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  • Misterio sin resolver

    2018-03-04 10:35:25 | El Pionero

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    Un misterio recorre los pasillos políticos y es parte de muchas sobremesas, ¿a quién se le ocurrió la idea de filtrar el video de Ricardo Anaya & company en las instalaciones de la PGR ese domingo 25 de febrero?, ¿quién le pidió a la PGR enviar un comunicado explicando que mostrar el video había sido por interés público?, ¿quién apretó el botón verde?, ¿quién dio el VoBo a la estrategia de ir hasta las últimas consecuencias con el presunto lavado de dinero en el que estaría involucrado el candidato de la coalición Por México al Frente?, ¿quién es la mano que mece la cuna? ¿cuando todo salga mal, a quién se va a responsabilizar?


        

    Esta ocurrencia ¿salió directo de Los Pinos?, ¿de la oficina de Relaciones Exteriores?, ¿estuvo de acuerdo con ésta José Antonio Meade?, ¿le dijeron que iban a filtrar el video maldito?

     

    ¿Cuando decidieron filtrar el video, pensaron siquiera en las consecuencias?, ¿alguien alzó la voz diciendo: “Por menos de esto, corrimos al titular de la Fepade” o “si actuamos así de rápido, la gente nos va a recordar que hemos sido muy, pero muy, pero muy lentos con otros casos de corrupción” o “nos pueden criticar que no hayamos localizado a César Duarte, pero sí a Manuel Barreiro”?, ¿decidieron que culpar a Anaya de decir ‘hijos de puta’ o que la gente viera que Diego Fernández de Cevallos llevara la voz cantante en el video haría que la gente cambiara su intención de voto?

     

    ¿Les está funcionando la andanada de acusaciones contra Anaya & friends?, ¿el candidato del PAN-PRD-Movimiento Ciudadano está bajando en sus intenciones de voto?, ¿Meade Kuribreña está subiendo? Y si fuera así, ¿cuántos puntos de preferencia electoral cuesta la credibilidad de la PGR y por ende del gobierno federal? 

     

    ¿Para el gobierno federal más vale que digan “aquí abusó” que “aquí perdió”?, ¿están en el ánimo del nada que perder (porque ya no se puede tener una aprobación presidencial más baja) y mucho que ganar?

     

    Ante la estupefacción que ha ocasionado este conflicto PGR-Anaya se han dado varias hipótesis:

     

    1. El gobierno federal ya se resignó a que pierda Meade, pero, por sobre todas las cosas, prefieren que gane Andrés Manuel López Obrador y no Anaya. Por eso ya pactaron con El Peje.

     

    2. Realmente con quien hicieron el pacto fue con Ricardo Anaya, y una estrategia infalible es victimizarlo para que rebase al candidato de Morena. Estrategia que aprendieron muy bien cuando Vicente Fox trató de desaforar a López Obrador logrando una ola de simpatía hacia el tabasqueño.

     

    3. Están luchando desesperadamente porque el candidato del PRI no quede en tercer lugar, y están haciendo uso de su derecho constitucional al pataleo para, al menos, quedarse con la medalla de plata, lo que garantiza además más escaños en los puestos de elección popular.

     

    4. Hay una más, que entraría en la categoría de gatito ternurita, que es la que realmente piensan que con esas estrategias van a lograr aventajar en las elecciones para colarse hasta el primer sitio. Hoy van por Anaya, mañana por López Obrador.

     

    Cualquiera de estas hipótesis que sea cierta no ayuda a mejorar la imagen de Meade Kuribreña. No es que él suba, sino que los otros bajan.

     

    Además se seguir pensando en cómo hacer que sus oponentes caigan, una buena estrategia sería transmitir la imagen de un Meade Kuribreña empoderado, que realmente se vea que él lleva su campaña. Parecería imposible de creer, pero su mejor cualidad, que es un hombre bueno, sin escándalos de corrupción, se está convirtiendo en su principal defecto: que es un hombre débil al que le están llevando su campaña.

     

    Por Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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    ¿Votos cruzados? (O sálvese quien pueda)

    2018-05-26 17:30:39 | El Pionero

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    Con las experiencias de los años 2000, 2006 y 2012, PRI, PAN, PRD y sus aliados le apostaron a fórmulas probadas: pactos electorales y operaciones partidistas. Ésa será nuestra ventaja, solían decir: tenemos estructura, trabajo territorial y votos cruzados.


        

    Pero a cinco semanas del desenlace, esas apuestas partidistas suenan rebasadas por la ola anímica a favor de Andrés Manuel López Obrador.

     

    Porque más allá de la fidelidad de las encuestas, el candidato de Morena consiguió construir un clima de triunfo.

     

    Y ese ánimo de victoria logró su mejor momento después del debate del domingo.

