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  • El cabrón cinismo

    2018-03-25 09:45:43 | El Pionero

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    Si a usted le gusta la política, la historia y la literatura debería leer a Leonardo Padura.


        

    “Era un país adolorido que pugnaba por sacudirse los lastres del pasado y las frustraciones del presente”. (1)

     

    “…había sido el país de las consignas, y cada partido, cada tendencia, cada grupo desplegaba las suyas donde podía, en mítines y periódicos, en paredes, escaparates...” (2)

     

    “…una república de señoritos y burgueses”. (3)

     

    “Ante los hechos y las palabras” (…) “comprendió que había tenido el privilegio de asistir a la puesta en marcha de un juego político en el que se había derrochado una capacidad de previsión y una maestría tal para la explotación de las circunstancias que no dejaba de sorprenderlo. Pero también pensó que, como nunca antes, el destino de la república pendía de un hilo y resultaba difícil predecir el ganador de la partida”. (4)

     

    “—¿Estás seguro? Aun así, si fuera mentira, de todas maneras lo convertiremos en verdad. Y eso es lo que importa: Lo que la gente cree.” (5)

     

    “Y se sintió convencido de que estaba listo para cumplir con el mandato de la historia”. (6)

     

    “La hipocresía de la política, pensó, puede desbordar los pozos más profundos”. (7)

     

    “Mi odio nunca me permitirá trabajar para construir la nueva sociedad. Pero es la mejor arma para destruir esta otra sociedad, y por eso os he convertido a todos vosotros, mis hijos, en los que sois: Los hijos del odio”. (8)

     

    “—¿Cuándo nos hemos preocupado por la inteligencia de la gente? Hay que decirles lo que nos interesa. De que lo crean se ocuparán otros”. (9)

     

    “—Este es un país de ciegos…” (…) “y vamos a darles ahora lo que les gusta”. (10)

     

    “Pero era evidente que estábamos hundidos en el fondo de una atrofiada escala social donde la inteligencia, decencia, conocimiento y capacidad de trabajo cedían el paso ante la habilidad, la cercanía al dólar, la ubicación política, el ser hijo, sobrino o primo de alguien, el arte de resolver, inventar. Medrar, escapar, fingir, robar todo lo que fuese robable. Y el cinismo, el cabrón cinismo”. (11)

     

    “…éramos la generación de los crédulos, la de los que románticamente aceptamos y justificamos todo con la vista puesta en el futuro”. (12)

     

    Pero “…el odio es una de las enfermedades más difíciles de curar, y ella se había hecho más adicta a la venganza…”. (13)

     

    Si algún lector llegó hasta acá y cree, supone o duda que los 13 párrafos arriba enlistados corresponden a la situación que vive el México electoral de 2018, pues el escribidor tiene la obligación de decirle que está absolutamente equivocado.

     

    Así que no se espante o, mejor, espántese, porque históricamente corresponden a la década de los años 30 del siglo XX, es decir, el siglo pasado. Son descripciones de hace, en números redondos, 80 años, principalmente de la España y de su Guerra Civil. Provienen de la novela histórica El hombre que amaba a los perros, de ese pedazo (cuarto bat o pitcher ganador de 20 juegos, en el argot beisbolero) de escritor que es el cubano Leonardo Padura. Y si usted las confundió con el México de hoy, pues entonces históricamente andamos atrasados ocho décadas.

     

    La arbitraria (aviesa, si alguien la quiere llamar; no habrá reclamo) selección de los párrafos de esa novela histórica (que al pie se ubicarán exactamente) es responsabilidad absoluta del escribidor de esta columna. Padura nada tiene que ver en ella. ¡Dios lo libre. Faltaba más! Pero, sin duda, esta selección intenta prevenir. Sí, es interesada; ni le busque ni se mortifique más. También: Faltaba más.

     

    Por cierto, más allá de las malas intenciones del escribidor, si a usted le gusta la política, la historia, la literatura (¡mejor!) y si no lo ha hecho, debería leer (no se arrepentirá) esa novela de Padura: La reconstrucción literaria, basada en la historia, del asesinato de León Trotski, de su biografía y la de su asesino, del stalinismo, de la vida en México (escena del crimen) y en España de esos años y de la Cuba revolucionaria.

     

    CAMBIO DE VÍAS.- Uno de los mayores goces vitales es sentirse abrumado por el cariño de los amigos y los familiares. El escribidor sabe que ellos no necesitan agradecimientos, pero va para todos. También para el Club de Periodistas de México, que lo hizo posible con su premio. Cuarenta años son dos veces nada. Pero, como y con Joaquín Sabina, lo niego todo.

     

    La edición de El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura aquí citada es la  de Tusquets Editores, México, marzo de 2011; y los párrafos corresponden a: (1) Pág. 111. (2) Págs. 111-112. (3) Pág. 112. (4) Pág. 229. (5) Pág. 231. (6) Pág. 453. (7) Pág. 518. (8) Pág. 580. (9) Pág. 616. (10) Pág. 617. (11) Pág. 649. (12) Págs. 649-650. (13) Pág. 62.

     

    Por Gerardo Galarza/La estación

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    ¿Para qué sirven los plurinominales?

    2018-08-05 08:33:50 | El Pionero

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    A pesar de no ser muy populares, los legisladores de representación proporcional corrigen distorsiones del sistema electoral de mayoría.


