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  • Legados de nuestros políticos

    2018-02-25 07:42:21 | El Pionero

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    En este México donde todo está de cabeza, López Obrador es capaz de convertir las mentiras malas en mentiras piadosas.


        

    La bandera que se izó ayer en el Campo Marte para conmemorar el Día de la Bandera fue colocada al revés. El águila de cabeza… qué forma tan poética de celebrar el día de ayer el lábaro patrio, una metáfora inigualable de lo que está viviendo el país.

     

    Esta sensación de que todo marcha en sentido opuesto se debe agradecer al proceso electoral y a los partidos políticos ¿Cómo no imaginarse que todo está al revés si sólo hay que voltear a ver las campañas?

     

    En la campaña del PRI, por ejemplo, el candidato es un no-priista; el vocero, un expanista, y la estratega, la exvocera del presidente blanquiazul Felipe Calderón. Por su parte, si ya de por sí el matrimonio por interés entre el PRD y el PAN resultaba antinatural, ver a Miguel Ángel Mancera en las listas de candidatos plurinominales del PAN o a Xóchitl Gálvez en las del PRD es para volarle la cabeza a cualquiera. Igualmente de alucinante fue la alianza entre Morena y el PES, el supuesto liberalismo de la mano con el conservadurismo más recalcitrante.

     

    En este México donde todo está de cabeza, Andrés Manuel López Obrador es capaz de convertir con una palabra suya al colesterol malo en colesterol bueno, las mentiras malas en mentiras piadosas o el karma en dharma. En el momento que entran a Morena, los presuntos delincuentes o personajes con un oscuro pasado se convierten automáticamente en perseguidos políticos. El ejemplo más reciente, que no el único, fue la incorporación del líder minero Napoleón Gómez Urrutia, quien tuvo que salir huyendo del país tras ser investigado por un presunto fraude de 55 millones de dólares. “No se le probó nada” y “Canadá le dio asilo político” son las explicaciones que se han dado para justificar su integración a las listas de Morena.

     

    Tampoco se le ha probado nada al líder petrolero Carlos Romero Deschamps y no por eso está libre de culpa. Además, López Obrador olvida que poco después del caso de Napito, Canadá tuvo que reforzar sus controles ante el abuso de solicitudes de asilo e hizo obligatoria la visa para mexicanos.

     

    En este país donde ya no se entiende nada, parece que el PRI está buscando desesperadamente ya no ganar, sino ¡no quedar en tercer lugar! Además, su candidato sólo prende en las redes sociales. Debería conocerse como José Antonio Indiana Meade y protagonizar la película El cazador del tuit perdido ya que los mejores momentos de su pre e intercampaña han sido en las redes sociales, troleando a sus oponentes o respondiendo tuits que le ponen en bandeja de plata.

     

    Parecería también que Indiana Meade está desesperado buscando causas pérdidas y ahora ha decidido denunciar al INE por no permitir los debates en intercampañas, pero ¿por qué quieren someter al martirio a los pobres ciudadanos tan prematuramente? Van a tener tres meses para debatir lo que quieran, para darse hasta con la cubeta ¿Cuál es la prisa?

     

    Y, finalmente, sólo en un país en donde, efectivamente, todo gira en sentido contrario, está el candidato panista que parece medicina naturista al que todos los días le encuentran o le sacan nuevas propiedades. En las últimas semanas ha gastado más tiempo en negar y responder a las acusaciones que en dar alguna propuesta realmente memorable. Es la primera vez que un candidato panista es oposición en su propio partido, es Ricardo Terminator Anaya capaz de acabar con sus enemigos correligionarios.

     

    Así pues, que la bandera haya sido izada al revés es el menor de los problemas que actualmente tiene este país.

     

    Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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    ¿Para qué sirven los plurinominales?

    2018-08-05 08:33:50 | El Pionero

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    A pesar de no ser muy populares, los legisladores de representación proporcional corrigen distorsiones del sistema electoral de mayoría.


        

    En México, los diputados elegidos por el principio de representación proporcional no son muy populares. Muchas personas piensan que, al ser elegidos por listas presentadas por los partidos, los diputados llamados coloquialmente “plurinominales” no representan a los electores porque, se dice, nadie vota por ellos directamente. No faltan quienes proponen su disminución drástica y hasta su desaparición.

     

    La mala opinión sobre los “plurinominales” está más cargada de prejuicios que de una comprensión realista. Primero, es falso que no representen a los ciudadanos, ya que su elección depende de que obtengan una votación popular suficiente, al igual que los diputados elegidos por otras vías. Segundo, el método de representación proporcional es tanto o más democrático como el método de mayoría. Tan es así, que la mayor parte de los países de Europa (la región democrática por excelencia), así como de los países de América Latina, se rige por el sistema electoral proporcional. En realidad, el sistema de mayoría relativa (en inglés se le conoce como plurality vote) es característico de los países anglosajones y de los que forman o formaron parte de la Commonwealth británica (destacadamente, Estados Unidos, Canadá, Australia e India).