     

    Como bien lo había reconocido Lorenzo Meyer, una de las escasas voces críticas de los intelectuales afines a Morena, su candidato les quedó a deber en el primer debate.

     

    Entonces, según diversos balances, Ricardo Anaya, del Frente PAN-PRD-MC, mostró sus ventajas escénicas.

     

    De manera que, cuando este domingo, AMLO asignó al frentista una celebrada etiqueta —“Ricky Riquín Canayín”— y actuó su temor de perder la cartera, ofreció a sus seguidores la esperada revancha.

     

    Lo sucedido, a partir de entonces, en términos de comunicación, tanto en redes sociales como en el cotidiano wasapeo de memes, nos remitía, a las clásicas y viejas premisas de la guerra.

     

    Inevitable no recordar el clásico De la guerra, de Carl von Clausewitz al describir que el mejor general es aquel que infunde en su ejército la certeza de la victoria.

     

    ¿Pueden competir, Anaya y José Antonio Meade, en los 34 días que le restan a la contienda, con ese ánimo de triunfo que parece cobijar, a nivel local, a los candidatos a gobernador, alcaldes, senadores y diputados más mediocres e incluso, con antecedentes corruptos?

     

    Y es que, al cierre de la competencia, el diagnóstico del voto del odio comienza a ser sepultado por el ánimo ganador, el ambiente de pitorreo hacia los candidatos, supuestamente, derrotados de antemano.

     

    ¿Voto de castigo? Pero si López Obrador ya aclaró que con su gobierno habrá borrón y cuenta nueva y, a diferencia de otros tiempos, ahora se toma el cuidado cotidiano de elogiar la promesa del presidente Peña de que se respetará el resultado.

     

    Nadie entre sus colaboradores contradice esa confianza del candidato hacia el gobierno. Pero, al mismo tiempo, nadie duda de su advertencia cuando señala que “la mafia del poder” puede intentar un fraude.

     

    A estas alturas, tampoco hay reclamos a la falta de consistencia de quien promete que el suyo será el triunfo del pueblo.

     

    Así, esta semana, en su deliberada tarea por convencer a los empresarios de que su gobierno no sería un peligro para sus inversiones, el candidato se negó a dar por vigente la promesa de cancelar la Reforma Energética, una bandera que en 2008 y en 2013 le permitió activar protestas contra el gobierno.

     

    Ante ese líder político capaz de desactivar el voto del odio y antigubernamental para dar paso a la idea del pueblo triunfador, sus competidores pierden margen de maniobra para diseñar alternativas anímicamente poderosas.

     

    ¿Puede hacerlo la estrategia de contraste del candidato Meade, centrada hoy en los presuntos delincuentes que desde ya habrían sido perdonados por AMLO?

     

    Parece remoto que el abanderado del PRI, heredero de la tecnocracia que se inició con el sexenio de Carlos Salinas, pueda convencer a los indecisos de que Nestora Salgado y Napoléon Gómez Urrutia son delincuentes, y no víctimas del pueblo agraviado, como López Obrador los presenta.

     

    El discurso oficial priista, sin embargo, sigue apostándole a la llamada maquinaria electoral, a la operación de tierra. No obstante, hasta ahora, el PRI se encuentra rezagado en las nueve elecciones para gobernador.

     

    Hay quienes desde el gobierno federal hablan todavía de la posibilidad de que Meade sea salvado por el milagroso “voto cruzado” que operarían, explican, algunos gobernadores del PAN y del PRD que, así, le darían la espalda al candidato del Frente.

     

    Se trata de una quimera, en un momento en el que esos gobernadores tienen problemas para retener el apoyo hacia sus candidatos locales, como es el caso de Veracruz y Puebla, donde la ola obradorista ha comenzado a poner en riesgo a los probados operadores electorales de 2016.

     

    Nos referimos al gobernador Miguel Ángel Yunes y al exgobernador Rafael Moreno Valle, quienes ahora saben que ya no es viable el “voto cruzado” a favor de Miguel Yunes hijo y de su esposa Martha Erika Alonso, respectivamente, sin importar el resultado presidencial.

     

    La nueva estrategia de Ricardo Anaya, focalizada en recuperar la paz, sólo tendría futuro si los portadores del logo del Frente asumieran que son parte de éste y se despojaran de la ilusión del voto cruzado, que no es más que un “sálvese quien pueda”.

     

    ¿Pueden los panistas, perredistas y emecistas revertir todavía la falta de cohesión en torno a su presidenciable, a quien algunos liderazgos y mandatarios estatales pensaban dejar morir solo?

     

    López Obrador ha cambiado las reglas del juego: o están con él o se hunden.

     

    Y, ante ese desafío, cruzar los votos es como hacer chonguitos.

     

    Ivonne Melgar/Retrovisor

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