        

    En México, los diputados elegidos por el principio de representación proporcional no son muy populares. Muchas personas piensan que, al ser elegidos por listas presentadas por los partidos, los diputados llamados coloquialmente “plurinominales” no representan a los electores porque, se dice, nadie vota por ellos directamente. No faltan quienes proponen su disminución drástica y hasta su desaparición.

     

    La mala opinión sobre los “plurinominales” está más cargada de prejuicios que de una comprensión realista. Primero, es falso que no representen a los ciudadanos, ya que su elección depende de que obtengan una votación popular suficiente, al igual que los diputados elegidos por otras vías. Segundo, el método de representación proporcional es tanto o más democrático como el método de mayoría. Tan es así, que la mayor parte de los países de Europa (la región democrática por excelencia), así como de los países de América Latina, se rige por el sistema electoral proporcional. En realidad, el sistema de mayoría relativa (en inglés se le conoce como plurality vote) es característico de los países anglosajones y de los que forman o formaron parte de la Commonwealth británica (destacadamente, Estados Unidos, Canadá, Australia e India).

     

    Los sistemas electorales de mayoría tienen el propósito de dar a los parlamentarios un vínculo de representación más visible con la población de una determinada demarcación territorial (distrito). Pero tienen dos efectos colaterales que suelen distorsionar la representación política: en cada distrito electoral, el que gana se lleva todo, aun cuando la votación puede estar muy dividida; y en el conjunto de distritos se produce una sobrerrepresentación del partido que obtenga mayor votación, ya que casi siempre el porcentaje de escaños obtenidos es más grande que su porcentaje de votación. En los sistemas mayoritarios es frecuente que un partido que reciba, por ejemplo, 40 por ciento de los votos, gane 60 por ciento o más de los escaños, y que algunos partidos con 10 por ciento o 15 por ciento de los sufragios no ganen prácticamente nada. El sistema mayoritario facilita la formación de mayorías parlamentarias sobrerrepresentadas y excluye a las minorías.

     

    El sistema proporcional busca representar equitativamente a las diversas opciones políticas que conviven en la sociedad. El porcentaje de votos se traduce en proporción semejante de escaños. La mayoría y las minorías quedan representadas en el Legislativo según su peso electoral. El inconveniente de este sistema es que la representación es menos personal que el que, teóricamente, propicia el sistema mayoritario. Como los electores votan por listas de candidatos, pueden no conocer a todos los que resultarán electos. En el fondo, la elección por listas de representación proporcional implica un voto más por el partido y su programa que por las personas en cuanto tales, y en esa medida, tiende a fortalecer al sistema de partidos, pilar indispensable de las democracias modernas.

     

    Con el afán de combinar lo mejor de ambos métodos de elección, algunos países han adoptado el sistema electoral mixto: una parte de los representantes se elige en distritos de mayoría y otra por listas de representación proporcional. Con esa combinación se corrigen o se atenúan los inconvenientes de uno y otro métodos de traducción de votos en escaños. El modelo electoral mixto, nacido en la Alemania Federal de la posguerra, en las últimas décadas se ha extendido a unos pocos países: México, Italia, Nueva Zelanda, Rusia y Bolivia, entre otros.

     

    Afortunadamente, México posee un sistema electoral mixto, tanto en las cámaras del Congreso de la Unión como en los congresos locales. Gracias a ello, la presencia de los partidos en las cámaras tiene cierta correspondencia con los respectivos porcentajes de votación. Podemos ilustrar el efecto compensador de la representación proporcional, según los resultados de las elecciones de diputados federales de 2012, 2015 y 2018. Veamos en cada caso la votación y la representación del partido ganador. En 2012, el PRI obtuvo 33.6% de los votos y un total de 207 diputados, 41.4% de los 500 escaños en la Cámara. Suponiendo que no existieran los diputados plurinominales, con esa misma votación el PRI habría obtenido 158 escaños de mayoría, equivalentes a 52.7% de las 300 diputaciones elegidas por ese principio. ¡Mayoría absoluta en la Cámara, con la tercera parte de los votos populares! En 2015, otra vez el PRI fue el partido más votado. Con 32.6% de los votos, obtuvo en total 203 escaños, 40.6% de 500; si no hubiese habido plurinominales, los 155 distritos de mayoría relativa que ganó le habrían dado el 51.7% de la Cámara.

     

    En 2018, los efectos de la combinación de mayoría relativa y representación proporcional fueron algo diferentes. La coalición de Morena, PT y PES, con 43.5% de los votos, ganó 218 escaños de mayoría y un total de 307 diputaciones, 61.4% de 500. Esto fue así porque Morena cedió al PT y al PES la mitad de las candidaturas, de las cuales 112 resultaron ganadoras (no obstante que estos dos partidos, juntos, apenas recibieron 6.3% de los votos). Evidentemente, fueron los votos de Morena los que le dieron a la coalición la mayor parte de los triunfos. Pero, al dividir entre tres partidos los escaños ganados, Morena no vio limitada su asignación de representación proporcional por el tope de 8% de sobrerrepresentación establecida en la ley. La combinación de votos y candidaturas para la coalición de Morena-PT-PES le resultó excepcionalmente favorable. Aun así, de no haber existido las diputaciones plurinominales, la sobrerrepresentación de esta coalición habría resultado aún mayor: contaría con 72% de una Cámara de 300 diputados.

     

    Puede concluirse que el sistema electoral mayoritario puro produce un efecto de distribución que distorsiona la representatividad democrática, y que el sistema mixto lo corrige o lo modera.

    Por: Jaime Rivera Velázquez/Consejero del INE

     

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