     

    Los sistemas electorales de mayoría tienen el propósito de dar a los parlamentarios un vínculo de representación más visible con la población de una determinada demarcación territorial (distrito). Pero tienen dos efectos colaterales que suelen distorsionar la representación política: en cada distrito electoral, el que gana se lleva todo, aun cuando la votación puede estar muy dividida; y en el conjunto de distritos se produce una sobrerrepresentación del partido que obtenga mayor votación, ya que casi siempre el porcentaje de escaños obtenidos es más grande que su porcentaje de votación. En los sistemas mayoritarios es frecuente que un partido que reciba, por ejemplo, 40 por ciento de los votos, gane 60 por ciento o más de los escaños, y que algunos partidos con 10 por ciento o 15 por ciento de los sufragios no ganen prácticamente nada. El sistema mayoritario facilita la formación de mayorías parlamentarias sobrerrepresentadas y excluye a las minorías.

     

    El sistema proporcional busca representar equitativamente a las diversas opciones políticas que conviven en la sociedad. El porcentaje de votos se traduce en proporción semejante de escaños. La mayoría y las minorías quedan representadas en el Legislativo según su peso electoral. El inconveniente de este sistema es que la representación es menos personal que el que, teóricamente, propicia el sistema mayoritario. Como los electores votan por listas de candidatos, pueden no conocer a todos los que resultarán electos. En el fondo, la elección por listas de representación proporcional implica un voto más por el partido y su programa que por las personas en cuanto tales, y en esa medida, tiende a fortalecer al sistema de partidos, pilar indispensable de las democracias modernas.

     

    Con el afán de combinar lo mejor de ambos métodos de elección, algunos países han adoptado el sistema electoral mixto: una parte de los representantes se elige en distritos de mayoría y otra por listas de representación proporcional. Con esa combinación se corrigen o se atenúan los inconvenientes de uno y otro métodos de traducción de votos en escaños. El modelo electoral mixto, nacido en la Alemania Federal de la posguerra, en las últimas décadas se ha extendido a unos pocos países: México, Italia, Nueva Zelanda, Rusia y Bolivia, entre otros.

     

    Afortunadamente, México posee un sistema electoral mixto, tanto en las cámaras del Congreso de la Unión como en los congresos locales. Gracias a ello, la presencia de los partidos en las cámaras tiene cierta correspondencia con los respectivos porcentajes de votación. Podemos ilustrar el efecto compensador de la representación proporcional, según los resultados de las elecciones de diputados federales de 2012, 2015 y 2018. Veamos en cada caso la votación y la representación del partido ganador. En 2012, el PRI obtuvo 33.6% de los votos y un total de 207 diputados, 41.4% de los 500 escaños en la Cámara. Suponiendo que no existieran los diputados plurinominales, con esa misma votación el PRI habría obtenido 158 escaños de mayoría, equivalentes a 52.7% de las 300 diputaciones elegidas por ese principio. ¡Mayoría absoluta en la Cámara, con la tercera parte de los votos populares! En 2015, otra vez el PRI fue el partido más votado. Con 32.6% de los votos, obtuvo en total 203 escaños, 40.6% de 500; si no hubiese habido plurinominales, los 155 distritos de mayoría relativa que ganó le habrían dado el 51.7% de la Cámara.

     

    En 2018, los efectos de la combinación de mayoría relativa y representación proporcional fueron algo diferentes. La coalición de Morena, PT y PES, con 43.5% de los votos, ganó 218 escaños de mayoría y un total de 307 diputaciones, 61.4% de 500. Esto fue así porque Morena cedió al PT y al PES la mitad de las candidaturas, de las cuales 112 resultaron ganadoras (no obstante que estos dos partidos, juntos, apenas recibieron 6.3% de los votos). Evidentemente, fueron los votos de Morena los que le dieron a la coalición la mayor parte de los triunfos. Pero, al dividir entre tres partidos los escaños ganados, Morena no vio limitada su asignación de representación proporcional por el tope de 8% de sobrerrepresentación establecida en la ley. La combinación de votos y candidaturas para la coalición de Morena-PT-PES le resultó excepcionalmente favorable. Aun así, de no haber existido las diputaciones plurinominales, la sobrerrepresentación de esta coalición habría resultado aún mayor: contaría con 72% de una Cámara de 300 diputados.

     

    Puede concluirse que el sistema electoral mayoritario puro produce un efecto de distribución que distorsiona la representatividad democrática, y que el sistema mixto lo corrige o lo modera.

    Por: Jaime Rivera Velázquez/Consejero del INE

     

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