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2018-01-14 07:43:19 | El Pionero

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En las precampañas presidenciales los aspirantes pueden hacer lo que quieran, desde fingir que no están haciendo campaña o que solamente la están dirigiendo para los militantes de sus partidos hasta probar qué es lo que más les funciona, electoralmente hablando.


    

Este “colchón” electoral les permite a los precandidatos hacer prueba y error con sus propuestas, quieren saber cuáles prenden más entre el electorado y cuáles no. El problema es que el tiempo se les acaba y su oferta electoral hasta el momento sólo está causando bostezos y somnolencia.

 

Salvo un par de proposiciones hechas por el morenista Andrés Manuel López Obrador que han levantado ámpula y causado debate intenso, en general las propuestas caen en lugares comunes y en generalidades, son ni frío ni calor, ni caro ni barato. Arrebatados discursos que nadie recuerda y palabras contra sus contrincantes que son las que trascienden, marcan el arranque de las precampañas.

 

En Navidad, por ejemplo, sus mensajes fueron… ¿alguien recuerda qué dijeron en sus mensajes navideños? Flojos o demasiado complejos o alejados de la realidad mexicana.

 

¿Cómo será de pobre la propuesta y la reputación de los políticos, que los suspirantes están basando su precampaña en demostrar que son tan comunes y corrientes como millones de mexicanos?

 

Promueven que Juana, la esposa de José Antonio Meade, fue “captada infraganti” haciendo sus compras de Navidad en un súper o que ella y el priista ¡viajan en clase turista!

 

Que Beatriz, la esposa de Andrés Manuel López Obrador, no canta mal las rancheras y que el tabasqueño también se corta el cabello en una peluquería de pueblo. ¿Y qué decir del panista Ricardo Anaya, quien hizo la asombrosa hazaña de ¡llevar a su hijo a la escuela!?, además, por supuesto, que hablar inglés, francés, tocar los teclados y la jarana veracruzana. Un estuche de monerías que es muy útil si quieres

dedicarte a animar XV años, bodas y bautizos.

 

El priista y el panista son los que tienen que posicionarse rápidamente, ante la ventaja de conocimiento que tiene López Obrador. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, todavía lucen desangelados y tibios. Por otra parte, los aspirantes a ser candidatos independientes van muy por detrás porque han centrado sus esfuerzos en recolectar firmas y ésa es una tarea de tiempo completo.

 

En todo este periodo hay, sin embargo, un claro ganador. El menos esperado. No se trata de un precandidato y sus propuestas, sino de Yuawi José de Jesús López Carrillo, quien con tan sólo nueve años se ha convertido en una celebridad y ha ocasionado debate entre partidos.

 

Yuawi es el protagonista del spot político más odiado-amado del momento. Canta y baila esa canción que martilla el cerebro y que una vez que se escucha no sale de la mente: “Movimiento naranja, tu futuro está en tus manos, movimiento naranja, Movimiento Ciudadano, na nana nana na na na…”. Ese spot y la conversación que ha generado provocó un remanso ante lo aburrido de las precampañas. 

 

Por todo lo anterior, más vale que se pongan las pilas porque el tiempo se agota y las campañas, ahora sí oficiales (al menos legalmente hablando), están a la vuelta de la esquina. Además de buscar ser relevantes, tendrán que luchar contra un hartazgo prematuro del electorado que ya se cansó de escuchar los cientos de spots que se le recetan diariamente, aunque estén dirigidos para los miembros de la Convención Nacional de Delegados de un partido o los militantes o los tres tipos de afiliados de otro.

 

Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

 

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En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

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En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

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