topic en redes sociales y la candidata más deseada para obtener sus declaraciones.

     

    También porque ya no era necesario el desgaste que estaba teniendo. Más vale decir aquí corrió que aquí quedó (políticamente hablando), flaca, ojerosa, cansada y sin ilusiones y con un muy bajo capital político.

     

    ¿Hizo mal? La respuesta también es sí, porque, aunque no quiso presumir de ello, era la única mujer en la contienda presidencial; porque de plano el único independiente que queda es El Bronco y porque mostró improvisación. ¿De verdad no sabía a lo que se enfrentaría? ¿No leyó las letras chiquitas del contrato?

     

    Margarita Zavala, además, tuvo un error de cálculo. Decidió dar su anuncio en un medio de comunicación, en medio de una entrevista grupal, perdiendo la oportunidad de dar un mensaje poderoso, profundo y más (mucho más) pensado.

     

     Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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